jueves, 27 de marzo de 2014

INSIGNIFICANCIAS

En 1989, dos años antes de sorprender al mundo con su primer largometraje, el original e irreverente Delicatessen, el guionista y director francés Jean-Pierre Jeunet rodó un corto que es un prodigio de atención a los pequeños detalles de la vida. Su título, Foutaises (en castellano, "insignificancias" o "bagatelas") lo deja bien claro desde el principio.

Recuerdo haber visto Foutaises en el cine, en los tiempos en que las salas Alphaville ―hoy rebautizadas como Golem― proyectaban un cortometraje antes de la película. Supongo, aunque no lo puedo afirmar con certeza, que en este caso el programa estaba por completo consagrado a Jeunet, y que Foutaises servía de prólogo al mundo estrafalario y alocado del edificio de apartamentos en el que transcurría la acción de Delicatessen. A mí me causó un fuerte impacto esta obra modesta, sin siquiera línea argumental, rodada con economía de medios y alarde de imaginación, en la que un tipo de rostro peculiar ―Dominic Pinon, uno de los habituales del cine de Jeunet― pasa revista a lo que le gusta y lo que le disgusta de la vida. Los que aman lo concreto, los que son capaces de encontrar grandes implicaciones en los detalles y creen que lo importante no ha de ser necesariamente grande, se sentirán sin duda identificados con este repertorio de pequeños placeres y aversiones.

Otro punto de interés de este cortometraje es que contiene en miniatura ―no podría ser de otro modo― el universo de su autor. Cuando doce años después Jeunet creó la que es hasta hoy su obra más celebrada, Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, los que en su momento disfrutamos con este Foutaises experimentamos una grata sensación de familiaridad en las secuencias iniciales: Jeunet volvía a usar el mismo recurso que en su cortometraje, en este caso para presentar a los personajes de su historia. El espectador conoce así a los padres de la protagonista, a sus compañeros de trabajo y, por supuesto, a la sin par Amélie, a través de las pequeñas cosas que les gustan y les disgustan en la vida. Información esta, me parece a mí, de mucha mayor relevancia que esos otros datos como edad, procedencia, trabajo, que no siempre nos dicen algo sobre la verdadera trama que compone nuestra existencia.

Incluyo aquí el cortometraje Foutaises y un fragmento del inicio de Amélie, aquel en que se traza la personalidad de la protagonista. No quiero extenderme más en esta entrada sobre cosas pequeñas. Sólo diré que, como al personaje del corto, me hace feliz abrir los libros que en su día leí en la playa y ver cómo cae la arena de entre sus páginas. Y que me encantaría, como a la deliciosa Amélie, tirar piedras a la superficie del agua sintiendo a mis espaldas la vertiginosa caída del canal Saint-Martin.




2 comentarios:

  1. No conocía el corto. Las pequeñas cosas... Qué paz dan. Me he puesto a pensar qué cosas me gustan... Recuerdos de instantes vividos. Momentos en los que he sentido que quería que separase el tiempo. Me he puesto nostálgica. Me pasa a menudo leyendo tu blog. Me emociona y maravilla la capacidad de aflorar tanatas cosas desconocidas para mi. L

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    1. No sé si alegrarme por haberte inspirado nostalgia, que es un sentimiento del que intento huir pero que me alcanza siempre. Prefiero quedarme con el regocijo de Jeunet ante las pequeñas cosas que estarán ahí siempre y que sólo dependen de nuestra capacidad de disfrutarlas: las coincidencias maravillosas, el gusto por comer determinada comida de determinada forma, la preferencia por una prenda de vestir, la belleza que habita en las gotas de agua que se dispersan o en granos de arena que se han quedado atrapados en un libro.

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