sábado, 9 de febrero de 2019

DESAHOGO

A mí no me hacen falta grandes cosas para sentir de vez en cuando un furibundo odio hacia la humanidad. Ni ver el telediario con su repertorio de iniquidades, ni leer los titulares de prensa plagados de motivos para la subversión, ni escuchar el lamentable juego de violentas diatribas en que se ha transformado nuestro polarizado panorama político de los últimos tiempos. A veces me basta con un pequeño incidente de esos que englobamos en nuestro vivir cotidiano, pero en el que me parece que se resume toda la mezquindad y estupidez de esta especie optimistamente denominada sapiens. Hoy he vivido una de esas situaciones. Tengo ya un extenso repertorio de ellas a mis espaldas, pero no me acostumbro.

sábado, 2 de febrero de 2019

LOS CUADROS DE ENERO (2019)


Me encanta el Surrealismo elegante de Paul Delvaux y por ello vuelvo a él cada cierto tiempo. La terraza es un lienzo inconfundiblemente suyo por la arquitectura de inspiración clásica y, sobre todo, por la presencia de sus habituales figuras femeninas bellas y ensimismadas. Delvaux parece atenuar aquí los elementos oníricos tan frecuentes en su obra y abandona la ambientación nocturna para crear un paisaje amplio y apacible, bañado por una hermosa luz solar. Todo es claridad y buenas maneras en esta escena nada inquietante a primera vista. Y, sin embargo, el que contempla el cuadro durante un rato tiene la impresión de que existe algo oculto que se le escapa. ¿Qué están haciendo estas mujeres tan cercanas unas a otras pero cuyas miradas no se cruzan entre sí? ¿Es real esa ciudad antigua extrañamente intacta que se divisa al otro lado del agua? ¿Y esas mujeres semidesnudas, unánimes como estatuas, en medio de la escalinata? La arquitectura de la terraza, realista en apariencia, tiene sus puntos de desconcierto, como el frontón hueco en el cual se abre una curiosa vidriera dividida en dos. Cuanto más claro y ordenado, más sutil es el Surrealismo de Delvaux y más nos intriga. La terraza nos deja una sensación parecida a la de esos sueños que nos perturban sin motivo aparente, porque presentimos una corriente turbia bajo su superficie inofensiva.

jueves, 31 de enero de 2019

LA PRINCESA ESTÁ TRISTE

Hace algo más de quince días, saltó a las redes sociales una de esas divertidas propuestas que se suelen expandir con sorprendente rapidez. Dicha propuesta llevaba el título, que me voy a permitir castellanizar, de Reto de los 10 años. Ciudadanos anónimos, famosos de enjundia y famosetes de medio pelo, equipos deportivos, medios de comunicación e instituciones varias se lanzaron a colgar parejas de fotos que mostraban a las mismas personas en 2009 y en 2019, en un ejercicio entre jocoso, masoquista y melancólico. En algún caso, el espíritu que animaba el juego cobraba trascendencia al estar guiado por un afán de concienciar. Esto sucedía en el caso de imágenes que comparaban, por ejemplo, el estado de ciertos espacios naturales hace diez años con el que tienen en la actualidad.

martes, 15 de enero de 2019

EL CUADERNO DE LA FELICIDAD

Uno de los más preciados ocupantes de mi biblioteca no tiene nada que ver, sorprendentemente, con literatura ni con arte. Es un ejemplar que compré hace ya unos años en un mercadillo de libros de segunda mano y por el que pagué el exiguo precio de dos euros. El mercadillo en cuestión tenía fines solidarios y se nutría de donativos de personas bienintencionadas. Me gustaría saber quién fue la que decidió desprenderse de este ejemplar que ha pasado desde entonces a ocupar un lugar de honor en mi biblioteca.

domingo, 6 de enero de 2019

UNA PÁGINA EN BLANCO

Desde que hace unos años lo descubrí en las redes sociales, me gusta proponer un juego a mis amigos de Facebook cuando el mes de diciembre está cercano a su fin. Es un juego un tanto ingenuo, pero me permite felicitar el año nuevo esquivando un poco los lugares comunes, además de poner en común una de las cosas que más me interesan de las vidas ajenas: las lecturas de cada cual.

miércoles, 2 de enero de 2019

LOS CUADROS DE DICIEMBRE (2018)


Cuando alguien se enamora de un libro, se inicia un proceso de inmersión que salpica con frecuencia a las personas cercanas. Así me ha sucedido con Las viejas sendas, del escritor británico Robert MacFarlane, obra dedicada al hermoso acto de caminar y a la relación que por medio de él establecemos con el paisaje. Los senderos son, como no podía ser de otra manera, un elemento esencial de dicha reflexión. Pero mi intención al escribir estas líneas es hablar de pintura y precisamente a ese tema vuelvo, porque fue un apasionado lector de la obra de MacFarlane quien a través de sus páginas conoció al artista que traigo hoy a esta sección y compartió conmigo su entusiasmo ante dicho descubrimiento. Se trata del también británico Eric Ravilious, pintor e ilustrador, incansable recreador de los paisajes del sureste de Inglaterra. Con mucha frecuencia, sus obras recogen el complejo trazado de los caminos que atraviesan valles y lomas o se centran, como en este caso, en el misterio de un sendero que parece invitar al que lo contempla a emprender una caminata. Tarde lluviosa es el título de esta acuarela delicada y sugerente, con un cierto toque de ingenuidad. El paseante que sigue un camino de curvas envolventes no parece afectado por las ráfagas de lluvia ni por el ambiente invernal en el que los árboles muestran sus ramas desnudas. Todo es tranquilizador en esta escena: los preciosos árboles de hojas pintadas con infantil esmero, la sorprendente claridad que se cuela por entre los nubarrones. El más apacible de los chubascos parece cernirse sobre este campo encantador, hecho para el tránsito humano y para el disfrute de los andariegos.

lunes, 31 de diciembre de 2018

UN POCO DE ETERNIDAD

En estos instantes finales del año, en que hasta las conversaciones más triviales en bares, ascensores y taxis versan sobre la fugacidad del tiempo, voy a hablar de eternidad. No de eternidad en sentido absoluto, sino de la que nos es posible concebir a los pobres mortales de existencias efímeras; una eternidad moderada y casera, a pequeña escala: la que habita en los árboles milenarios, en las historias cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, en las viejas piedras.

domingo, 23 de diciembre de 2018

LECTURAS DEL PASADO OTOÑO (2018)

Con mi habitual impermeabilidad a los títulos que son un fenómeno de ventas, desconocía por completo la existencia de un joven escritor suizo llamado Joël Dicker, que en 2012 saltó a la fama de la mano de una novela de suspense titulada La verdad sobre el caso Harry Quebert. Tal vez no me habría fijado nunca, de no ser porque entró en juego mi amor por la pintura y la habilidad de los diseñadores editoriales para crear cubiertas atractivas. Resulta que un día, paseando la vista por una biblioteca ajena, descubrí un volumen en cuya cubierta aparecía una imagen de estilo inconfundible. Se trataba, como comprobé en seguida, de un fragmento del cuadro de Edward Hopper titulado Retrato de Orleans. El efecto que aquel paisaje urbano sugerente y melancólico tuvo en mí fue inmediato: me lancé a sacar el libro del estante en el que se encontraba y pedí permiso a su propietario para leerlo. Fue así como me encontré con el enigmático planteamiento que da pie a una larga y ramificada trama de más de seiscientas páginas: un joven escritor al que un éxito temprano ha dejado sin inspiración busca la ayuda de su profesor de literatura de la universidad y se encuentra con que éste está implicado en la desaparición y asesinato de una adolescente. Confieso que mi relación con la novela de Dicker ha sido bastante irregular: reconozco la habilidad del autor para construir intrigas alambicadas y que nunca parecen resolverse del todo; la novela es, de hecho, un constante juego de construcción y desmantelamiento de teorías que explican la extraña muerte de la joven Nola, que, según la versión, nos parece un ser angélico, un demonio, o ambas cosas al mismo tiempo. Abreviando: se trata de un puro juego de pistas y despistes, trampas y engaños al lector. El que tenga dispuesto el ánimo para jugar, lo disfrutará sin duda. Yo me quedo con la relación entre maestro y discípulo, con las reflexiones sobre el arte de escribir una novela y sobre el paso fugaz e inaprensible de la inspiración.

jueves, 20 de diciembre de 2018

LA TRISTEZA DE LEMPICKA

Incluso la reina del glamour y la modernidad, Tamara de Lempicka, tuvo sus momentos de tristeza. Lo he descubierto recientemente en la exposición dedicada a su figura que todavía se puede ver en el Palacio de Gaviria de Madrid. Probablemente, el descubrimiento de esa faceta me ha sorprendido por el contraste que supone con la imagen elegante y distanciada que tenía de esta autora. Los cuadros más conocidos de Lempicka están poblados por mujeres que conducen, que agitan al viento sus fulares, que se desperezan sensualmente y nos observan con un leve gesto de desdén en sus ojos maquilladísimos. Son bellas, modernas, seguras y distantes. Pero, en medio de ese despliegue de telas brillantes y pieles satinadas, Lempicka supo hacer un hueco para la tristeza y el dolor.

domingo, 16 de diciembre de 2018

VOCES INTERMITENTES

Las redes sociales han propiciado, entre otras muchas modificaciones de los contactos interpersonales, una doble posibilidad a la hora de terminar una relación: desaparecer sin dejar rastro y no terminar de irse nunca. No voy a detenerme hoy en la primera, que la mayoría de los que empleamos estas nuevas formas de comunicación hemos experimentado ―e incluso sufrido― alguna vez. Solo diré que ese fulminante desvanecimiento de quien en realidad era una presencia a medias fabulosa, amparada por las sombras de la perpetua nocturnidad que conceden las redes a nuestra vida social, me hace pensar en un gigantesco baile de carnaval en el que se siente atracción, amistad o incluso amor por un enmascarado que con las luces del alba desaparece sin dejar rastro. Nunca llegamos a saber lo que hubo de realidad y de fantasía en lo que nos inspiró ese personaje misterioso. Se fue sin darnos la oportunidad de conocerlo, dejándonos tan solo su máscara, o lo que es lo mismo, su nombre de batalla, ese con el que seguirá surcando las olas de Internet.

jueves, 13 de diciembre de 2018

UNA LECTURA SIN FIN

En días grises como el de hoy, de una opacidad que nada tiene que ver con el tiempo lluvioso (hay grisuras que salen del alma y se instalan en ella sin tener contacto alguno con el mundo exterior), me viene a la cabeza el recuerdo de una escultura que vi este verano en el Museo de la Catedral de Mondoñedo. Era una talla de madera policromada que representaba a una mujer recostada en lo que a primera vista parecía un lecho, con un libro en la mano. La escultura estaba rodeada por un marco dorado que le daba un cierto aire de nicho funerario. Eso fue lo que pensé al verla en primera instancia: un monumento fúnebre dedicado a una dama a la que se detenía para la eternidad en el maravilloso acto de leer.

jueves, 6 de diciembre de 2018

UN FINAL ANUNCIADO

Lo confieso: odio la palabra spoiler. Me inspira, de hecho, una aversión violenta y desproporcionada. Intento encontrar los motivos y se me ocurren unos cuantos: su condición de intrusa metida de rondón en nuestra lengua, la insoportable recurrencia de su uso, su carácter de moda que todo lo inunda y uniformiza nuestro pensamiento, su pretenciosa sonoridad, que sitúa al que la pronuncia en el grupo de los integrados, frente al tono trasnochado de expresiones castizas como “destripar el final”.

lunes, 3 de diciembre de 2018

LOS CUADROS DE NOVIEMBRE (2018)

El frío ha entrado este año de forma tan radical y repentina, que me ha empujado a elegir como cuadro de la semana este Invierno de Ramón Casas bastante antes de lo que sería esperable. A mí Ramón Casas me parece uno de los grandes de la pintura española (lo cual es mucho decir en esta tierra de pintores) y tengo la impresión de que no ha sido aún valorado como se merece. No es la primera vez que traigo a esta sección una de sus hermosas creaciones, que es, como suele suceder en este artista, un prodigio en el cuidado de la composición y en la expresividad del colorido, además de un perfecto ejemplo de cómo dotar de una singular trascendencia a una escena cotidiana. Este interior humilde atrae como un imán nuestra mirada, tal vez porque apela a una necesidad primordial: es la perfecta representación del cobijo contra las inclemencias del mundo exterior. Resulta fácil identificarse con esta muchacha ataviada con una luminosa blusa blanca y cobijada junta a la estufa, recibiendo el calor de unas llamas que están plasmadas con absoluta maestría. La sencillez del mobiliario, su sabor de otro tiempo, conecta con rincones antiguos de nuestra memoria: ¿quién no ha visto en casa de sus abuelos una silla de enea como la que preside la escena? Una última precisión: por más que miro el cuadro, no consigo distinguir cuál es la tarea en la que se entretiene nuestra joven protagonista. Como no podría ser de otro modo, y para completar mi sensación de placentero refugio, a mí me gusta pensar que está leyendo junto al fuego.

jueves, 29 de noviembre de 2018

CUESTIÓN DE ADVERBIOS

Ayer dediqué gran parte de la hora de clase con mis alumnos más jóvenes a explicarles uno a uno su nota de la primera evaluación. Me pareció en general un tiempo bien empleado: los chicos se alegraban, se sentían aliviados o defraudados, se ponían muy serios o se movían a causa de un incontrolable nerviosismo, pero en general entendían que la calificación no era el producto de un azar o de la mala intención de una deidad arbitraria, sino la consecuencia lógica de su actuación a lo largo de tres meses. Entonces le llegó el turno al benjamín.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

UNA BAJADA A LA REALIDAD

Hay sucesos que en un segundo tiran de nosotros hacia el suelo y nos estampan contra la más cruda realidad. Ahí en lo alto, revoloteando sobre nuestras cabezas, se quedan nuestros ensueños y divagaciones, los problemas que hasta un instante antes nos parecían de enorme trascendencia y que, de pronto, tienen la levedad de una pluma arrastrada por el viento. A mí me ha sucedido algo así este mediodía. Mis preocupaciones aún andan flotando por las alturas, carentes de peso.

domingo, 11 de noviembre de 2018

PALABRAS QUE ECHO EN FALTA

Hace hoy justamente tres meses, publiqué una entrada sobre la marcada presencia del color azul en mi vida, en especial en los últimos tiempos, y una lectora habitual de este blog ―fueron varios los que lo hicieron, en realidad― me comentó que compartía esa preferencia mía. El caso es que la conversación con esta lectora a la que me refiero continuó en las redes sociales y llegué a la conclusión de que estábamos “enfermas de azul”. Lo que me encantó fue la respuesta que me dio: tendríamos que investigar si existe una palabra para denominar semejante dolencia. Si no, habría que inventarla.

sábado, 3 de noviembre de 2018

LOS CUADROS DE OCTUBRE (2018)


La elección de una perspectiva insólita convierte una imagen cotidiana en una fuente de sugerencias. El artista decide adoptar un punto de vista cenital y de su mano nos convertimos en el pájaro que sobrevuela la escena, en la presencia furtiva que se acerca a la protagonista sin ser notada, en el ojo de Dios que todo lo ve. Todo eso y mucho más despierta en mí la contemplación de En el jardín, del pintor ucraniano contemporáneo Denis Sarazhin. Gracias a la original elección del autor, podemos observar desde arriba y a nuestras anchas a esta joven melancólica y ausente, que sujeta bajo su mano una rama como si se tratara del recuerdo de un amor perdido. El jardín al que se refiere el título del cuadro está más evocado que presente, a través del precioso diseño que las sombras de los árboles crean sobre la mesa. Sarazhin es un maestro en la recreación de las texturas: cristal y madera, piel y tejido contrastan entre sí y a la vez se identifican por la uniformidad del colorido, esa gama del gris al lila que envuelve el momento de intimidad de la joven, como si el desaliento que emana de su mirada se hubiera desbordado para adueñarse del mundo alrededor.

martes, 30 de octubre de 2018

INDULTAR A SHEREZADE

No recuerdo haber vivido una entrada tan brusca del invierno. No sé si habré ingresado ya en esa permanente amnesia de nuestros mayores (a la que apelamos cuando queremos resaltar la singularidad de nuestros tiempos), consistente en afirmar con total seguridad que nunca antes se había visto un invierno tan repentino, unas lluvias tan excesivas, una sequía tan pertinaz, un verano tan cruel.

miércoles, 24 de octubre de 2018

ESCRIBIR A MANO

En los últimos tiempos, debido a la conjunción de circunstancias variadas (viajes, hospitales, salas de espera, breves e inesperados tiempos muertos en parques y cafés), he escrito bastante a mano. He consumido así varios cuadernos de reducido tamaño de los que llevo siempre en el bolso para tomar notas y conservar datos. Porque, en efecto, amigos lectores, soy de esas: en mi móvil sólo apunto números de teléfono, nada de recordatorios de citas ni direcciones. Me gusta que la presión del bolígrafo sobre el papel remarque la importancia de lo que quiero conservar en la memoria, que el acto físico de subrayar sea una conjura contra el olvido lanzada directamente al cerebro.

jueves, 4 de octubre de 2018

LOS CUADROS DE SEPTIEMBRE (2018)


Llega septiembre y esta sección acoge, como es costumbre desde hace seis años, un cuadro relacionado con el comienzo de curso. En esta ocasión, la obra elegida excluye la figura del enseñante y se centra en el papel del que aprende. Se trata de Niña que escribe, del pintor italiano Telemaco Signorini (1835-1901), miembro de los Macchiaioli, grupo de artistas que adoptaron una denominación en principio despectiva (no es el único caso en la historia del arte) para hacer bandera de su deseo de apartarse del academicismo. Alejados del encorsetamiento de la pintura oficial a través de una mirada realista sobre el mundo y de una mayor libertad técnica, consistente en construir la realidad por medio del contraste entre colores, como si “manchasen” el lienzo, estos pintores abren camino a la modernidad. La soltura de la pincelada de esta Niña que escribe y la elección de un tema cotidiano son un buen ejemplo de los postulados de este movimiento. Esta pequeña de encantador gesto de concentración se dibuja sobre un fondo abocetado en el que se eliminan los detalles. No hay un espacio concreto para esta aprendiza de la escritura: acompañada tan sólo por su pupitre, su pluma y su tintero, parece estar nadando en un ámbito  indefinido que es el de su época y a la vez el de todas. Un hermoso homenaje a la paciente, hermosa y eterna tarea de aprender.