martes, 19 de junio de 2018

HISTORIA DEL ZOO

Algunos de los recuerdos más intensos de mi infancia están asociados al zoo de Madrid. Yo lo visitaba con bastante frecuencia por aquellos años. No es algo de lo que me sienta especialmente orgullosa, pero hay que entender que, en aquellos tiempos, una niña chiflada por los animales como lo era yo no tenía muchas otras opciones para dar rienda suelta a su pasión. Así que le tomo prestado el título a la impresionante obra teatral de Edward Albee y paso revista a aquellas visitas de mi infancia.

lunes, 4 de junio de 2018

LOS CUADROS DE MAYO (2018)

El joven pintor sueco Simon Dahlgren Strååt es autor de obras de técnica realista a las que la adopción de un punto de vista peculiar dota de una singular capacidad para producir extrañamiento. Sus personajes son gente común inscrita en entornos cotidianos que, curiosamente, producen una sensación de inquietud. Así sucede en este sorprendente cuadro, titulado Horror vacui. Estos dos pequeños visitantes de un museo podrían haber dado origen a una escena sentimental o incluso edulcorada, pero el artista renuncia a la fácil conexión con el espectador situando a sus dos jóvenes modelos de espaldas, perdidos frente a la enormidad verde de un gigantesco acuario cuyos límites se escapan fuera del lienzo y que parece, por tanto, no tener fin. La escena está llena de elementos sugerentes: las figuras menudas y solitarias frente a la amenazadora inmensidad en la que, gracias a la iluminación, parece ir a materializarse una presencia inesperada; la disposición en primer plano de una vitrina bajo la que pequeños restos arqueológicos duermen su sueño de siglos o tal vez milenios. El que contempla esta obra tiene la seguridad de que el pintor ha querido transmitirle algo más allá de lo evidente. Resulta inevitable, por tanto, lanzarse a una interpretación simbólica de este cuadro que nos habla de lo inmutable y lo pasajero, de la fragilidad del ser humano indefenso frente a grandes enigmas que lo superan.

martes, 29 de mayo de 2018

LA VOZ SE APAGA

Cuando yo era niña, en mi casa se escuchaban mucho los discos de una señora que era grandiosa como un tótem y tenía la acogedora serenidad de la Madre Tierra. Yo entonces no lo formulaba así, pero notaba algo especial en esa mujer sonriente y sin estridencias, que cantaba con voz grave y sacaba de sus amplias túnicas unos brazos que movía con gracia majestuosa. Me parecía que la palabra “señora”, que en esos territorios de la infancia tiene desagradables connotaciones asociadas a la vejez, se teñía en ella de cálidas tonalidades.

sábado, 26 de mayo de 2018

OTRA VEZ MAGRITTE

Veo a Magritte por todas partes. Tal vez sea un tipo de disfunción cerebral todavía por clasificar (o quién sabe si ya detectada y estudiada; mis conocimientos en ese terreno son más que limitados). O quizá sea algo que me sucede con relativa frecuencia con los pintores que me gustan de forma especial; no en vano llevo viendo el mundo a través de sus ojos desde que, de niña, me aficioné a la pintura. Voy así encontrando tipos por la calle que me recuerdan a los modelos de Caravaggio, voy rastreando en los paisajes de montaña los ecos de Friedrich, mis paseos junto al mar tienen la huella de Sorolla. Pero cuando algo me evoca a Magritte (al singular, inquietante, sugerente Magritte), significa que de repente la realidad ha adquirido una consistencia distinta y se parece más a un sueño, a una pirueta de la imaginación.

jueves, 10 de mayo de 2018

VOLVER A LA CASA USHER

He releído los cuentos de Poe para la asignatura de Literatura Universal que imparto este curso. Soy incapaz de precisar las veces que he leído estos relatos, especialmente los más populares y macabros (El pozo y el péndulo, El corazón delator, El gato negro…), por razones académicas y de gusto personal. Lo que singulariza esta relectura con respecto a las precedentes es que la he realizado a través de dos ediciones de características bien distintas, que remiten a momentos de mi vida muy alejados entre sí.

viernes, 4 de mayo de 2018

LOS CUADROS DE ABRIL (2018)

Tras una búsqueda por la red, he llegado a la conclusión de que no existe reproducción alguna capaz de justificar lo que sentí ayer al encontrarme por primera vez frente a este cuadro. El descubrimiento se produjo en la exposición de Mapfre dedicada a tres artistas unidos por lazos de admiración, afinidad y afecto: Derain, Balthus y Giacometti. Se trata de El gaitero de André Derain, una obra misteriosa, que atrapa la atención y despierta múltiples sugerencias en quien la contempla. En ella se fusionan elementos de la tradición y la vanguardia. El gaitero que da nombre al cuadro, en la estela de figuras folklóricas como el flautista de Hamelín o de la simbólica ingenuidad de los personajes del tarot, se inscribe en un espacio tratado con la audaz simplificación del cubismo, último grito del arte en 1911, momento de la realización del cuadro. En esta realidad en las antípodas del naturalismo, los tres protagonistas de la escena ―el músico, el árbol y el ave que sobrevuela el paisaje― parecen detenidos en el tiempo, en un ámbito mágico, al margen de las normas que rigen lo humano. Pero todo esto no justificaría la profunda atracción que el cuadro ejerció sobre mí y que me retuvo frente al lienzo durante más tiempo que el resto de las piezas de la exposición. Tal vez parte del impacto emocional se deba a la oscuridad del colorido, que tiñe de tintes sombríos una escena a priori casi infantil, en una inquietante perversión de lo ingenuo. Lo demás sigue siendo un misterio para mí. Pero, ¿no hay siempre un punto de misterio en la capacidad del arte para remover nuestro interior?

jueves, 19 de abril de 2018

FELICIDAD EN TRES PALABRAS

Tengo alumnos artistas. Hay oraciones muy breves que contienen una dosis de felicidad desmesurada. Se me ocurren varios ejemplos. «Yo a ti también» gana de calle; está claro que soy una sentimental. Pero volvamos a estas tres palabras (tengo-alumnos-artistas) en las que se cifra mi bienestar cotidiano.

martes, 3 de abril de 2018

LOS CUADROS DE MARZO (2018)

Censuran a Egon Schiele en la publicidad de su exposición en Londres y a mí, como no podía ser de otra manera, me entran unas ganas extraordinarias de volver a traer un cuadro suyo a esta sección. Me he puesto por ello a revisar su obra y he dado con esta acuarela impactante y expresiva (¿cuándo no lo es algo pintado por Schiele?) titulada Dos mujeres besándose. Se trata de la enésima reversión de un tema muy querido por este autor: la plasmación de dos cuerpos femeninos, semidesnudos o desnudos por completo, que se entrelazan en una inequívoca actitud de deseo y sensualidad. Como suele suceder en las obras de Schiele, los personajes aparecen perdidos en un espacio casi despojado, como vagando a solas o en dúo por un ámbito abstracto, más emocional que físico. Lo que singulariza a la pareja protagonista en este caso es la actitud de entrega de la figura que nos da la espalda frente a la mirada fija y penetrante de su compañera, que nos escruta con inquietante intensidad. Esta mujer que se entrelaza al cuerpo de su amante, pero que a la vez nos observa con heladora frialdad, nos habla de los límites de la pasión, de la imposibilidad de abandonarse en el otro, de la profunda soledad a la que cada cual está condenado. Es lo más potente y transgresor de la obra de este artista de vida fugaz, y tiene la ventaja de que no se puede censurar, como en el caso de Londres, con un cartel que oculte las zonas más perturbadoras de la anatomía de sus modelos.

sábado, 31 de marzo de 2018

CUANDO LOS CUADROS COBRAN VIDA

De vez en cuando, me sucede que la pintura se sale de su medio habitual (los marcos de los museos, los catálogos de exposiciones, Internet, mis propios recuerdos…) y baja a la calle. Resulta entonces que me cruzo en mi deambular cotidiano con paisajes y figuras que parecen extraídas de un cuadro. La sensación es maravillosa. Resulta que la pintura está viva, más aún de lo que siempre lo está para mí.

domingo, 25 de marzo de 2018

LECTURAS DEL PASADO INVIERNO (2018)

Me está impresionando tanto este libro que me cuesta ordenar mis ideas con respecto a él. Empezaré por el modo en que tuve noticias de su existencia: una breve reseña radiofónica me alertó sobre la publicación de lo que, según me pareció, era una obra autobiográfica en la que la autora británica Olivia Laing contaba su experiencia cuando, tras una ruptura amorosa, se encontró sola y a miles de kilómetros de distancia de su país. Esa “ciudad solitaria” a la que alude el título no es otra que Nueva York, metrópoli bullente y llena de vida en la que, por contraste, la sensación de orfandad de la escritora cobró un especial realce. Me hice con el libro y pronto descubrí que era lo que había esperado y mucho más. La ciudad solitaria es una indagación sobre el sentimiento de soledad y sus consecuencias en el arte. En sus páginas me he encontrado con personajes a los que conocía sobradamente (Hopper, Warhol, Greta Garbo), pero también he descubierto a otros desconocidos para mí, artistas en ocasiones marginales que no alcanzaron la proyección de los antes nombrados y que combatieron sus respectivos desamparos por medio de la música, la fotografía, la escritura. Y, sobre todo, el libro es un repertorio de las distintas caras de la soledad: la conciencia de ser distinto y no encajar, la frustración de entregarse a una labor que nadie valora, la carencia de una vida familiar normal desde la infancia, la no identificación con las formas de sexualidad admitidas por la sociedad conservadora, el estigma de una enfermedad que se considera vergonzosa. Es un libro impresionante, que a ratos sobrecoge, pero que a la vez conforta por lo que tiene de puesta en común de las necesidades sociales y afectivas ―no siempre satisfechas― que laten en el fondo de todo ser humano.

jueves, 22 de marzo de 2018

DÍAS DE POESÍA

Me gusta mi trabajo. Es un carrusel de impulsos y emociones encontradas: en el mismo día, siento amor y aversión, entusiasmo, fervor y desaliento, con frecuencia inspirados por el mismo sujeto o colectivo. Durante una sola mañana (qué infinitos matices afectivos separan el timbre del comienzo de las clases del que señala la salida para ir a casa a comer), experimento el deseo de perpetuarme en mi puesto de forma vitalicia y la tentación de dimitir con urgencia de todas mis obligaciones. ¿He dicho en el mismo día, en la misma mañana…? Sin temor a exagerar, diré: en la misma hora. ¿He llamado “carrusel” a este continuo vaivén sentimental? Mis alumnos acudirían a la imagen de la montaña rusa. Se nota que me he quedado antigua.

sábado, 17 de marzo de 2018

PEDIR LA LUNA

Llevo una temporada con muchas ocupaciones y un considerable grado de dispersión que me impiden escribir. Intento no darle demasiada importancia: tengo la teoría de que, cuando vivo mucho, escribo poco. Y viceversa. Tiempos vendrán en que la calma me ayudará a aposentar las experiencias y a destilar lo vivido por medio de la escritura.

sábado, 3 de marzo de 2018

LOS CUADROS DE FEBRERO (2018)

Adentrarse en la obra del pintor polaco Zdzisław Beksiński es iniciar un descenso a los infiernos. Pero no a infiernos lejanos y desconocidos, sino a los que yacen agazapados en nuestro propio interior y son, por ello, doblemente inquietantes. Durante la primera etapa de su trayectoria, este artista se dedicó a explorar mundos de pesadilla, con una imaginación desbordante y un estilo detallista y onírico que se ha denominado “Surrealismo gótico”. El resultado es una obra alucinada, incómoda, perturbadora hasta extremos que es difícil encontrar en la pintura. Me lo he pensado mucho antes de incluir en esta sección uno de los cuadros de este artista, pero al final me he decidido por el que encabeza estas líneas, ejemplo máximo del efecto simultáneo de miedo y fascinación que causa en mí la producción de este autor. Por alguna supersticiosa razón, late en mí la idea descabellada de que dejar durante siete días esta imagen terrible en el espacio de mi blog no puede causar más que distorsiones, pero finalmente ha vencido la atracción que ejerce sobre mí esta escena indescifrable. No puedo dejar de mirar a esta mujer refugiada en una casa abandonada, sujetando el extremo de una cuerda que conduce a una criatura misteriosa oculta en el exterior. Todo en la escena es perturbador: la silueta esquelética de la protagonista, su actitud de recogimiento, la recargada silla en la que se encuentra aposentada, el espacio de abandono y decadencia que la rodea. Algunos detalles conducen directamente a los dominios del terror, como los afilados tacones de aguja de la mujer, el cielo compacto que se cierne sobre el mundo de afuera y, sobre todo, la silueta oscura al acecho tras el hueco de la puerta. No me canso de mirar este cuadro extraño y maligno. Siento que representa los aspectos más sombríos de nuestro propio ser, esos que sabemos escondidos en el fondo de nosotros mismos y cuya presencia oscura nos amenaza siempre.

sábado, 24 de febrero de 2018

CHICAS QUE SE QUIEREN

Hace unos días, un compañero que regresaba de poner orden en una clase cuyo profesor se había retrasado, se cruzó conmigo y me informó del estado de la cuestión. «Todo tranquilo», me dijo. «Varios chavales charlando, alguno de pie que ya se ha sentado y una pareja de chicas». Nos miramos, sonrientes. Yo sabía perfectamente a lo que se refería. Nunca habíamos hablado del tema, pero aun así comprendí que le hacía tan feliz como a mí la presencia, en el aula al fondo del pasillo, de dos chicas que se toman de la mano en el cambio de clase y se besan largamente, en medio de la indiferencia cómplice de sus compañeros, si se da la afortunada circunstancia de que un profesor se retrasa. Noté entonces que mi felicidad se empañaba un poco: había acudido a mi mente una escena cuyo recuerdo me asalta de forma recurrente y que yo incluiría entre los momentos de terror de mi infancia. Se la conté a mi compañero y paso a narrarla a continuación.

jueves, 15 de febrero de 2018

OTRO SAN VALENTÍN

Este año me he sentido un poco menos sola en mi sempiterna aversión por esta fiesta rancia y hortera que, para mayor espanto, se ha apropiado de la hermosa palabra “romanticismo” y la ha arrebatado del ámbito de las grandes pasiones para reducirla al terreno confortable de la cena con velas, el previsible ramo de rosas y el regalito de El Corte Inglés. Este año (por primera vez en muchos), no me he encontrado a mis alumnos presas de la excitación ni perdidos en miradas soñadoras, ni he presenciado cruce alguno de mensajes, tarjetas ni flores. De hecho, no me habría dado cuenta de que era San Valentín de no ser por dos iniciativas de carácter muy distinto que han traído la fecha a mi memoria.

domingo, 4 de febrero de 2018

LOS CUADROS DE ENERO (2018)

Empieza oficialmente el Año Murillo y no puedo dejar de hacerme eco en esta sección de dicho acontecimiento, que ya anuncié a finales del año pasado. Es la primera vez que traigo aquí dos veces seguidas un cuadro del mismo autor, pero me gusta hacer una excepción en este caso: el bueno de Bartolomé Esteban se lo merece. Para este segundo homenaje consecutivo, quiero recuperar el impacto que me causó mi visita al Hospital de la Caridad de Sevilla, hace ya varias décadas. Allí se encuentran unas impresionantes obras del maestro sevillano dedicadas al tema de la caridad, como este Santo Tomás de Villanueva dando limosna. Como buen artista barroco, Murillo estructura la escena con varios focos de atención, que funcionan autónomamente y confieren dinamismo al conjunto. Los mendigos de la derecha son la esencia del XVII español: la anciana que mira al santo con recelo, el hombre que tose, el niño tiñoso; en ellos encontramos el espíritu realista y la atención a una sociedad degradada, tan característicos de una pléyade de artistas extraordinarios. En el centro, se yergue la figura noble e idealizada del santo, tendiendo unas monedas hacia un mendigo dispuesto en un hermoso escorzo. Pero la zona del cuadro que más llama mi atención es la de la izquierda, donde se desarrolla una tierna escena familiar. Un encantador chiquillo, de esos que sólo este pintor sabe retratar, se dirige a su madre mostrándole, orgulloso, la moneda que acaba de recibir del santo. Murillo nos muestra, por tanto, los tres pasos de la caridad: los que aguardan, el que recibe, el que se siente aliviado. El gesto con que la madre acoge al niño y la expresión de complicidad que une a ambos es de esos detalles cálidos y entrañables que hacen de Murillo un artista inolvidable. Con su ternura y expresividad, estos personajes se saltan de un plumazo los siglos que los separan de nosotros. Parece ya no sólo que acaban de ser pintados, sino que están vivos, sintiendo y amando ante nuestros ojos, latiendo dentro del lienzo.

sábado, 27 de enero de 2018

COLECCIONISTAS DE PALABRAS

Si el que lee estas líneas se ha dedicado en alguna ocasión a la enseñanza, sabrá hasta qué punto las horas de guardia son momentos peculiares en el horario de un docente. Son con frecuencia fuente de problemas y conflictos, pero también de descubrimientos sorprendentes. En ellas he encontrado, a lo largo de mi carrera de profesora, lo mejor y lo peor de mi oficio.

jueves, 11 de enero de 2018

ELOGIO DEL CUYO

Hará cosa de un mes, escuché por la radio una entrevista a un autor novel (aunque no precisamente joven) que acaba de publicar una novela. Preguntado sobre la trama de esta, respondió lo siguiente: «Es la historia de un chico que su padre es herrero». La frase chirrió en mis oídos. Creo que mi primera reacción fue la de cerrar los ojos, como si con ello pudiera negar el sonido que aún rebotaba en mi cerebro (por fortuna, no iba conduciendo mientras escuchaba la radio). Aparte de la notoria incorrección, me había dolido la ausencia de una palabra que últimamente echo en falta en conversaciones, escritos (no solo de mis alumnos) y medios de comunicación. O mejor diré que lo que me dolió fue su sustitución por el plano, polivalente y manoseado “que”. ¿Qué está ocurriendo con nuestro viejo y querido “cuyo”?

miércoles, 3 de enero de 2018

LOS CUADROS DE DICIEMBRE (2017)


El pasado 3 de noviembre, hace hoy un mes, asistí a la inauguración de la exposición Otra mirada del pintor talaverano Leonardo Montejo. Además de artista, Leonardo es un maravilloso enseñante con el que tuve la suerte de compartir unos cuantos años de lides estudiantiles; por ello, acudir a sus exposiciones es siempre un motivo de alegría para mí. En esta ocasión, hubo otro añadido: descubrir uno de esos cuadros que puedo incluir en la galería ideal por la que me gusta pasearme con la imaginación. Se titula Café de París y tiene tantos elementos para resultarme atractivo que estas líneas me serán sin duda insuficientes. Empecemos por lo evidente: los cuadros que presentan a personajes abstraídos en la lectura o la escritura llaman mi atención de forma automática. En este caso, la modelo está situada detrás de una cristalera, que es lo que singulariza la obra y da motivos para una larga contemplación. El inteligente juego de reflejos mezcla los elementos que se encuentran detrás del cristal y los que están en la acera de enfrente; a nosotros nos compete distinguir mundo interior frente a exterior, mundo visto a través del cristal frente a mundo en él reflejado. Yo no me canso de hacerlo; es un cuadro que no se termina de ver nunca. Un último motivo de gozo: el alegre colorido que acompaña a esta escena de sosiego y reflexión, y que ha sido la causa de que demore un mes su comentario. Cuando asistí a la exposición, andaba yo explorando en esta sección las sombras propias del mes de noviembre. Nada más opuesto a este triunfo de la luz y el color, del apacible disfrute del presente.

domingo, 31 de diciembre de 2017

UNA FELICITACIÓN PRESTADA

Los que pertenecen a mi entorno cercano saben que he empezado a escribir una novela y que eso me absorbe mucha energía. No he tenido tiempo por ello de preparar mi habitual felicitación para el año nuevo; cuando me he querido dar cuenta, había llegado a la última página del calendario y me encontraba sentada frente al ordenador, perdida en mis personajes y mis historias. Por eso ―y porque no quiero renunciar a desear lo mejor a amigos, lectores habituales e incluso a lectores pasajeros que recalen por casualidad en este blog―, me dispongo a preparar una felicitación de emergencia, a base de unir retales de imágenes, sonidos y palabras que me han asaltado estos últimos días. Veamos qué sale.

jueves, 21 de diciembre de 2017

LECTURAS DEL PASADO OTOÑO (2017)

A comienzos del verano que acaba de terminar, abandoné un taxi en medio de un atasco en la autopista metropolitana de Tokio y huí por una escalera de emergencia que conducía a un nivel inferior. Perdón: lo que acabo de narrar no lo hice yo, sino Aomame, una de las protagonistas de esta larga e intensa novela de Murakami. Fue, en cualquier caso, una acción que me afectó de forma especial, uno de esos comienzos de historia que no olvidaré fácilmente. Será difícil convencerme de que fue otra persona quien tuvo que saltar una verja de hierro para afrontar el vertiginoso descenso. Porque no se trataba de la sencilla acción de bajar unos escalones, sino que supuso abismarse en las profundidades de un mundo desconocido dominado por una doble luna, en el que unos misteriosos personajes llamados Little People campan por sus respetos y en el que extrañas crisálidas hacen materiales a seres venidos de otra dimensión. En el que el simple contacto de las manos de dos niños los convierte en dos seres predestinados a reencontrarse al cabo de dos décadas: se trata del mundo de 1Q84. Más de mil páginas después, me dispongo ―también me resisto, en parte― a abandonar ese peculiar universo que, como suele suceder en las obras de este novelista, supongo que no llegaré a comprender del todo. Mejor así. Murakami lleva unos cuantos años y bastantes libros demostrándome que puedo aparcar la razón sin por eso sentirme perdida. No sé si este libro ―estos tres libros, en realidad― largo, repetitivo y de ritmo lento me habría causado idéntico impacto en otra etapa de mi vida. Creo que no y que ha llegado en el momento más oportuno. En épocas de desazón y de pérdida de referentes, nada mejor que fugarse a un universo paralelo. Gracias a Murakami, las salidas de emergencia para huir de atascos de todo tipo están garantizadas.

jueves, 14 de diciembre de 2017

ALEGRÍAS LITERARIAS

Esta mañana, en clase de Literatura Universal, un alumno de 1º de Bachillerato me ha llamado con un nombre que no es el mío. Este tipo de confusiones son bastante embarazosas cuando ya se llevan cerca de tres meses de clase (y no digo nada de cuando se producen a final de curso), así que he fingido no darme cuenta y he seguido con lo que estaba explicando. Cuál no habrá sido mi asombro al ver que el alumno en cuestión se dirigía a sus compañeros con expresivos gestos para que le aclararan cómo me llamaba yo. Y lo peor: varios alumnos más manifestaban tener la misma duda.