lunes, 8 de julio de 2019

LA MISMA PLAYA

Aquí estamos un verano más. Probablemente, muchos somos los mismos, pero no nos reconocemos. Nos hemos cruzado en años anteriores, fijándonos tal vez en determinada característica física, en el bañador o en la ausencia de este, en el perro o en el niño que nos acompañaba, en el sombrero que nos quedaba tan ridículo, en el libro que leíamos sentados frente al mar. Aun así, no podríamos afirmar que nos conocemos. Y, sin embargo, esa es la sensación que tengo, aquí en la playa de mis seis últimos veranos: la de una profunda familiaridad, la de estar rodeada una vez más por antiguos camaradas de los que no conozco el nombre ni las circunstancias, pero que me transmiten una sensación de calidez, de tribu en la que todos nos sentimos incluidos. Es, probablemente, lo que transmitimos los seres humanos cuando nos despojamos de las ropas y las prisas, cuando olvidamos los horarios y dejamos de lado la constante lucha por asentar nuestro puesto frente a la amenaza de los demás.

sábado, 6 de julio de 2019

CUENTAN DE UN SABIO QUE UN DÍA

Me gusta mucho leer con mis alumnos un cuentecillo medieval que narra cómo un sabio se ha visto reducido a tal extremo de pobreza que debe sustentarse con bellotas, altramuces (existen varias versiones) o algún otro alimento igualmente humilde. El desdichado protagonista está lamentándose de su suerte cuando descubre algo que le sirve de inmediato consuelo: otro sabio sigue sus pasos, recogiendo las cáscaras que él ha ido arrojando detrás de sí. Ya en el siglo XVII, Calderón de la Barca le dio una preciosa formulación a esta historia dentro de su obra La vida es sueño, en una décima que recita Segismundo y que comienza con los célebres versos: “Cuentan de un sabio que un día / tan pobre y mísero estaba...” En esa revisión del tema, los personajes llegan al extremo de alimentarse de hierbas. No olvidemos que el XVII es el siglo del esplendor artístico y la miseria social. Barroco puro.

miércoles, 3 de julio de 2019

LOS CUADROS DE JUNIO (2019)

En mis clases de Literatura, a veces me encuentro con el curioso contrasentido de que hay ideas que no consigo expresar del todo con palabras. Me ocurre en especial al explicar los movimientos literarios; acumulo adjetivos para precisar la esencia del Barroco, el Romanticismo, el Surrealismo o el Renacimiento, sin lograrlo por completo: equilibrado, onírico, recargado, decadente, exaltado, fúnebre, subversivo, clásico, anticlásico… Entonces, cuando se me agotan los adjetivos, acudo a la pintura. Así me sucedió con el movimiento simbolista y esta impactante obra del artista suizo-alemán Carlos Schwabe, titulada La muerte del sepulturero. Con un estilo dibujístico propio de un ilustrador, Schwabe lleva a cabo lo que parece la recreación de una escena de leyenda. Todo está medido hasta el último milímetro en este cuadro plagado de sugerencias. Para empezar, el contraste entre la blancura del paisaje y el ángel negro sentado al borde de la sepultura produce un efecto sobrecogedor. Hay varios detalles que me gustan especialmente: las ramas secas que aíslan a la pareja protagonista, como un cortinaje invernal; la misteriosa luz verde que emana de la palma de la mano del personaje alado, que probablemente representa la vida que está en trance de arrebatar, y las alas negras que envuelven a su víctima como tentáculos. Bello, teatral e implacable, el ángel de la muerte es una figura a la vez hermosa y aterradora. Resulta inevitable identificarse con el anciano sepulturero, que mira a su ejecutor con una expresión entre el terror y la fascinación. Así es la impresión general que se desprende de esta escena tenebrosa: fúnebre, dramática, de una belleza oscura e inquietante… Al final, siempre se me desbordan los adjetivos. 

viernes, 28 de junio de 2019

EL TIEMPO DETENIDO

El calendario astronómico señala que el día más largo de este año ha sido el 21 de junio, fecha en que la luz solar duró por estas latitudes 15 horas, 3 minutos y 46 segundos. Pero mi corazón no entiende de solsticios. Ni mi cansancio, ni mis ansias de libertad. Para mí, como supongo que para muchos otros de mi gremio, el día más largo de cada año es siempre el último del curso.

domingo, 23 de junio de 2019

LECTURAS DE LA PASADA PRIMAVERA (2019)

La colección Cuadernos de la Editorial Acantilado está dedicada a la publicación de textos breves que normalmente aparecen integrados en volúmenes de mayor tamaño, junto a otras obras de sus autores. Ensayos cortos, relatos y colecciones de cartas son así desgajados de conjuntos más amplios y alcanzan, en su edición en solitario, una relevancia de la que normalmente se ven privados. De este modo surgen joyas como este precioso y diminuto volumen dedicado a albergar en exclusiva el que es, en mi opinión, el más hermoso ―y también el más triste― de los cuentos de Stefan Zweig: Mendel, el de los libros. Se trata de un relato que yo ya había leído dentro de una colección de narraciones cortas de su autor. Una buena amiga que me conoce bien ha tenido el acierto de regalarme esta edición que es una auténtica delicia ya desde su cubierta. Un detalle del lienzo La biblioteca del pintor francés Félix Vallotton es la delicada imagen que abre paso a la historia de Jakob Mendel, el portentoso librero de viejo judío capaz de albergar en la memoria una increíble cantidad de datos editoriales. Sentado en su modesta mesa en un café de la Viena imperial, aislado en la más absoluta de las concentraciones y dedicado a su perpetua tarea de leer, Mendel es un personaje inolvidable por el que todo amante de los libros siente un afecto inmediato. Es, también, el símbolo de un mundo en trance de desaparecer, amenazado por el horror de la guerra y por el sucio y zafio espíritu mercantil de los nuevos tiempos. Volver a esta figura enternecedora me ha emocionado una vez más. Mendel, el de los libros pertenece a ese conjunto de obras que hay que releer de vez en cuando, para confirmar que siguen intactos en nosotros el amor a los libros y la capacidad para conmovernos con el destino de la buena gente.

miércoles, 12 de junio de 2019

100% ROSAURA

Hace algo más de un mes, circuló por las redes un meme que llamó de inmediato mi atención. (Aquí me toca parar para hacer una precisión léxica: antes de usar el término meme, me he cerciorado de su inclusión en el diccionario de la RAE. Ahí está, flamante y con sus dos acepciones, la acuñada por el biólogo inglés Richard Dawkins en los años 70 del siglo pasado y la otra, más actual, que se refiere a elementos gráficos y textuales que se difunden por Internet, y que es a la que me refiero en este caso. Fin del inciso, fruto de mi deformación profesional.)

miércoles, 5 de junio de 2019

LOS CUADROS DE MAYO (2019)


La obra del artista galés Phil Greenwood se puede definir con dos palabras: paisaje y grabado. Greenwood es un maestro en la creación de imágenes de la naturaleza que no responden tanto a enclaves concretos como a reconstrucciones mentales, realizadas casi siempre por medio de la técnica del grabado sobre plancha de cobre. Sus paisajes, bellos y sugerentes, oscilan entre una aproximación realista y una simplificación que produce visiones estilizadas y esquemáticas, más cercanas al mundo de la fantasía. Este es el caso de la obra que encabeza estas líneas y que lleva en el título su carácter onírico: Dream clocks. Esta peculiar escena desconcierta y atrae a la vez por la misteriosa convivencia entre el cielo nocturno y la claridad de los elementos vegetales. Las filas de plantas que se yerguen en la llanura tienen un indudable carácter animado; se diría que son un ejército desplegado hasta el horizonte que clava en nosotros sus rostros circulares y expectantes. Parece que una simple palabra nuestra bastaría para poner en funcionamiento a estos seres y alejarlos de forma definitiva de su condición vegetal. Los juncos que flanquean a lo lejos una corriente de agua de un increíble color azul, las hierbas delicadamente delineadas y las margaritas que dan el toque de colorido más vibrante completan este conjunto delicado, armonioso e improbable. Un incansable observador de la naturaleza como Greenwood es capaz de trascenderla para crear esta imagen mental, que echa sus raíces en la tierra para alzarse hasta la altura de nuestra imaginación.

sábado, 18 de mayo de 2019

UNA EPOPEYA MODERNA

Esta mañana me he levantado temprano con la intención de escribir. Había amanecido un día agradable, fresco y luminoso. Mis horas de sueño habían sido las suficientes para sentirme en plena forma. Los árboles que se vislumbran desde mi ventana erguían sus frondosas copas sobre un cielo resplandeciente. Momentos como este que describo están plagados de gozosas expectativas para quien se dedica a la escritura.

miércoles, 8 de mayo de 2019

MEDITACIÓN DE LA PIEDRA

Cuando estoy de viaje, suelo tener la sensación de estar atesorando un sinfín de ideas válidas para la escritura. Las voy guardando cuidadosamente en cuadernos o en rinconcitos de mi cerebro: esta será la base de un relato, esta va a enriquecer a un personaje de la novela que estoy escribiendo, esta dará pie a una entrada del blog, esta otra aún no sé para qué me va a servir, pero la guardo por si acaso, como un retal que posiblemente utilice en alguna labor futura. Muchas de estas ideas permanecen años en mi archivo mental, hasta que ven al fin la oportunidad de colarse entre las palabras con las que voy llenando una hoja de papel o la pantalla de mi ordenador. Otras acumulan polvo de forma indefinida en sus silenciosos escondites. Creo que nunca pierden del todo la esperanza de salir a la luz.

sábado, 4 de mayo de 2019

LOS CUADROS DE ABRIL (2019)

El holandés Tejo Verstappen es un personaje polifacético, que ha dividido su carrera artística entre la música, la interpretación y la pintura. En este último campo, se inició dentro de los cánones tradicionales, para interesarse más adelante por la pintura digital. Él mismo describe sus obras como “paisajes metafísicos y oníricos, de los que se desprende una sensación de soledad y deseo”. En efecto, sus cuadros e ilustraciones están plagados de edificios aislados, parajes sombríos, personajes que deambulan sin compañía en medio de una naturaleza misteriosa. La obra que encabeza estas líneas se titula La cabaña del pescador y es mi favorita de ese conjunto de escenas sugerentes. En un paisaje marino plasmado con la economía de medios y los trazos briosos que son habituales en este autor, una figura humana sin rasgos individuales se vuelca sobre la borda de su barca para echar, o tal vez recoger, una red de pesca. En su tarea le sirve de guía la luz procedente del interior de una casa y que, de forma casi sobrenatural, se proyecta sobre la barca. La escena es a medias tranquilizadora e inquietante; nos cabe la duda sobre el origen de esos focos luminosos que acompañan al pescador, pero a la vez parecen atraerlo hacia un muro negro y amenazante. Como sucede casi siempre con las obras de este artista, captamos que hay algo más detrás de lo evidente, un mensaje oculto, indeterminado como las pinceladas que esbozan la escena sin acotarla del todo, extrayéndola a medias de los territorios del sueño.

martes, 23 de abril de 2019

NUEVOS LECTORES

Digo yo que hoy, 23 de abril, es un buen día para dar la bienvenida a dos nuevos lectores. Una novedad de este tipo es siempre una buena noticia.

lunes, 22 de abril de 2019

LAS PALABRAS DEL COMENDADOR

Me gusta devolver a la biblioteca los libros prestados antes de que llegue la fecha límite. Lo hago siempre que puedo. Me parece una forma de concederle una pequeña alegría a algún lector desconocido, sobre todo en el caso de títulos que cuentan con una larga lista de espera. Y es que no puedo evitar considerar a los amantes de la lectura, incluidos aquellos a los que no conoceré nunca, como miembros de una hermandad universal a la que pertenezco.

martes, 16 de abril de 2019

LAS LÁGRIMAS DE VÍCTOR HUGO

Alguien te dice que Notre Dame está en llamas y de inmediato piensas que estás soñando. Es solo cuestión de esperar un rato y despertarás; todo volverá a estar en orden y la pesadilla habrá terminado.

domingo, 14 de abril de 2019

EDIFICIOS SOLITARIOS

Esto es una despedida. Quien se marcha no es una persona, sino una imagen que me ha acompañado durante meses hasta convertirse en algo similar a una amiga. Aunque, ahora que lo pienso, quizá no haya sido tanto una cuestión de tiempo como de la atracción que ejerció sobre mí nada más verla. Es verdad que ha estado un año y tres meses presidiendo este blog, pero ya al primer golpe de vista sentí que me reconocía en ella.

sábado, 6 de abril de 2019

SOBRE LA FUGACIDAD

El sábado pasado, me encontraba por la zona del Museo Arqueológico a eso de las seis de la tarde. Había conseguido aparcar bien el coche (circunstancia realmente singular en el tráfago de compradores y turistas que abarrotaban la zona). Era una buena ocasión para hacer una visita fugaz al pasado.

miércoles, 3 de abril de 2019

LOS CUADROS DE MARZO (2019)

Un artículo sobre la recientemente clausurada Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid me ha hecho descubrir a Rosa Álamo, una artista fronteriza entre la pintura y la ilustración que se mueve en un universo ingenuo y misterioso. El cuadro que encabeza estas líneas pertenece a la serie Daydreams y se titula Lullaby. Acorde con esa canción de cuna de su título, se trata de una obra que conjuga lo onírico con un toque infantil. El personaje que duerme aparece integrado en el escenario de su sueño. Desgajada de su cama y acompañada por una urraca, animal asociado al aire libre, la muchacha se integra con la visión que alberga en su mente hasta el punto de que su camisón se mimetiza con el diseño del paso de cebra. Así tendida en el asfalto, la protagonista de esta peculiar escena se nos antoja vulnerable pero a la vez absolutamente libre para dejarse llevar por el vuelo de su imaginación, que la lleva a una casa abandonada, tal vez el espacio que habitó en tiempos mejores y ya perdidos. Este fascinante juego de sueño y recuerdo se ve acompañado por una maravillosa armonía de azules y por una profusión de detalles sugerentes: los grafitis de la casa y su entorno (el mismo título, Lullaby, escrito sobre el muro del fondo), las dos urracas que flanquean la composición en una artificiosa simetría, las franjas azules que enmarcan la imagen, como pertenecientes a una pared en la que estuviera colgada la pintura, pero sobre las cuales, sorprendentemente, se sobreponen las figuras de las aves. No me canso de contemplar esta canción de cuna de Rosa Álamo, que tantas resonancias despierta en mi interior.

martes, 26 de marzo de 2019

EL VIRUS DEL REALISMO

Hasta hace muy poco, yo era una de esas personas que casi nunca se ponen enfermas. O que, en el caso de que se vieran asaltadas por alguna dolencia, contraían una lo bastante benigna como para permitir que la actividad diaria prosiguiera. Me recuerdo lagrimeando en clase y cojeando por las escaleras del instituto; en una ocasión, uno de mis alumnos más jóvenes me preguntó, sobrecogido: «¿Por qué lloras, profe?» (la escena habría sido mucho más conmovedora, sin duda, de no haberse tratado de un episodio gripal).

miércoles, 20 de marzo de 2019

LECTURAS DEL PASADO INVIERNO (2019)

En una maravillosa sincronía, llegan las vacaciones de Navidad casi a la vez que cae en mis manos la última novela de Haruki Murakami. La falta de espacio en mi casa me impide adquirir ejemplares en papel y me obliga a ser usuaria asidua de las bibliotecas públicas, lo que supone, en el caso de obras muy demandadas como esta, apuntarme en una larga lista de espera y aguardar pacientemente durante semanas. Así que ―coincidencia feliz― me ha llegado el turno justo cuando se acercaba el final de trimestre. Aquí la tengo conmigo al fin, y las páginas que he podido leer hasta el momento me han desvelado otra afortunada coincidencia: Murakami elige en esta ocasión la pintura como base de su argumento. Un pintor que se gana la vida como retratista, un cliente difícil de retratar y un misterioso cuadro titulado La muerte del comendador son los ejes sobre los que se vertebra una trama que intriga desde el primer momento. El subtítulo Libro I hace prever una historia larga, pero aun así, Murakami no pierde el tiempo a la hora de enganchar a su lector. O, quizá, es que esta lectora es especialmente “enganchable” cuando se juntan su japonés favorito y uno de los temas que más le interesan en la vida. ¿Murakami + pintura…? Me cuesta imaginar una combinación mejor. Espero que se me perdone la brevedad de esta reseña: me corre prisa reanudar mi lectura.

domingo, 17 de marzo de 2019

CARLOTA Y EL SUBJUNTIVO

Hace un par de días, estaba trabajando en la sala de profesores de mi instituto con el telón de fondo de una charla entre dos compañeras. Por lo que entendí, hablaban de la hija de una de ellas en términos de rendida admiración. No les hice demasiado caso (lo confieso: me estomaga un poco el embeleso de ciertos progenitores ante cualquier logro de sus vástagos) hasta que una palabra inesperada prendió mi atención: subjuntivo. Alcé la cabeza de mi trabajo y escuché. Hablaban de una niña de corta edad que manejaba con soltura el presente de subjuntivo. De verbos irregulares, para mayor asombro. La niña en cuestión se llama Carlota y tiene tres años.

lunes, 11 de marzo de 2019

LIBRETA DE LECTORA (IV)

Angustia, incertidumbre, añoranzas. Comienzos y finales. Muerte. Amor humano y no tan humano (pero no por ello menos digno). Deseos y expectativas. El poder de las palabras. Y soledad, soledad y más soledad. De todo esto hablan las citas que he ido reuniendo durante el último año y medio. De lo que siempre habla, en definitiva, la literatura.

miércoles, 6 de marzo de 2019

LOS CUADROS DE FEBRERO (2019)

El Surrealismo vuelve con frecuencia a esta sección y esta vez lo hace a la manera imaginativa y en cierta medida ingenua de la pintora inglesa Marion Elizabeth Adnams. Como una niña que dejara correr su fantasía y construyera piezas uniendo los objetos más dispares, Adnams dota de vida a la materia inerte para formar las figuras humanas que protagonizan sus sorprendentes composiciones. La que encabeza estas líneas tiene un título de lo más sugerente: La infanta perdida. Heredera directa de las heroínas de relatos populares que se adentran en el bosque y con ello en el peligro, esta joven formada por tiras de papel está rodeada por un círculo de árboles despojados de hojas que semejan los barrotes de una jaula. La escena está presidida ―no podría ser de otra forma― por una resplandeciente luna llena que proyecta sombras en el suelo. Fríos tonos azules y violetas inundan el conjunto, que produce una indudable inquietud en el que lo contempla. Una imprecisa amenaza parece cernirse sobre la infanta sin rostro, que se nos antoja el más frágil de los seres, al que un simple soplo de viento podría arrastrar. Vuelvo a la imagen inicial de la fantasía infantil. Marion Adnams juega a construir muñecas para dejarlas luego solas en la noche, perdidas en la espesura, en un eco de nuestros viejos cuentos de la niñez.