jueves, 21 de septiembre de 2017

LECTURAS DEL PASADO VERANO (2017)

A veces, el infierno puede adoptar las limitadas dimensiones de una vivienda familiar; es lo que Georges Simenon demuestra en esta novela concisa y terrible. La casa de las hermanas Lacroix es un poderoso símbolo de la crudeza de las relaciones humanas basadas en el resentimiento, enquistadas a lo largo de los años y encerradas en los límites de un espacio reducido. Las protagonistas comparten al mismo hombre como marido y amante, y se profesan un odio que las mantiene vivas desde hace décadas y que da sentido a su estrecha relación. Tiene especial fuerza la imagen de la familia compartimentada; varios de sus miembros aparecen confinados en un espacio que les es propio y del que apenas salen: el padre en su taller del desván, la hermana mayor en su despacho, la menor en las estancias de labores domésticas, la hija de ésta en su dormitorio de enferma. Frente a ellos, los dos hijos sanos, que huyen de la casa a la menor oportunidad y recorren un mundo exterior del que sólo tenemos referencias. Simenon crea un universo claustrofóbico, del que no es posible encontrar la salida, y lo describe con mano firme y estilo escueto, obviando las explicaciones innecesarias. Es tarea del lector descifrar los gestos y palabras, al principio enigmáticos, de esta comunidad humana condenada a la convivencia.

domingo, 10 de septiembre de 2017

EN LA CALLE

Una de las cosas buenas ―de las muchas― que saqué de la exposición Retratos de la Fundación Mapfre el pasado mes de julio fue redescubrir a Joan Colom. No digo “descubrir”, porque las imágenes de este fotógrafo que retrató hasta la extenuación el Raval de Barcelona son sobradamente conocidas, aunque no siempre se asocien al nombre del individuo tranquilo y discreto que fue su autor.

martes, 5 de septiembre de 2017

TAN CERCA DE AUSTER

A unos pocos metros, de hecho. No sabría decir cuántos (¿cinco?, ¿diez? La capacidad espacial no es, desde luego, mi fuerte). Pero el caso es que esta tarde he pasado una hora larga sentada en las proximidades de uno de los novelistas vivos a los que más admiro, escuchando sus reflexiones acerca de la escritura y la vida, que vienen a ser en él una misma cosa.

sábado, 2 de septiembre de 2017

LOS CUADROS DE AGOSTO (2017)


El pintor ucraniano contemporáneo Evgeni Gordiets encarna la faceta amable del surrealismo. Es creador de una larga serie de paisajes ingenuos y coloridos, en los que lo onírico y lo naíf se dan la mano. Sus naturalezas están transitadas por misteriosas figuras femeninas ataviadas a la moda del XIX y por criaturas animales y vegetales que se alejan de todo naturalismo por su inmovilidad y lo singular de sus dimensiones. Las montañas adoptan con frecuencia formas humanas, mientras que los seres vivos están tratados como objetos estáticos, detenidos en el espacio y el tiempo, preservados por los pinceles del artista de todo cambio o deterioro. Me ha costado elegir un cuadro dentro de semejante despliegue de fantasía y color; me he quedado finalmente con este, en el que una de las características mujeres-maniquí de Gordiets se inserta en un paisaje ideal, plasmado como es habitual en su autor con una técnica meticulosa cercana al puntillismo. Leo en su biografía que este pintor es un caso llamativo de precocidad artística, y que ya a los cinco años era motivo de asombro por su talento. No me extraña en absoluto: viendo sus obras de adulto, uno se da cuenta de que siguen siendo el sueño feliz de un niño.

viernes, 18 de agosto de 2017

COSAS QUE APRENDO LEYENDO NOVELAS

Hace no mucho, una persona amante de los libros pero poco aficionada a la narrativa me comentó que no le veía sentido a leer novelas. Le parecía una pérdida de tiempo dedicarse a seguir tramas inventadas, peripecias vividas por personajes ficticios, en lugar de, por ejemplo, empaparse directamente de las ideas de un pensador a través de un ensayo o de los sentimientos verídicos de un ser humano a través de la poesía.

miércoles, 2 de agosto de 2017

LOS CUADROS DE JULIO (2017)


El pintor polaco contemporáneo Darek Grabus nos da una límpida visión del verano en el cuadro titulado Jugadores. La sencillez de líneas, la claridad de la composición y los colores planos son rasgos habituales de este pintor, que combina el tratamiento realista de las figuras humanas con una simplificación del entorno. Sus personajes, con frecuencia sentados en la playa o en terrazas que se abren al mar, parecen suspendidos frente a un verano eterno que es más una imagen mental que un espacio físico. De entre las obras de este artista que recrean el ambiente estival me gusta sobre todo esta, en la que el elemento emotivo cobra un especial relieve: el muchacho sentado en primer plano parece contagiarse de la sombra que el muro arroja sobre él mientras observa a otros jóvenes inmersos en un juego en el que él no participa. La escena nos habla de la soledad del que se siente excluido, de la felicidad ajena que con frecuencia pone más de relieve la tristeza del que la contempla. Las tres franjas que representan el cielo, el mar y la arena conforman un escenario geométrico, casi metafísico, para este pequeño drama cotidiano. A mí me da la sensación de que hay más razones que las evidentes para que el protagonista siga siendo solitario: lo que contemplan sus ojos es tal vez un verano del pasado, un producto del deseo o un fruto de su imaginación.

lunes, 31 de julio de 2017

UN ENCUENTRO EN BARCELONA

Los encuentros entre artistas a los que admiro son situaciones especialmente gratas a mi imaginación. No me refiero a la coincidencia habitual entre personajes que compartieron un entorno y cuya consecuente proximidad dio origen a roces de uno u otro signo. Es estimulante evocar las andanzas juveniles de Lorca, Dalí y Buñuel, o irse más atrás en el tiempo para imaginar las disensiones literarias, y de las otras, que separaron a Lope de Vega y Cervantes, pero no me estoy refiriendo a este tipo de contactos habituales y lógicos entre coetáneos que habitan en el mismo entorno. Lo que me lleva a escribir hoy son los encuentros únicos y buscados, que se producen una sola vez en la vida de sus protagonistas, normalmente porque el más joven de ellos lo propicia para dar alimento a su devoción por el otro.

martes, 25 de julio de 2017

MADRES E HIJOS

El domingo pasado visité en la sala Recoletos de Mapfre la exposición titulada Retratos. Colecciones Fundación Mapfre de fotografía. Sabía que me iba a interesar: supongo que es mi faceta de novelista la que se siente atraída por esa maravillosa captación de la psicología, las circunstancias y las actitudes de personajes de variada índole que se produce cuando los fotógrafos toman la figura humana como centro de su interés. Podría comentar muchas cosas de lo que allí vi, pero me quedo con tres imágenes que llamaron poderosamente mi atención y que están unidas por el tema de la maternidad.

sábado, 22 de julio de 2017

ORDENAR EL MUNDO

En tiempos de incertidumbre, no hay nada como ponerse a ordenar. Supongo que esta tendencia mía es herencia de familia: la más clara señal de intranquilidad en una persona muy cercana a mí es encontrarla sumida en armarios y cajones, extrayendo y recolocando, rompiendo papeles con frenesí, reubicando objetos con minuciosidad de relojero. Es una labor que vista desde fuera asusta, pero que, curiosamente, a su protagonista le proporciona serenidad; un auténtico zafarrancho de combate para plantarle cara al desasosiego.

miércoles, 19 de julio de 2017

BUSCAR CASA

Buscar casa es hacer un inciso total en la vida. Está a punto de cambiar el escenario de la obra; cambiarán sin duda la actitud de los personajes y el sesgo de la trama. En esos instantes previos al inicio del nuevo acto de la función, se apodera de nosotros la incertidumbre.

domingo, 16 de julio de 2017

LIBRETA DE LECTORA (III)

«…el señor de Bragadin conocía el mayor de los secretos, el secreto de la tarea más dolorosa de la vida humana; sabía que no debemos avergonzarnos de nuestros sentimientos aunque los malgastemos en alguien que no es digno de ellos.»

Sándor Márai, La amante de Bolzano

sábado, 1 de julio de 2017

LOS CUADROS DE JUNIO (2017)

He aquí mi último descubrimiento: el pintor e ilustrador chileno Federico Infante, un artista muy joven (nacido en 1982) que tiene ya en su haber una considerable obra gráfica en la que explora el mundo de los sentimientos, la intimidad y el subconsciente. Son frecuentes las referencias a él como “pintor surrealista”; de hecho, según su propio testimonio, su técnica consiste en cubrir el lienzo con varias capas de pintura acrílica que después rasca para ir sacando de su interior las imágenes, en un proceso de total libertad, al margen de las ataduras de la razón. Elegir una sola de las obras de este artista sugerente en grado superlativo ha sido tarea difícil: me gustan todas, todas me emocionan o me conmueven o me remiten a mi mundo interior. Sus cuadros presentan espacios cercanos a la abstracción, en los que aparecen personajes solitarios concentrados en tareas, a veces insignificantes, que cobran sin embargo una gran trascendencia. Me gustan de forma especial los que, como el que encabeza estas líneas, recrean figuras femeninas que se repiten en un curioso eco visual. La mujer se arregla el vestido en un escorzo que nos impide identificar sus rasgos más personales; el paisaje arbolado que la rodea pierde definición en la zona inferior del lienzo, donde parece derretirse: es un mundo a la vez material e intangible, un espacio para el pensamiento y la reflexión, para las búsquedas personales, en el que esta mujer triplicada nos representa un poco a todos.

miércoles, 28 de junio de 2017

UN VIEJO CARRUSEL

Todos los años por estas fechas, la llegada del verano se tiñe de melancolía por las cosas que se van. Mis compañeros de profesión comprenderán sin duda lo que estoy diciendo: acabar un curso es dejar atrás personas y situaciones, desprenderse del pasado para afrontar con más ligereza el futuro, mudar de piel. Es un ciclo de la vida en miniatura que, a finales de junio, entra en un desenlace provisional, previo a la renovación de septiembre.

sábado, 24 de junio de 2017

LECTURAS DE LA PASADA PRIMAVERA (2017)

Los relatos que componen este libro de Fernando Aramburu son pinceladas que conforman un fresco desolado y brutal; tragos amargos ―ya lo dice el título― de un líquido que, bebido de golpe, nos cortaría la respiración. Estos retazos de realidad están tomados desde distintas perspectivas. Para el que no lo haya adivinado ya, diré que Aramburu aborda el problema del País Vasco, y lo hace poniéndose en la piel, en los ojos y en la voz de personajes de variado pelaje: el policía asesinado y su familia, la madre del preso que debe recorrer media España para visitar a su hijo, los niños que juegan a ser etarras y a hacer atentados con cochecitos de juguete, el sospechoso de delación que es objeto del más cruel linchamiento por parte de sus paisanos. Pero no nos engañemos pensando que esta multiplicidad de puntos de vista entraña indiferencia o ecuanimidad en el reparto de responsabilidades: se nota bien a las claras la ira del narrador contra los que esgrimen la violencia, los cobardes que apoyan el terror con su silencio, los enquistados en un orgullo que no atiende a razones. El miedo, el fanatismo, los viejos rencores, la desolación y la pérdida recorren estas páginas implacables, escritas con impresionante concisión estilística y con admirable valentía. Cuesta reponerse de la lectura de algunas de ellas. Los peces de la amargura es una dolorosa constatación de la capacidad del ser humano para infligir daño a sus semejantes. También lo es de su talento para analizar la realidad con lucidez y utilizar incluso lo más oscuro ―lo más amargo― para crear arte.

lunes, 12 de junio de 2017

LLEGÓ EL DIABLO

Hace algo más de un año, una llamada telefónica me anunciaba que mi novela El diablo salió de la niebla había resultado ganadora del Premio Cáceres de Novela Corta. La persona encargada de comunicarme el fallo fue Juan José Millás, que ejercía de presidente del jurado en esa edición. Es curiosa la sensación de familiaridad y de extrañamiento simultáneos que produce charlar con un desconocido con el que, sin embargo, se ha tenido una indudable cercanía a través de sus escritos. Sentí, de hecho, que aquella no era nuestra primera conversación; pero eso daría material para otra entrada.

viernes, 2 de junio de 2017

LOS CUADROS DE MAYO (2017)


Discouraged workers es el expresivo título original de este cuadro del pintor estadounidense Ben Norris (1910-2006). En efecto, sus protagonistas rezuman desaliento, desánimo, abatimiento: frente a un escenario de dimensiones desmesuradas, las pequeñas figuras humanas se mueven encorvadas, en solitario o en parejas, como ayudándose en el duro oficio de seguir adelante. En contraste con ellas, la maquinaria industrial que parece ir a engullirlas a todas es un prodigio de magnificencia y verticalidad; sus ángulos están nítidamente trazados, sus piezas encajan a la perfección, sus chimeneas se alzan hasta el infinito. Es un paisaje inhumano y vertiginoso, al que no cabe más que rendirse y obedecer con la cabeza gacha. Este cuadro de colores vibrantes y pinceladas vigorosas fue creado en 1936, en pleno periodo de entreguerras, en medio de una cruel crisis económica que condenó a miles de trabajadores a la sumisión y la miseria. Apenas apagados los ecos de las marchas del pasado Día del Trabajador, se me antoja que el mensaje del artista sigue pleno de validez y oportunidad: la dureza de las condiciones laborales, la existencia de un engranaje despiadado que ignora el elemento humano y la presencia triste y digna del obrero que, aun abatido, prosigue su camino sin rendirse.

domingo, 21 de mayo de 2017

EL ARTE DE LA PACIENCIA


Hace dos semanas, me encontraba yo en el interior del Fuerte de Bard, una impresionante fortaleza del Valle de Aosta que ha sustituido su tradicional función militar por la de centro de cultura y exposiciones. La intención que me había llevado hasta allí en compañía de dos amigos era la de visitar una exposición del gran fotógrafo Robert Doisneau. Nos disponíamos a hacerlo, cuando desde una pared me saludó este rostro inquisitivo. Tuve la clara sensación de que el zorro apoyado en el muro esperaba pacientemente a reclamar mi atención. Lo miré. Casi diría que nos miramos. Fue un reclamo irresistible: el plan inicial se amplió así con la visita a otra muestra también de fotografía, pero de carácter bien distinto.

domingo, 14 de mayo de 2017

LOS CLAUSTROS DEL ALMA

Tomo prestado el título del arranque de uno de los sonetos más famosos del gran Francisco de Quevedo, el que empieza diciendo: «En los claustros del alma la herida / yace callada…». (Supongo que donde esté, en el lugar donde afrontan la eternidad los poetas eminentes, no tendrá en cuenta mi pequeño hurto.) En el poema al que me refiero, don Francisco acuñaba la imagen del claustro para materializar el concepto al que se refería, que no era otro que la parte más recóndita y privada de cada uno de nosotros. Yo procederé a la inversa: voy a hablar de claustros reales que me han hecho pensar en los rincones más oscuros del alma humana.

lunes, 8 de mayo de 2017

¿POR QUÉ MERCÈ RODOREDA?

Cuando tuve noticia del proyecto Adopta una autora, no lo dudé ni un segundo. No me cabía la menor duda acerca de cuál era la escritora que debía elegir para investigar su figura y reseñar su obra a través de entradas periódicas en este blog. Era verdad que la idea de “adoptar” a una autora tan grande me parecía pretenciosa y me causaba pudor, pero el hecho de que nadie a esas alturas la hubiese elegido todavía ―el proyecto llevaba ya varios meses en marcha― me resultaba intolerable.

miércoles, 3 de mayo de 2017

LOS CUADROS DE ABRIL (2017)


Las escenas nocturnas en estaciones de tren son un clásico en la literatura y el cine. Si se trata de estaciones grandes, aparecen como un lugar de encuentro de seres desgajados de su medio, que cruzan sus caminos para en seguida perderse en el ámbito mágico de la noche. Si son estaciones de localidades pequeñas y apartadas, se convierten en espacios inciertos en medio de la nada, donde todo es posible y donde las esporádicas presencias humanas adquieren un carácter inquietante. A mí me atraen tanto en la vida como en el arte: cuando las miro al pasar desde la ventanilla, cuando son el escenario de una trama o el motivo de un cuadro. No tengo que explicar, por tanto, por qué esta Estación de tren de San Dimas, del pintor estadounidense Millard Owen Sheets (1907-1989), prendió mi atención desde el primer instante. Hay un indudable sabor de novela negra en esta escena solitaria, en los focos que sacan de la oscuridad a los dos únicos seres humanos que habitan este lugar apartado: el hombre que aguarda de pie en el andén y el que entretiene la espera leyendo el periódico. Tal vez se trate de una situación cotidiana, de dos personas que se trasladan a su casa al final de la jornada o esperan a un viajero intempestivo, pero hay algo en la composición, en el cielo creado a base de brochazos negros que se entrecruzan con los cables del tendido eléctrico, en la iluminación que saca al edificio de la sombra y le dota de un carácter animado, que hace que se dispare la imaginación del que contempla el cuadro, o al menos la mía. A mí esta estación de San Dimas me habla de encuentros clandestinos, de secretos que no deben salir a la luz, de aviesas intenciones, de conexiones misteriosas entre personajes que fingen no conocerse mientras haya un testigo ―nosotros― que los observe.