viernes, 6 de diciembre de 2019

LOS CUADROS DE NOVIEMBRE (2019)


El artista austriaco Eduard Angeli parte para sus creaciones de un proceso que a muchos viajeros nos gustaría poder llevar a cabo en la vida real: borrar de un plumazo el trasiego de vehículos y turistas de los enclaves que visita para reducirlos a su esencia más íntima y secreta. De su mano, es posible evocar la condición de privilegio del viajero de otros tiempos, maravillado frente a una belleza que no debe compartir con nadie más. Pero lo cierto es que Angeli va más allá, porque sus paisajes urbanos no están solo deshabitados, sino también dotados de una buena dosis de misterio. No es ajena a ella la frecuente inclusión de elementos atmosféricos que difuminan la imagen y le proporcionan un cierto carácter onírico. Así sucede en este cuadro que pertenece a la serie dedicada a la ciudad de San Petersburgo, titulado Niebla en el Canal Kriukow. La técnica, de un realismo casi fotográfico, es el ingrediente final que convierte esta obra en una invitación a un periplo singular. El espectador siente que está realmente allí, al borde del agua, notando en el rostro el frío y la humedad, buscando un punto de referencia en el horizonte indeterminado, tal vez la constatación de que no es el único ser humano en esta ciudad extrañamente silenciosa: contemplando, en definitiva, el escenario de un sueño.

domingo, 1 de diciembre de 2019

ANTITAURINOS

Los que me conocen bien saben que soy una furibunda antitaurina. Los que me conocen a medias, me atribuirán sin duda la segunda de las cualidades, pero ignoran ―supongo― hasta qué punto llega mi exaltación en este sentido. Es un asunto sobre el que no escribo y que me reprimo de tratar ante según qué auditorio, porque me cuesta mucho mantenerme dentro del ámbito de lo razonable. Ya cuando era un auténtico mico, lanzaba discursos encendidos si alguien tocaba delante de mí este tema, presa de una rabia feroz.

domingo, 10 de noviembre de 2019

CONTRADICCIONES

Las gramáticas del castellano lo dejan bien claro: la conjunción pero sirve para enlazar dos elementos entre los cuales se establece una relación de contrariedad u oposición. La teoría no deja lugar a la duda; es de esos elementos de la lengua que no presentan apenas dificultad para los estudiantes. De hecho, las oraciones coordinadas adversativas son distinguidas con facilidad, incluso por los alumnos más remisos a la sintaxis. Pero la práctica es otra cosa. Es ahí donde aparecen usos, me parece a mí, desviados de la norma. O tal vez no lo sean tanto. Simplemente es que las realidades que se contraponen en el cerebro de cada cual dicen mucho de su forma de concebir el mundo.

lunes, 4 de noviembre de 2019

LOS CUADROS DE OCTUBRE (2019)

Este verano recién terminado ha sido para mí el de los pintores holandeses. He ido a buscarlos a su tierra y unos cuantos de ellos han venido a su vez a Madrid. Ha sido un curioso cruce de caminos: mientras yo visitaba el Rijksmuseum de Ámsterdam, algunos de sus ilustres habitantes estaban instalados temporalmente en la exposición Miradas afines del Museo del Prado. Visitarla ha sido, pues, una gozosa prolongación de mi viaje. Entre todas las maravillas que en ella se exhibían, confieso mi absoluta rendición frente al cuadro titulado Anciana bendiciendo la mesa de Nicolas Maes. Es difícil transmitir el intenso magnetismo que irradia esta escena y que procede, en primer lugar, de su iluminación casi sobrenatural. La luz no incide sobre el personaje sino que emana de él, de su interior lleno de paz y recogimiento. La profunda meditación en que está sumida la anciana se expande a su alrededor y parece afectar a todos los objetos que la rodean, detenidos para la eternidad en un instante de privilegio. El único ser al margen de la mágica detención del tiempo es el gato que, en un divertido impulso, se cuelga del mantel. Su gesto juguetón tal vez termine en breves segundos con la placidez de la escena que estamos contemplando. En esta celebración del aquí y el ahora, Maes realiza un prodigioso estudio de las texturas: alimentos, piezas de loza y objetos de madera y metal cobran una extraordinaria relevancia, son únicos e irreemplazables gracias a la oración de su dueña. El rostro y las manos de esta son de un realismo sobrecogedor; cada pliegue y arruga nos habla de la firmeza frente a las contrariedades de una larga vida. La exposición del Prado se clausuró hace casi una semana y esta anciana estará ya tal vez de vuelta en su rincón del Rijksmuseum, bendiciendo sus sencillos alimentos y de paso a los visitantes que se detengan frente a ella y sepan contagiarse de su emoción.

lunes, 28 de octubre de 2019

PASAR LISTA

Lo comentaba esta misma mañana con una compañera: pasar lista puede convertirse en una aventura. Grupos masificados que inevitablemente traen de la mano un larguísimo inventario de nombres (con mucha frecuencia compuestos) y apellidos (a veces compuestos también). Una creciente proliferación de alumnos de variada procedencia, que sitúan al docente en la sonrojante situación de pronunciar con torpeza o de no ser capaz de pronunciar en absoluto. Nombres que nada nos aclaran sobre el sexo de la persona que los ostenta y que producen alguna situación equívoca. La repetición de un nombre de pila dos, tres o hasta cuatro veces en la misma aula, con las consiguientes confusiones (estas generaciones de Irenes, Lucías y Alejandros, como en tiempos lo fueron las de Cármenes y Josés…). Grupos que charlan interminablemente y que no responden al reclamo de su propio nombre. Alumnos que llegan tarde y a los que hay que buscar de nuevo en la lista para quitarles la falta o sustituirla por un retraso. Otros que se sitúan cada día en un punto del aula y que nos sorprenden siempre cuando responden a nuestra llamada. Los que no se dedican a la docencia no pueden imaginar qué fuente de anécdotas, qué trance lleno de obstáculos es el simple acto de pasar lista.

sábado, 5 de octubre de 2019

LOS CUADROS DE SEPTIEMBRE (2019)

Hay varios motivos para que Gerrit Dou creara este cuadro titulado Escuela nocturna, pero ninguno de ellos tiene que ver con que los colegiales holandeses del siglo XVII dieran clase de noche. En primer lugar, está el gusto de los pintores de la época por estudiar la incidencia de la luz sobre personajes y objetos, así como su clara preferencia por el claroscuro. Esta aula sumida en la sombra, cuyos ocupantes podemos distinguir gracias a la exigua iluminación procedente de varias velas y del farol apoyado en el suelo, es una excelente excusa para que Dou demuestre su pericia en este sentido. Entre los rostros de las dos muchachas que reciben el resplandor de las velas y la absoluta negrura del fondo hay toda una gradación de penumbras que intrigan al que contempla el cuadro y le obligan a esforzarse para distinguir los detalles de la escena, sin conseguirlo del todo. Pero hay otra razón añadida, de tipo simbólico: la luz que lucha contra las tinieblas representa el saber que se transmite y que disipa las sombras de la ignorancia. Suponemos, pues, que entre las chiquillas de rostro iluminado y los otros alumnos que se pierden en la oscuridad median unos cuantos escalones en el camino del conocimiento, como demuestra el gesto de reconvención con que el maestro se dirige a uno de ellos. En esta escena escolar, me gusta especialmente la figura del muchacho del primer plano que se inclina sobre una pequeña pizarra, disponiéndose a escribir. Su gesto refleja la concentración del que afronta un camino lleno de dificultades. Ese mismo camino que se abre por estas fechas para escolares y maestros de nuestro país. Un año más, este primer cuadro del mes de septiembre va dedicado a todos ellos.

domingo, 29 de septiembre de 2019

DAVID FRENTE A GOLIAT

Me enamoré de Greta Thunberg cuando supe cuál era el germen de su tenaz conciencia ecológica. Es posible que me hubiera enamorado de ella en cualquier caso, pero la historia que subyace tras su increíble dedicación a la lucha contra el cambio climático me parece propia de un personaje de novela.

lunes, 23 de septiembre de 2019

LECTURAS DEL PASADO VERANO (2019)

Como en los cuentos de hadas clásicos, la familia protagonista de esta historia vive en una casa apartada junto al bosque. Las dos hijas mayores deben ir al pueblo a hacer un encargo (¿qué no habrá ocurrido en esos desplazamientos a pie de los héroes y heroínas de nuestra infancia?) y se encuentran junto al camino a una extraña muchacha que les hace una propuesta: les enseñará su mágico secreto si las niñas hacen algo a cambio. Es aquí donde empieza la deriva oscura y perturbadora de este relato de la novelista victoriana Lucy Clifford, ya que lo que la desconocida les propone a las hermanas es que sean malas. A partir de ese punto, el lector asiste con inquietud a los desesperados esfuerzos de dos criaturas bondadosas por adentrarse en los terrenos de la maldad, hasta que su madre les hace una advertencia: si no vuelven a ser las mismas de antes, tendrá que marcharse para siempre y dejarlas al cuidado de su “nueva madre”. Este es el inquietante planteamiento de un relato que se puede interpretar al pie de la letra, con la asombrada intriga con que recibíamos los cuentos de nuestra niñez, o en una clave simbólica que se abre a territorios profundos y que nos producen desazón. La nueva madre habla del final de la infancia, de la búsqueda del propio lugar en el mundo, de la rebelión frente a los progenitores y, sobre todo, del desamparo que nos acompaña durante el resto de nuestras vidas cuando descubrimos que nuestros padres no son perfectos ni van a estar siempre ahí para protegernos.

domingo, 15 de septiembre de 2019

UNA PIZARRA

 
Una pizarra es un espacio en blanco ―un espacio en negro o en verde― que se extiende intacto y lleno de posibilidades, como los minutos que durará la clase a punto de empezar.

sábado, 7 de septiembre de 2019

EL TIEMPO DE LA GARZA

En mi viaje a Ámsterdam del pasado agosto tuve ocasión de presenciar una escena que me dijo mucho de los derroteros por los que discurre la vida moderna.

lunes, 2 de septiembre de 2019

LOS CUADROS DE AGOSTO (2019)

El más arcaico de los pintores contemporáneos, el ruso Andrey Remnev, recrea el universo hierático y majestuoso de los iconos tradicionales de su tierra en El desenredo del cabello. Para hacer más evidente el homenaje, incluye en el cuadro una clásica representación sacra, una hilera de ángeles con alas, coronas y ropajes dorados, que inclinan sus cabezas en un juego de perfecta simetría. Delante de ellos se desarrolla una escena cotidiana que parece haberse contagiado de la solemnidad de la pintura que le sirve de telón de fondo: el dorado inunda también la indumentaria de las dos figuras femeninas, dispuestas en una pose equilibrada y artificiosa. El delicado detallismo del artista alcanza su más alta expresión en los objetos representados, en el estampado de las telas, en las ondas de la melena, en los instrumentos de peinado meticulosamente dispuestos sobre el asiento. Hay dos elementos de esta cuidada composición que me atraparon desde el primer instante. Uno de ellos es el rostro de la muchacha protagonista, de una serenidad y un magnetismo extraordinarios. El otro, el juego de líneas y ángulos que rigen la disposición de las dos figuras femeninas. El cuerpo de la mujer de pie sirve de marco al lienzo, en una peculiar fusión de lo humano y lo decorativo. Su perfil sigue el mismo ángulo de inclinación que la cabeza torcida de la muchacha, cuya trenza tendida es la línea que une a las dos protagonistas de esta imagen sorprendente, a medio camino entre la ceremoniosidad del arte bizantino y la capacidad de sugerencia del arte moderno.

miércoles, 28 de agosto de 2019

EL CABO DE LOS ABRAZOS

El cabo Ortegal aparece resaltado en los libros de texto de Geografía por su condición de segundo punto más septentrional de España, después de Estaca de Bares. Es además un enclave de vistas privilegiadas, donde uno puede jugar con la imaginación a distinguir la línea que separa las aguas del mar Cantábrico de las de su padre, el océano Atlántico. Y puede ser también –como he comprobado esta misma mañana— el escenario de diálogos de singular hondura.

lunes, 26 de agosto de 2019

SOLITARIOS

He vuelto a Ámsterdam después de treinta años. Esto supone ―aparte del inevitable sobresalto que producen ciertas cifras― una acumulación de nuevas impresiones, el registro de imágenes que se superponen a las ya antiguas, la dificultad de discernir el origen de ciertas discrepancias: ¿es la ciudad la que ha cambiado, o los ojos que la miran? Supone también, y es la razón de esta entrada,  la continuación de historias que habían quedado abiertas.

sábado, 17 de agosto de 2019

SOMBRAS EN EL JARDÍN

Hace una semana visité en el Museo del Prado la exposición Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia. Entre otros atractivos, dicha exposición suponía el reencuentro con uno de los cuadros de mi infancia. Es una de esas imágenes que tengo integradas en mi vida desde hace más años de los que me gustaría reconocer. No recuerdo la primera vez que la vi; siempre he sabido que estaba ahí, dulce y armoniosa, con su aparente facilidad y el juego musical de las actitudes de sus personajes.

sábado, 3 de agosto de 2019

LOS CUADROS DE JULIO (2019)


Como me ocurre con cierta frecuencia, este cuadro me gusta ya desde su mismo título: El tango de la luna llena. Y digo que me gusta no solo porque se trata de una formulación sin duda sugerente, sino porque recoge a la perfección el carácter lúdico y soñador  de esta imagen. Su autor es Fabio Hurtado, un pintor español que recupera desde una perspectiva contemporánea la elegancia y el desenfado de los años veinte, con una técnica en la que se deja sentir la huella del cubismo. Sus cuadros están poblados de mujeres llenas de glamour que leen, conducen, nadan o viajan en tren, con frecuencia acompañadas por un característico perro como el que aparece en la esquina inferior derecha de esta composición, mucho más libre e imaginativa de lo que es usual en este artista. En efecto, nos encontramos frente a una escena de tintes oníricos, en la que personajes dispuestos en lo que parece más un escenario de teatro que un paisaje real se dejan llevar por el embrujo de la música. El tango que da título a la obra los arrastra con su hechizo y su fuerza: los dos bailarines danzan acoplados como dos piezas geométricas que encajan a la perfección; la intérprete del primer plano toca su pieza musical con mirada grave, como consciente del poder que ejercen sobre todos los presentes las notas que salen de su violín. Una mágica luna llena preside este conjunto artificial  y delicioso. Contemplándolo, me siento tan feliz como el clásico perro blanco de Fabio Hurtado, que observa la escena con un gesto que no dudo en denominar sonrisa.

miércoles, 31 de julio de 2019

PASAJEROS DE LA INTEMPERIE

Conduzco por un Madrid desierto en el mediodía de julio. Estoy esperando a que se ponga verde un semáforo que no afecta a nadie más que a mí. En el salpicadero, el termómetro me indica que en el exterior reina una temperatura imposible. Más que nunca, mi coche me parece un refugio frente a las penalidades del mundo.

domingo, 21 de julio de 2019

MATISSE EN BLANCO Y NEGRO

Si me llegan a decir hace una semana que me gustaría una obra de Matisse privada de los vibrantes colores característicos de este autor, me habría parecido una idea chocante. Pero entonces no había visitado aún la exposición Matisse grabador de la Fundación Canal de Isabel II. En ella se reúnen más de sesenta ejemplos de esta faceta no muy conocida del artista, casi todos ellos creaciones en las que la única presencia del negro sobre blanco o viceversa obliga a fijar nuestra atención en el juego de las líneas, en la expresiva y eficaz simplicidad del dibujo. 

lunes, 8 de julio de 2019

LA MISMA PLAYA

Aquí estamos un verano más. Probablemente, muchos somos los mismos, pero no nos reconocemos. Nos hemos cruzado en años anteriores, fijándonos tal vez en determinada característica física, en el bañador o en la ausencia de este, en el perro o en el niño que nos acompañaba, en el sombrero que nos quedaba tan ridículo, en el libro que leíamos sentados frente al mar. Aun así, no podríamos afirmar que nos conocemos. Y, sin embargo, esa es la sensación que tengo, aquí en la playa de mis seis últimos veranos: la de una profunda familiaridad, la de estar rodeada una vez más por antiguos camaradas de los que no conozco el nombre ni las circunstancias, pero que me transmiten una sensación de calidez, de tribu en la que todos nos sentimos incluidos. Es, probablemente, lo que transmitimos los seres humanos cuando nos despojamos de las ropas y las prisas, cuando olvidamos los horarios y dejamos de lado la constante lucha por asentar nuestro puesto frente a la amenaza de los demás.

sábado, 6 de julio de 2019

CUENTAN DE UN SABIO QUE UN DÍA

Me gusta mucho leer con mis alumnos un cuentecillo medieval que narra cómo un sabio se ha visto reducido a tal extremo de pobreza que debe sustentarse con bellotas, altramuces (existen varias versiones) o algún otro alimento igualmente humilde. El desdichado protagonista está lamentándose de su suerte cuando descubre algo que le sirve de inmediato consuelo: otro sabio sigue sus pasos, recogiendo las cáscaras que él ha ido arrojando detrás de sí. Ya en el siglo XVII, Calderón de la Barca le dio una preciosa formulación a esta historia dentro de su obra La vida es sueño, en una décima que recita Segismundo y que comienza con los célebres versos: “Cuentan de un sabio que un día / tan pobre y mísero estaba...” En esa revisión del tema, los personajes llegan al extremo de alimentarse de hierbas. No olvidemos que el XVII es el siglo del esplendor artístico y la miseria social. Barroco puro.

miércoles, 3 de julio de 2019

LOS CUADROS DE JUNIO (2019)

En mis clases de Literatura, a veces me encuentro con el curioso contrasentido de que hay ideas que no consigo expresar del todo con palabras. Me ocurre en especial al explicar los movimientos literarios; acumulo adjetivos para precisar la esencia del Barroco, el Romanticismo, el Surrealismo o el Renacimiento, sin lograrlo por completo: equilibrado, onírico, recargado, decadente, exaltado, fúnebre, subversivo, clásico, anticlásico… Entonces, cuando se me agotan los adjetivos, acudo a la pintura. Así me sucedió con el movimiento simbolista y esta impactante obra del artista suizo-alemán Carlos Schwabe, titulada La muerte del sepulturero. Con un estilo dibujístico propio de un ilustrador, Schwabe lleva a cabo lo que parece la recreación de una escena de leyenda. Todo está medido hasta el último milímetro en este cuadro plagado de sugerencias. Para empezar, el contraste entre la blancura del paisaje y el ángel negro sentado al borde de la sepultura produce un efecto sobrecogedor. Hay varios detalles que me gustan especialmente: las ramas secas que aíslan a la pareja protagonista, como un cortinaje invernal; la misteriosa luz verde que emana de la palma de la mano del personaje alado, que probablemente representa la vida que está en trance de arrebatar, y las alas negras que envuelven a su víctima como tentáculos. Bello, teatral e implacable, el ángel de la muerte es una figura a la vez hermosa y aterradora. Resulta inevitable identificarse con el anciano sepulturero, que mira a su ejecutor con una expresión entre el terror y la fascinación. Así es la impresión general que se desprende de esta escena tenebrosa: fúnebre, dramática, de una belleza oscura e inquietante… Al final, siempre se me desbordan los adjetivos.