lunes, 19 de agosto de 2013

EL OTRO ÁNGEL

En la iglesia de San Luis de los Franceses de Roma se encuentra la Capilla Contarelli, que debe su nombre a la italianización del apellido de un prelado francés que la adquirió en 1565. Este personaje sentía especial devoción por San Mateo, con cuyo nombre había sido bautizado, y quiso decorar la capilla con escenas de la vida de su patrón. Dicho proceso fue azaroso: el primer artista al que se le encomendó el trabajo murió sin iniciarlo siquiera; lo sustituyó otro pintor que se limitó a realizar los frescos de la bóveda. Finalmente, la tarea recayó en uno de los discípulos de este último, y gracias a él la Capilla Contarelli ha entrado definitivamente en la historia del Arte. Porque este discípulo al que el encargo llegó en tercera instancia era Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio.


El altar de la capilla Contarelli está decorado con tres pinturas impresionantes de Caravaggio. Bien es verdad que todas las de este autor lo son: pocos artistas han alcanzado las cotas de intensidad expresiva de este milanés de vida breve y tumultuosa. Inicialmente, Caravaggio recibió el encargo de recrear dos escenas de la vida de San Mateo. Decidió en consecuencia centrarse en el principio y el fin de su existencia como seguidor de Cristo: la aparición de Jesús en su despacho de recaudador de impuestos para pedirle que se uniera a su grupo de apóstoles y el instante final del martirio. Creó así los lienzos que ocupan en la actualidad, respectivamente, el flanco izquierdo y derecho del altar. Quedaba, sin embargo, el lugar de honor, donde en principio iba a ser colocada una escultura del santo pero que finalmente se decidió que fuera también decorado por Caravaggio. Y así comienza una curiosa historia jalonada de ingredientes desgraciadamente comunes en la historia del Arte: desencuentro entre patrocinador y artista, osadía del pintor, prejuicios de época, cambios de ubicación, guerra y destrucción.

El visitante que acude hoy en día a la iglesia de San Luis de los Franceses se encuentra en el altar mayor de la Capilla Contarelli con un hermoso lienzo titulado La inspiración de San Mateo. Siguiendo las doctrinas vigentes en aquellos tiempos en la Iglesia, que identificaban al apóstol con el autor del primero de los evangelios, Caravaggio recrea el momento en que el santo recibe la visita de un ángel mientras redacta su sagrado texto. Es una obra dinámica y expresiva: San Mateo escribe casi de pie, con la rodilla apenas apoyada en una banqueta, como urgido por una tarea trascendente que no puede demorar, y vuelve el rostro hacia una figura aérea que irrumpe por el ángulo superior del cuadro y que con un elocuente gesto de sus dedos parece indicarle los elementos imprescindibles que el anciano debe incluir en su escrito. La destreza en la plasmación de las texturas de piel y ropajes es indescriptible. Es una obra bellísima y que sobrecoge al que la contempla, pero que no puede compensar del todo la tristeza del que, al investigar un poco, descubre que esos no son el Mateo y el ángel originales que su autor soñó para tan privilegiado espacio.

Antes que esta Inspiración de San Mateo, Caravaggio había pintado para su ubicación en el mismo emplazamiento un cuadro titulado San Mateo y el ángel. Este título sencillo y encantador recoge perfectamente el carácter de la obra, en la que se muestra a un evangelista entrañable que se abandona totalmente a la guía de su sobrenatural acompañante. El ángel es un ser delicioso, de rasgos dulces y rizos femeninos, que aparece recostado sobre el hombro del santo en una confiada posición infantil. La expresión del rostro de San Mateo es de perplejidad: sospechamos que, sin la mano gordezuela del ángel que guía la suya sobre el papel, sería incapaz de llevar adelante su escrito. Más que el solemne evangelista y su inspirador espiritual, parecen un abuelo y su nieto concentrados en una tarea común en la que el niño ejerce de maestro. Sin embargo, este lienzo conmovedor y tan cercano a una sensibilidad moderna hirió por igual la susceptibilidad de autoridades eclesiásticas y creyentes: era inadmisible la presentación del santo como un palurdo analfabeto, en relación tan familiar con un ser de naturaleza divina. Caravaggio se vio obligado a realizar otro cuadro más acorde con las consignas oficiales, y creó el que hoy en día se puede admirar tras el altar mayor de la capilla.

Pero no termina aquí la azarosa historia de este San Mateo y el ángel rechazado por sus contemporáneos. La pintura, alejada del emplazamiento para el que fue creada, fue adquirida por un eclesiástico de visión más abierta, el cardenal Benedetto Giustiniani. Dicho personaje pertenecía a una importante familia de amantes del arte en la que destacaba su hermano, el marqués Vincenzo Giustiniani, gran coleccionista y protector de Caravaggio. El cuadro formó parte así durante siglos de una importante colección que se disgregó a comienzos del siglo XIX, cuando el rey de Prusia compró más de un centenar de pinturas y las destinó a distintos museos de Berlín. Entre ellas estaba nuestro San Mateo, que pasó a engrosar los fondos del Kaiser Friedrich Museum. No podría haber sufrido peor suerte, esta obra que ya se había tenido que enfrentar a unos cuantos infortunios. Porque allí la sorprendió la Segunda Guerra Mundial y fue destruida en un bombardeo en mayo de 1945. Conservamos de ella tan sólo fotografías en blanco y negro realizadas antes del conflicto. Gracias a ellas podemos hacernos una idea aproximada de la osadía de la composición y de la sorprendente ternura de un cuadro realizado por un pintor tan poco dado a los sentimientos apacibles, pero nunca llegaremos a conocer la intensidad de los colores originales ni el juego de la iluminación. Aunque tal vez esta carencia la haga inolvidable para los que amamos a Caravaggio. Es de esas pinturas que tendremos que completar con la paleta de nuestra imaginación. Quizá, después de todo, no es un mal destino para una obra de arte.

6 comentarios:

  1. Buenos días:

    Una entrada excelente, un pintor excelente, un tema excelente (habría mucho que contar sobre Mateo, el publicano) y un apasionante episodio de la vida del mismo.
    Le felicito por todo el trabajo y esfuerzo que realiza en desarrollar este blog. Siga adelante.

    Un saludo cordial.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por los ánimos y por la valoración de la entrada, algo que resulta muy gratificante en esta labor tan solitaria. Un saludo y hasta pronto.

      Eliminar
  2. la próxima vez que vaya a Roma iré a visitar la Capilla Contarelli. Qué fácil provocas mi imaginación.Lola

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es fácil provocar la imaginación, andando Caravaggio por medio. Yo también querría encontrarme alguna vez frente al ángel que le dicta el evangelio a San Mateo. Lo triste es que no sea posible ir a visitar al otro, el que guiaba la mano del santo con gesto tan amoroso.

      Eliminar
  3. Qué casualidad, Beatriz… Hace pocos días estuve en Roma contemplando la Capilla Contarelli. Confieso que entré con ciertos aires de “esto ya lo he visto”, pero me sobrecogió de nuevo la impresionante luz, la sorpresa del San Mateo señalado, el vuelo del ángel… Poco después en el Museo Vaticano, elegí para ti un marcapáginas con un San Mateo que se deja guiar confiadamente por un ángel, de Guido Reni (¡vaya coincidencia!). Me encantó. Espero que este otro te "compense" algo la pérdida del de Caravaggio… Gracias por este fascinante espacio, al que me incorporo después de una larga ausencia. Un abrazo, Choni.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No sabes la envidia que me produce saber de tu visita a la Capilla Contarelli. Yo no la conozco. Roma es para mí una gigantesca deuda pendiente: he ido varias veces y siempre me parece que aumenta el saco en que acumulo las visitas que no he tenido tiempo de hacer. Cuando más leo o investigo, más me doy cuenta de que la desconozco. En mi imaginación, es una especie de monstruo que se va alimentando de mis deseos de visitarla a conciencia.

      Lo del marcapáginas y mi entrada sobre los ángeles de Caravaggio no me parece tanto una casualidad como un ejemplo de que compartimos el gusto por muchas cosas y de que sabes bien lo que me interesa.

      Gracias por regresar siempre a este espacio.

      Eliminar