sábado, 6 de julio de 2013

SIMPLEMENTE ESCRIBIR


Hace más de un año, incluí en este blog una sección titulada Los lectores de Kertész, por la que fueron desfilando algunas de las hermosas imágenes en las que el genial fotógrafo húngaro inmortalizó a personas de las más diversas edades y profesiones concentradas en la lectura. Ahora quiero traer aquí una serie similar de fotografías, las tomadas por el estadounidense Steve McCurry en sus múltiples viajes por el mundo, con frecuencia por zonas desfavorecidas y en conflicto, en las que se recoge a gentes de variada condición unidas por el mágico acto de escribir. La colección lleva el conciso título de Just write y es un emocionante homenaje a la escritura, esa tarea que, junto con su hermana la lectura, nos hace alcanzar el rango superior de humanidad.
 

Steve McCurry –ya lo he comentado en alguna ocasión en este espacio- es un mago del color. Frente a su objetivo, el mundo parece estallar en un haz de fuegos artificiales de increíble viveza. Hasta sus imágenes más tristes y sombrías están siempre animadas por la maravillosa luminosidad de su gama cromática. Los escritores a los que inmortaliza en Just write son habitantes de países distantes entre sí: India, Perú, Sri Lanka, Costa Rica, Tailandia, Mali, Yemen, Afganistán. Son niños que están aprendiendo en la escuela, pero también mujeres que acuden con el rostro cubierto a votar, en un intento por buscar una rendija de libertad en ese férreo régimen que les permite asomar sólo los ojos. Son escritores y reporteros que se detienen en medio de la calle, armados de libretas, que se sientan en un banco y dan rienda suelta a la urgencia de su inspiración. Gente sencilla que anota las cuentas de su negocio durante la larga espera de un cliente en un puesto callejero. Humildes mecanógrafos que trabajan escribiendo mensajes por encargo en plena calle. O peregrinos que dejan testimonio de su fe en un muro sagrado. En las fotos de McCurry se escribe sobre todo tipo de materiales: en las pizarras, en los cuadernos escolares, en las paredes, sobre la piel. Con pincel, con lápiz, con tiza, con máquina de escribir. Son cuentas, artículos, novelas, ejercicios de caligrafía, muestras de devoción. Son palabras y cifras destinadas a durar o a que se las lleve el viento. Son ejemplos de ese monumento múltiple y variable, que late al son de las necesidades humanas, que es la palabra escrita.


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