sábado, 5 de noviembre de 2011

CAMBIAR DE PIEL

El próximo lunes, me toman el relevo en la coordinación del club de lectores de Valmojado. La encargada será una compañera muy querida que este curso trabaja lejos de nosotros, pero de la que nos sentimos cerca por razones cibernéticas y sentimentales. Es una experiencia grata esta de delegar: nada de preocupaciones, nada de leer tomando notas ni preparar materiales en los días previos a la cita. Pero también tiene su parte inquietante, derivada del hecho de que el libro que servirá de base a la tertulia es mi novela Alguien aguarda en el sueño. No estoy segura de que vaya a resultar muy tranquilizadora la experiencia de presenciar cómo un conjunto de lectores debate sobre una de las criaturas de mi imaginación que más me ha costado traer al mundo. Pero lo que sí tengo claro desde hace días es que la idea de volver a leer uno de mis escritos me intranquiliza profundamente.

Llevo más de una semana recordándome a mí misma la obligación de releer mi novela para tenerla bien fresca de cara a la tertulia. Estaría mal que los lectores recordaran los detalles con más viveza que la propia autora. Todos los días, al llegar a casa, miraba de reojo el librito aposentado en la estantería y pensaba: Esta tarde, sin falta. O tal vez: Muy pronto, cuando termine la novela que estoy leyendo. Pero nunca encontraba el momento de volver a intrincarme en una trama a la que puse punto y final hace ya unos años, en diciembre de 2007. Me parecía incluso que el diseño de la cubierta, que tanto me gustó cuando lo vi por primera vez, adquiría tintes amenazadores. Que me daba miedo la perspectiva, vaya. No soy de los autores que disfrutan releyéndose, igual que no soy de esas personas a las que les gusta mirar atrás.

Pertenezco, me temo, a ese grupo de escritores lentos y exasperantes que, mientras se encuentran inmersos en la producción de una obra, leen y releen, pulen y transforman, borran y vuelven a empezar. Mis proyectos avanzan siempre despacio y suelen verse truncados a la mitad y condenados a buscar un nuevo comienzo. Es como estar siempre abocado a esa casilla terrible del juego de la oca que obliga al jugador a regresar a la salida cuando ya está a un tiro de piedra del final. Si se pudiera elegir, a mí me gustaría más ser una escritora impetuosa, que avanzara imparable como un tren, sin autocrítica, sin dudas, llevada por su propia historia como una rama arrastrada por la corriente. Pero, claro está, eso sería tanto como elegir el propio carácter: un imposible. Así que me conformaré con esta forma lenta, artesanal, de escribir y reescribir. Es, supongo, algo parecido a ir puliendo la madera de un mueble: no se pueden pretender resultados instantáneos. En contrapartida, esa escritora pausada que ha leído y corregido hasta la extenuación, no quiere saber nada de sus historias una vez que las ve en letras de imprenta. Releerse es como volver atrás en el tiempo, como meterse en la piel que uno tenía hace unos años y encontrarse inmerso en relaciones que han perdido interés, en proyectos que ya no emprendería, en amistades que, ahora lo sabemos, no tuvieron tanto valor como prometían. No me veo, francamente, sentada en la silla que ocupé durante mis años en el colegio, ni departiendo amistosamente con mis compañeros de facultad, tumbada en el césped. Tampoco me veo leyendo las líneas que escribí cuando sentía y pensaba, cuando escribía, en definitiva, de una forma que no es ya la actual. Nunca miro fotografías antiguas ni releo cartas, guardo en lo más profundo de los cajones los recuerdos de los amigos que ya no están, y tengo que poner especial atención para defenderme de esos objetos traicioneros que se resbalan del interior de los libros que leímos en tiempos mejores. Soy, me doy cuenta, una persona que cada cierto tiempo cambia de piel. Curiosa cualidad para alguien a quien aterran las serpientes.

Y mientras tanto, ese alguien que aguarda en el sueño sigue esperando mi relectura.

5 comentarios:

  1. No sé quién está más intranquila por la cita de mañana, si tú o yo… Dejé ayer la preparación de la tertulia, que “aguarda” para su relectura de mañana. Como tú, siempre que releo mis propios textos -lamentablemente, los míos no son literarios- modifico y cambio palabras, así que necesitan un reposo. Tengo la sensación, tras indagar estos días en tu obra, de conocerte mejor, qué curioso... Comparto lo que sientes al volver atrás en el tiempo, pero espero de corazón que mañana tengas una agradable sensación de vuelta al pasado…
    Un abrazo y hasta dentro de un rato,
    Choni

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  2. Yo la he releído este fin de semana y todavía me ha gustado más, me ha inquietado más. Me sorprende cómo las palabras, una detrás de otra, pueden inquietarme tanto. Coincido contigo en no querer mirar atrás pero creo que por cuestiones diferentes. Quizá, ... Espero mucho de mañana, de las aportaciones y las visiones que el grupo me hace descubrir. Y de Ch. que ha hecho un trabajo increíble. Lola

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  3. La Tertulia es un momento, para mi, de enorme disfrute. Desde siempre, desde su inicio, en momentos de mucho trabajo, de tensión, participar en la tertulia ha supuesto un espacio increible porque su dinamismo, las aportaciones de los otros miembros siempre me han hecho descubrir perspectivas y enfoques en los que yo no había pensado, curiosidades, aspectos ocultos de la trama o de los personajes, y hasta de las cosas, objetos que condicionan, paisajes, ...
    La de ayer no me defraudó. Es curioso como pueden aportar, con su visión, una buena preparación y una buena dinámica. Os admiro. Qué bien contar con vosotras. Lola

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  4. Una de las sensaciones más sencillas y agradables es la ilusión en la espera de una lectura. Y tú ayer, Bea, como si adivinaras mis pensamientos, me comentaste amablemente acerca de esta cuestión: "Alguien aguarda en el sueño". Personas muy diferentes me han hablado con gran entusiasmo de esta novela, lo cual aún da más valor a la espera. Desde adivinar un pensamiento a entregar a alguien un papel que se le ha caído al suelo, hay tantas formas de expresarse como personas. La tuya es una amabilidad sincera y sencilla, que quiere hacerse invisible y en la que cada gesto es un regalo.

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  5. ¡Cuánta gente a la que responder! Es como regresar a casa tras unos días de ausencia y encontrarse el buzón a rebosar de mensajes de amigos. Iré por partes:

    Choni: Mi admirado Paul Auster dice algo así (escribo de memoria) como que una novela es la única situación en que dos desconocidos pueden charlar en términos de absoluta intimidad. Lo curioso es que, según tú misma afirmas, es también una situación que permite intimar más con personas con las que ya se tiene trato. Dices tener la sensación, tras releer mi novela, de conocerme más. También a mí tu forma de comentarla y de extraer conclusiones que a mí no se me habían ocurrido me dice mucho de ti.

    Lola: Siempre resaltas lo que nuestro club de lectores te aporta, como si tú no contribuyeras, y mucho, a levantarlo con tu entusiasmo. Se me suele presentar (Choni lo hizo ayer) como una persona que disfruta leyendo y compartiendo lo que lee, y puedo asegurar que me he vuelto así en buena medida a raíz de conocer a personas como vosotras.

    Confidente fiel: Hablas de mi amabilidad y a mí me parece que te tengo en el más cruel de los olvidos. ¿Cuánto hace que te prometí un ejemplar de “Alguien aguarda en el sueño”? Está claro que debo tomar cartas en el asunto de una vez. Me parece que a estas alguras –válgame el juego fácil- ya has aguardado demasiado.

    Me encanta que hayáis coincidido en la misma entrada, porque así os puedo dar gracias simultáneamente por vuestra fidelidad. Este blog no sería el mismo sin vuestros comentarios.

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