miércoles, 9 de febrero de 2011

IMÁGENES EN CADENA

Hace unos días, una fiel seguidora de este blog me hacía notar en su comentario que uno de los cuadros de la semana del mes de enero, Mujer joven en la playa del pintor noruego Edvard Munch, le había traído a la mente la portada de un libro de Henning Mankell, Zapatos italianos. Como no lo tengo en mi biblioteca ni lo recordaba tampoco de mis frecuentes indagaciones por librerías y escaparates, he buscado la imagen en la red y aquí la incluyo:


La semejanza resulta evidente: la pequeñez humana frente al mar, el personaje que da la espalda al espectador y con el que sin embargo creemos conectar mejor que si le viéramos el rostro. Una persona anciana aquí y otra joven en Munch, y la misma sensación de soledad. Pero prosigamos con la cadena de parecidos. En cuanto vi la portada, se produjo en mi cabeza una asociación con un cuadro que descubrí hace tiempo y que me descargué de Internet (maravilloso recurso para los coleccionistas de arte carentes de fortuna) para agregar a mi galería virtual. En él aparece también una playa que se extiende hacia el horizonte, los protagonistas –en este caso dos mujeres- están de espaldas al espectador y domina la escena la misma blancura sobrecogedora que en la imagen de la portada de Zapatos italianos. Su autor es Peder Severin Krøyer, pintor danés de finales del XIX, y el cuadro se titula Tarde de verano en la playa sur de Skagen:


Pero la cosa no termina aquí. Como el nombre de Skagen me resultaba muy familiar, de nuevo una breve indagación en la red y hete aquí que descubro que se trata de una ciudad del norte de Dinamarca en cuya hermosa playa chocan dos mares, y que si el nombre me suena tan conocido es porque aparece de forma recurrente en las novelas de Mankell protagonizadas por el comisario Wallander. Curiosa casualidad. Menciono los dos casos que recuerdo: en La falsa pista, a lo largo de una trama especialmente inquietante y cruel, el policía anhela, con ilusión casi infantil, encontrar un hueco en medio del horror que investiga para escaparse a las blancas dunas de Skagen en compañía de la mujer a la que ama. Y otra de las novelas de la serie, El hombre sonriente, se abre con la figura de un caminante solitario que pasea un día tras otro por la desierta playa de Skagen y que más adelante se descubre que es el propio Wallander, alejado de su labor policial por serios problemas psicológicos. Curioso círculo que se cierra: playas desiertas en los confines de Europa y personas que pasean por ellas, en pareja o en soledad, en cuadros o en las páginas de una novela. También las imágenes y los libros se hacen eco mutuamente, se lanzan guiños cómplices, se encadenan.

4 comentarios:

  1. que preciosa entrada! voy a seguir cotilleando, pero antes de despedirme quería invitarte a mi baúl,por si quieres compartir algún sueño con todos los amigos de Coquette.
    te espero!
    hasta pronto =)

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  2. Gracias, María, y bienvenida. Es lo mágico de los blogs: de pronto alguien desconocido irrumpe en este rinconcito que uno ha amueblado como si fuera su propia casa, y ese alguien viene lleno de ideas y palabras para compartir. Por supuesto, María, acepto la invitación a pasarme por tu "baúl de sueños". Hasta pronto.

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  3. ¡Cómo disfruto leyendo tu blog, querida Bea! Seguro que más que cualquier otra persona que no tenga la suerte de verte a diario y compartir muchas horas en esa "fábrica de mentes" en la que juntos trabajamos desde hace ya bastantes años. Esto me permite, no solo leer los deliciosos textos de tus entradas, sino tener la sensación de escucharte al mismo tiempo, lo que multiplica el placer. Tenía ya ganas de escribirte este comentario, también como señal de fidelidad a tu blog desde el primer día y hoy ha sido el momento elegido.

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  4. Lo mismo me pasa a mí con tus comentarios, Luis; además, fuiste el primero en lanzarte a escribir cuando el blog daba sus primeros pasos, y eso no se olvida fácilmente. Gracias por seguir ahí. Nos vemos el lunes en nuestra "fábrica de mentes" (esperemos que de mentes lúcidas, abiertas e inquietas... al menos, con esa intención trabajamos cada día).

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