jueves, 20 de abril de 2017

PECADORAS ARREPENTIDAS (II)

El pasado mes de septiembre publiqué una primera entrada sobre las representaciones pictóricas de la figura de María Magdalena. La componían tres visiones alejadas entre sí pero que se movían dentro de los parámetros clásicos: Magdalenas elegantes, bellas, sufrientes, comedidas en su dolor. Añado ahora una nueva entrega, en la que se incluyen obras de artistas más recientes o al menos de concepciones más modernas, que nos ofrecen versiones alejadas de los cánones tradicionales, sorprendentes e incluso rompedoras. El personaje dolorido y abnegado de épocas anteriores se contagia de una nueva visión del papel de la mujer.

viernes, 14 de abril de 2017

CIGÜEÑAS

Hace un par de días volví de viaje y una de las primeras cosas que hice fue descargar en el ordenador las fotografías de mi cámara digital. Y, como me suele suceder en semejantes ocasiones, mientras lo hacía me vinieron a la cabeza las imágenes que por motivos distintos no pude recoger con mi cámara; esos detalles, esos momentos contra los cuales conspiró la noche, el contraluz, las prisas o lo inoportuno de su aparición frente a mis ojos. También como siempre, me parecieron las imágenes más bellas de todas las que había contemplado, mucho más que las que aparecían rigurosamente almacenadas en los archivos que iba guardando en una carpeta de mi ordenador. Es, supongo, el destino de los soñadores, los románticos y los insatisfechos: siempre nos parece mejor lo que se nos escapa.

sábado, 8 de abril de 2017

UNA ENFERMEDAD INCURABLE

Cuando tengo que leer a los clásicos con mis alumnos, uso siempre textos adaptados. Es un tema que suscita disparidad de opiniones: de un lado, los que defienden que, sin su forma original, una obra literaria se desvirtúa; de otro, los que creen que un primer acercamiento tiene que pasar necesariamente por la comprensión, aunque eso implique ciertas “traiciones”. Yo me alineo con estos últimos; la adaptación es, para mí, un mal menor: los que luchamos a diario con el despego hacia la literatura, nos volvemos prácticos por necesidad.

domingo, 2 de abril de 2017

LOS CUADROS DE MARZO (2017)

Las escaleras son un escenario frecuente en mis sueños; sin duda, por ello me atraen los cuadros que las tienen como elemento central. En la pintura, los personajes que son plasmados subiendo escaleras nos parecen voluntariosos y esforzados, o atrapados en un ámbito estrecho que no los deja escapar, en una labor que les obliga a realizar un esfuerzo extraordinario. Los que se disponen a bajarlas evocan en cambio ideas de libertad o de aventura, de búsqueda de una salida, de valientes incursiones en la cara más oculta de la realidad. Si el personaje en cuestión es además un niño, dicha impresión de hace más fuerte. El pintor postimpresionista francés Henri Lebasque nos deja una encantadora plasmación de este tema en su cuadro Niño en una escalera.  Lebasque es un artista expresivo, de trazo ágil, acostumbrado a recrear el mundo de la infancia. En este caso, capta con deliciosa eficacia el paso inestable del niño que debe buscar el apoyo de la pared al bajar unos escalones demasiado altos para la longitud de sus piernas. El caballito de juguete abandonado en primer plano nos sugiere la presencia en el piso de abajo de algo que ha prendido la atención del pequeño protagonista: un ruido en el exterior, la puerta de la calle al abrirse, la voz de un recién llegado. La figurita a punto de desaparecer tras un recodo de la escalera nos hace pensar en un personaje de cuento que se adentra en las profundidades en busca de un tesoro. Pero cualquier pensamiento siniestro queda desterrado por el alegre colorido de la escena: con su verde claro y sus tonos rojizos, Lebasque nos está indicando que a este niño solo pueden esperarle gozosas aventuras en el piso de abajo.