sábado, 7 de enero de 2017

LA VIDA FRAGMENTADA

Cuando el lector se acerca a Manual para mujeres de la limpieza de Lucia Berlin, lo hace preparado para enfrentarse a un libro de relatos. Las primeras historias así lo confirman: pinceladas narrativas que transcurren en ambientes distintos, protagonizadas y con frecuencia contadas por personajes sin relación alguna entre sí. Pero, a medida que se avanza en la lectura, van apareciendo pequeños detalles dispersos por doquier que pueden pasar inadvertidos por su sutileza o funcionar como señales para orientarse en la marea narrativa.

No sé si les sucederá lo mismo a todos los lectores de este libro, pero en mi caso, el primer indicio fue la lavandería, escenario central del cuento que abre el volumen, y cuyos peculiares dueños son mencionados más adelante en varias ocasiones. Pronto se hizo evidente que sucedía lo mismo con otros escenarios: las urgencias de un hospital, la escuela para hijos de familias adineradas, el pueblo minero, el complejo turístico en México. Ante mis ojos se empezó a formar una figura caleidoscópica cuyas piezas parecían tener una relación que no era capaz de captar del todo. Entonces, sobre ese entramado espacial, se superpusieron los personajes.

La niña protagonista de una de las primeras historias menciona a su abuela Mamie. Ella es el pistoletazo de salida para empezar a recomponer este gigantesco rompecabezas, porque dicha abuela aparecerá mencionada una y otra vez en relatos posteriores. Para nuestro asombro, su nieta lo mismo es una niña, una mujer de edad madura, una anciana o una joven; la conocemos estudiando, en la casa de su infancia, enrolada en sucesivas relaciones amorosas, luchando contra su adicción al alcohol, cuidando a su hermana enferma de cáncer, viviendo la soledad de la vejez. Se trata de la misma mujer captada en distintos momentos de su vida, que se nos transmiten en desorden, sin voluntad alguna de crear un hilo narrativo reconocible para el lector. Pronto captamos otras líneas que vinculan los distintos cuentos protagonizados por esta mujer: la figura de una madre terrible, la tardía relación con una hermana menor con la que se reencontrará cuando esta se enfrenta a una enfermedad terminal. El armazón va cobrando así solidez y la historia se estructura en nuestra cabeza. Lo mismo sucede con los protagonistas de otros relatos, de cuyas existencias nos llegan noticias aisladas, separadas a veces por grandes distancias cronológicas o espaciales. Frente a este despliegue, tenemos la opción de operar como un paciente reconstructor de puzles, colocando en su lugar las piezas que se nos van brindando y confiando en que los grandes vacíos se llenarán más adelante, o bien dejarnos llevar sin más por la corriente narrativa, disfrutar con las sorpresas, reconocernos en los dolores y las limitaciones de los personajes, admirar la viveza de las descripciones.

Por lo que sé de la vida de su autora, Lucia Berlin escribió sus relatos al hilo de sus propias experiencias, en un prodigioso ejercicio de transmutación en literatura de la dura tarea de vivir. No había en ella ninguna intención de crear una obra unitaria. A esto se une el hecho de que Manual para mujeres de la limpieza es una antología realizada por el escritor Stephen Emerson, que tuvo un fuerte vínculo de amistad con la autora y que eligió a la muerte de esta los relatos que según su criterio debían ser publicados juntos. Lo curioso de esta azarosa reunión de historias es que, con su estructura caótica, producen una intensa sensación de unidad. Cuando se termina de leerlas, se tiene la impresión de saber mucho sobre un puñado de figuras femeninas, de las que sería difícil trazar su biografía de una forma lineal y reconocible, pero sobre cuyas pulsiones e intimidad se tienen numerosos datos. Figuras femeninas que, en última instancia, nos remiten todas ellos a la personalidad intensa y diletante de su creadora. Manual para mujeres de la limpieza viene a ser así la historia de una vida. Una vida que nos llega fragmentada, sometida al impulso caprichoso del recuerdo, pero que traza en nuestra imaginación un panorama más poderoso que el que dibujaría la más planificada de las novelas.

2 comentarios:

  1. Es ... como la vida de cada una de nosotras, escenas diferentes que, a veces, recordamos como escenas inconexas con su dolor, su esperanza, su tristeza, su dolor, ... Es impresionante su capacidad de trasmitir y de permitirnos qurerla.

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    1. Me gusta esto que dices, Lola: "permitirnos quererla". Con su desgarradora sinceridad, dejando aflorar experiencias que cualquiera de nosotros enterraría bajo capas y capas de educación y conveniencia social. Es inevitable querer a una persona tan fuerte como para admitir su fragilidad y exponerla frente a nuestra mirada. Inevitable reconocernos en ella y tal vez, de rebote, querernos y perdonarnos a nosotros también.

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