viernes, 30 de diciembre de 2016

AMOR PRECOZ

De vez en cuando, las reuniones navideñas con personas con las que no guardamos contacto habitual nos traen regalos inesperados. A mí me ha sucedido hoy, cuando una amiga que tiene dos niños pequeños me ha contado una anécdota que no me resisto a compartir aquí.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

RITUALES

Tengo la costumbre de quedar con un amigo a tomar café la tarde de Nochebuena. Es algo que empezó por casualidad, pero cuando nos dimos cuenta de que la circunstancia se repetía, nos divirtió la idea de convertirlo en un ritual. Ni este amigo del que hablo ni yo somos personas especialmente navideñas. Nos divierte por ello nadar un poco contra corriente, apurar hasta el final la hora admisible, esa frontera que marca el momento en que la gente al uso corre para llegar a sus reuniones familiares; esa línea sutil que divide, en definitiva, a los integrados de los que no tienen adónde ir.

domingo, 25 de diciembre de 2016

LECTURAS DEL PASADO OTOÑO (2016)

David Mitchell hace en El atlas de las nubes una apuesta realmente arriesgada. Podríamos decir que se trata de la suma de seis novelas en una, o mejor aún, de un viaje a través de distintos géneros novelísticos, desde la aventura tradicional hasta la ficción postapocalíptica, pasando por la trama negra pura y dura o el humor disparatado. El lenguaje del autor se pliega a la índole de cada una de las historias que van desfilando frente al sorprendido lector con la trayectoria propia de un bumerán: las cinco primeras tramas avanzan hasta verse interrumpidas de improviso, la sexta se narra entera y, a partir de ahí, se produce un viaje de retorno en sentido inverso para ir dando un desenlace a las historias inconclusas. Se trata de un auténtico alarde estilístico y un divertido juego en el que el lector se va sorprendiendo una y otra vez al descubrir los engranajes que vinculan unos y otros relatos (una historia se convierte en el libro que el protagonista de la siguiente encuentra en una estantería, o se transforma en una película que un personaje posterior ve en el cine, o es un interrogatorio cuya grabación cae en manos del siguiente protagonista…). Da la impresión de que David Mitchell, que es doctor en Literatura Inglesa y Americana (¿por qué no me extraña?), se ha divertido muchísimo metiéndose en los entresijos de distintos géneros novelísticos, manejando sus engranajes y clichés con gracia y solvencia. Tal vez el lector medio encontrará desconcertante el conjunto y disfrutará en distinta medida de unas y otras historias. Yo me quedo sin duda con la segunda, la titulada Cartas desde Zedelghem, que narra la relación entre un compositor anciano y enfermo y el joven que le ayuda a transcribir las melodías que alberga su cerebro. Se trata de una historia elegante, europea, cínica, ingeniosa y a ratos poética: la más cercana, sin duda, a mis gustos habituales. El bumerán de Mitchell me hace viajar al fin del mundo para regresar al final a lo que me resulta más cercano.

lunes, 19 de diciembre de 2016

PARA NO DECIR ADIÓS

Lo confieso: a lo largo de mi vida, he salido sin despedirme de unas cuantas situaciones. De fiestas, de finales de curso, de la vida de ciertas personas. Es algo de lo que no me siento precisamente orgullosa, y creo que no me animaría a hablar aquí de ello si no me hubiera reconocido hace unos días en el protagonista de una novela de Patrick Modiano. Una vez más.

domingo, 11 de diciembre de 2016

AÑICOS

Escucho por la radio que el viernes pasado se produjo un doble atentado terrorista en la ciudad nigeriana de Madagali. Las responsables fueron dos niñas de unos siete años que hicieron explotar las bombas que llevaban adheridas al cuerpo en medio de un concurrido mercado.

jueves, 8 de diciembre de 2016

ELOGIO DEL PAPEL

Hace un año por estas mismas fechas llegó a mis manos un regalo que me ha hecho mucha compañía. Se trata de un libro electrónico que ha viajado pegado a mí, en trayectos cortos y largos, poblado con su prodigiosa profusión de voces e historias. Hemos compartido ratos perdidos en cafés, viajes en metro y avión, noches de insomnio en hoteles, esperas de amigos que se demoraban. A pesar de mis reticencias iniciales, no dudo en calificar de idilio lo que me ha unido a él (los amores inesperados tienen ese encanto especial que les otorga el desconcierto). Pero eso no me ha impedido, durante este año que se acerca a su fin, tener felices encuentros con libros en papel. Soy así de veleidosa.

sábado, 3 de diciembre de 2016

LOS CUADROS DE NOVIEMBRE (2016)


El pintor francés Jean-Louis-Ernest Meissonier (1815-1891) supo acercarse con vigor y solemnidad a los grandes acontecimientos de la historia reciente de su país, pero también demostró una sensibilidad especial para fijarse en seres anónimos y elevarlos a la condición de protagonistas. Los personajes que pueblan su pintura lo mismo son Napoleón y sus generales que unos parroquianos que juegan a las cartas o, como en el cuadro que traigo hoy a esta sección, unos humildes actores. Cómicos ambulantes es el título de esta obra en la que, como suele suceder siempre que el elemento humano es lo primordial, un fondo neutro hace que las figuras alcancen un especial relieve. El muro y el suelo de tonos dorados son el delicado marco que envuelve a los dos modelos, plasmados con detalle y exquisitez. Con gran sabiduría, Meissonier elige un momento de intimidad de los personajes, a los que sorprende en pleno reposo en el caso del hombre y en un profundo ensimismamiento en el de la mujer. Los atributos que los identifican como actores, las vestimentas de personajes de la Commedia dell’arte y el instrumento musical, contrastan con la profunda impresión de melancolía que se desprende de ellos. Es una imagen muy conmovedora: estos cómicos que hacen reír en calles y plazas, que viven rodeados de la expectación y el griterío, aparecen plasmados en soledad, con sus herramientas de trabajo como única posesión y el duro suelo como refugio.