lunes, 28 de marzo de 2016

ÚLTIMAS CHARLAS CON MANKELL

Uno no suele demorar las lecturas que le atrapan: al contrario, está deseando encontrar un hueco en la rutina diaria para sumirse en ellas. Le gustaría que nunca se terminaran, pero no puede hacer gran cosa por evitarlo; las páginas fluyen, ligeras, hacia el final. Según esto, de lo mucho que he tardado en leer este último libro de Henning Mankell se podría inferir que no ha suscitado demasiado mi interés. Nada más lejos de la realidad. He encontrado en él tantos motivos de gozo e identificación que me producía enorme alegría tenerlo sobre la mesilla de noche, esperándome. Y, sin embargo, me he complacido en abusar de su paciencia, en alternarlo con otras lecturas, en retrasar el avance del marcapáginas. La razón era, precisamente, que se trataba del último libro de Mankell. Llegar a su línea final me parecía como dar por zanjada una larga conversación con un amigo.

martes, 22 de marzo de 2016

LECTURAS DEL PASADO INVIERNO (2016)

Los niños que no se pueden dormir piden que les cuenten una y otra vez la misma historia; será que les tranquiliza moverse en el terreno confortable de las tramas cuyos recovecos y final conocen. Yo no sé si caí en eso de niña, pero en la actualidad, cuando me pongo enferma o estoy cansada o desanimada o todo lo anterior junto, acudo a Patrick Modiano para que me cuente esa única historia cuyas variantes sabe explorar hasta el infinito. Me adelanto a posibles detractores: si Modiano escribe siempre el mismo libro, a mí me produce una paz infinita reconocerme en los vaivenes sin rumbo de sus desorientados personajes. Entre todas las novelas de este autor que me faltan por leer, elegí Para que no te pierdas en el barrio por las sugerencias que despertaba en mí su hermoso título. Y, cómo no, me encontré al iniciar la lectura con un protagonista perdido en un París en el que le quedan pocos asideros, que inicia un viaje a su propio pasado cuando un extraño le devuelve una agenda telefónica extraviada y le solicita información sobre uno de los nombres que aparecen apuntados en ella. ¿Quién es ese misterioso Guy Torstel del que el protagonista no recuerda nada? Este es el cabo a partir del cual se estructura una historia de desconcierto vital y de recuperación de la memoria, esa misma que Modiano me ha contado ya en Calle de las tiendas oscuras y en La hierba de las noches, pero que no me canso nunca de escuchar.

lunes, 21 de marzo de 2016

OTRA PRIMAVERA

Resulta que las redes sociales están que arden con mensajes que exaltan la llegada de la más publicitada de las estaciones del año. Versos extraídos de composiciones cuyo título y autor no siempre se cita, imágenes pobladas de flores, niños y tiernos animalitos disfrutando del esplendor de la naturaleza que renace. Mensajes fraternos de conocidos que se felicitan por la muerte del invierno igual que lo hacen por las Navidades o el Día del Padre. (Cada vez nos felicitamos más unos a otros; será que gracias a las redes sociales nos sale ―o pensamos que nos sale― gratis). Y, en medio de tanto y tan florido gozo, a mí se me viene a la cabeza el recuerdo de un joven compositor adelantado a su época que hace algo más de cien años tuvo que abandonar precipitadamente el estreno de su última obra a causa del desconcierto y la irritación de los espectadores.

sábado, 19 de marzo de 2016

CUANDO LA LLUVIA NO ES BELLA

Llueve. Despertarme con el golpear de las gotas de lluvia contra la ventana es normalmente para mí una buena noticia. He escrito a menudo en este blog sobre el efecto regenerador de la lluvia: aparte de sus obvias ventajas prácticas, el agua caída del cielo es una fuente de belleza y alivio para los que, en contra del sentir popular, no pensamos que el tiempo lluvioso sea mal tiempo. Pero hoy no. Hoy el repiqueteo de las gotas en la ventana me llena de malestar.

miércoles, 9 de marzo de 2016

PAPELES RECUPERADOS

Hará cosa de un mes, una alumna del instituto me abordó en el recreo y me pidió que leyera un texto del que es autora. Es una estudiante a la que nunca he dado clase pero a la que tengo la sensación de conocer mucho. Pertenece a ese grupo de chicos que con frecuencia acude a la biblioteca durante el recreo y que, en la media hora que dura este, se pierde en los recovecos de una lectura mientras, al otro lado de las ventanas, el edificio parece tambalearse como consecuencia de la desbordante animación juvenil.

sábado, 5 de marzo de 2016

LOS CUADROS DE FEBRERO (2016)


Los pintores que exploran el terreno del Surrealismo pueden causar un fuerte impacto en nosotros por dos razones: por crear mundos completamente alejados de la realidad que nos rodea o por adentrarse en zonas privadas y oscuras en las que podemos reconocernos. A mí me sucedió esto último la primera vez que vi Caballo y tren, del pintor canadiense Alex Colville (1920-2013): tuve la perturbadora sensación de encontrar plasmada en un lienzo una imagen extraída de mis sueños. Como les sucede a menudo a este tipo de artistas, las creaciones de Colville son tanto más inquietantes cuanto que combinan el carácter onírico de los temas con un estilo de extremados detallismo y precisión. Los tonos sombríos de su paleta subrayan el dramatismo de esta escena detenida para siempre segundos antes del desastre. Como ya he comentado alguna vez en este blog, sueño a menudo con caballos y eso me hace sentir una atracción especial por este cuadro dentro de la sugerente producción de su creador. Es, además, un caballo que por su aspecto evanescente recuerda a los de Paolo Uccello, creador de misteriosas recreaciones de batallas pobladas de guerreros y animales a medio camino entre la realidad y la pesadilla. Se podría elucubrar largamente sobre el sentido de este cuadro de Colville. A mí esta veloz carrera hacia el desastre me hace pensar en las decisiones arriesgadas, los saltos al vacío, la fe ciega que nos empuja hacia delante en el difícil ―y siempre funesto a la larga― oficio de vivir.