sábado, 27 de febrero de 2016

MIS FOTÓGRAFOS (XI)


Los títulos son importantes. Subrayan la intención de la obra artística, explican o concretan su significado; en ocasiones, van más allá y le otorgan un nuevo sentido. Así sucede en esta imagen de la fotógrafa mexicana Lola Álvarez Bravo (1907-1993), que responde al literario título de En su propia cárcel. Sin ese acompañamiento de palabras, la escena que se nos muestra nos parece plácida y tranquilizadora, dotada de un profundo carácter evocador, como lo suelen ser las imágenes que muestran a un personaje sumido en la contemplación de algo que está fuera del alcance de nuestra vista. Pero el precioso juego de luces y sombras creado por las rejas que se proyectan en la pared adquiere un significado siniestro una vez leído el título de la fotografía. Lola Álvarez Bravo, mujer independiente y luchadora en una época y un entorno nada propicios a la liberación femenina, pone su pericia técnica y su sentido de la oportunidad al servicio de un fuerte compromiso con otras mujeres menos afortunadas que ella. La modelo que mira melancólicamente hacia el exterior se nos revela una prisionera de su hogar, su familia, su mundo cotidiano. La ventana en la que se toma un momento de descanso es solo una atalaya que le deja ver una realidad inalcanzable, al otro lado de unas rejas que tal vez ella misma ha contribuido a erigir. Por efecto del juego de luz y sombra, los ojos de la mujer están iluminados y la boca permanece en la oscuridad: esta prisionera contempla y calla, observa los límites de su encierro pero no es capaz de pronunciar palabras de rebelión.

miércoles, 24 de febrero de 2016

MALA MAR

Cuando me dedico a ese símbolo moderno de la pereza que es explorar los canales de televisión, me detengo siempre que encuentro uno en el que se está emitiendo la previsión meteorológica. Me ocurre incluso cuando dicha previsión se refiere a territorios alejados de mi entorno o se expresa en una lengua que no entiendo: hay algo en los hombres y mujeres del tiempo que ejerce sobre mí una poderosa atracción y me lleva a observar con interés sus siluetas recortadas sobre mapas poblados de soles y paraguas, de nubes de variable espesor y tonalidad, de mareantes y sinuosas isobaras. Me parecen una especie de mediadores entre las altas esferas y los humildes mortales; son como sacerdotes que trasladan a la plebe las decisiones de los dioses que la condenarán a la sequía, al frío extremo, a la inundación. Su discurso es rico en topónimos de mágicas resonancias, en expresiones que evocan fuerzas terribles e imparables: Gran Sol, anticiclón de las Azores, fuerte marejada, mala mar.

lunes, 22 de febrero de 2016

LIBROS SIN DUEÑO

Estaba desayunando el sábado pasado cuando oí por la radio la noticia de la muerte de Umberto Eco. Mi cerebro se puso a funcionar con la celeridad de un rayo: me pareció oír los pasos de los monjes en un monasterio aislado por la nieve y sacudido por enigmáticos crímenes; creí sentir en el rostro la agitación del aire producida por el vuelo de un gigantesco péndulo en el Panteón de París. Supongo que, a esas horas, miles de lectores de todo el mundo andaban perdidos en ensoñaciones semejantes. Pero pronto otra idea vino a superponerse a estas sensaciones extraídas de antiguas lecturas y las anuló casi por completo. «¿Qué va a ser ahora de su biblioteca?», me pregunté. Creo que lo hice en voz alta.

martes, 9 de febrero de 2016

LA MUERTE Y LA PIEDRA

Al terminar La lluvia amarilla de Julio Llamazares sentí el impulso de compartir mis impresiones de lectura en este espacio. Pero dicho impulso vino acompañado por la certeza de que cualquier comentario sobre un libro tan intenso y rotundo sería necesariamente superfluo. Me quedo, en consecuencia, con un pequeño detalle, apenas una pincelada entre las muchas poéticas y terribles que conforman este fresco sobre la más absoluta soledad.

lunes, 1 de febrero de 2016

LOS CUADROS DE ENERO (2016)

Con el nombre de Labores de los meses se conoce al ciclo de doce escenas que plasman los trabajos del campo representativos de cada parte del año y que fueron muy desarrolladas en el arte medieval y del Renacimiento. A este último periodo pertenece la miniatura que encabeza estas líneas y que se corresponde con el mes de enero. Se debe a los pinceles del artista flamenco Simon Bening (1483-1561), cuyo taller ilustró con imágenes de este tipo numerosos libros de horas destinados a personajes de alto rango de toda Europa. El que incluye esta ilustración en concreto ha pasado a la posteridad con el curioso nombre de Libro del golf, por una miniatura que representa a varios personajes jugando a algo que parece un precedente de dicho deporte. Imagino el enorme placer que supondrá pasar las páginas de uno de estos volúmenes y contemplar de cerca sus primorosas ilustraciones. En este caso, enero aparece representado con un paisaje nevado ―no podría ser de otra forma― en el que el blanco predominante establece un vivo contraste con los colores de las vestimentas y del marco ornamental. Varios edificios típicamente centroeuropeos sirven de marco a las actividades de los personajes. Uno de ellos abre ante nosotros su interior para invitarnos a contemplar una entrañable escena familiar. Creo que podría dedicar largas horas a perderme en los detalles de estas delicadas e ingenuas representaciones; me ha parecido por ello la mejor forma de empezar este año que, confío, seguirá estando lleno de pintura.