lunes, 28 de diciembre de 2015

PINTANDO HISTORIAS

Por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a ponerme navideña. Lo voy a hacer de la mano de uno de mis últimos descubrimientos, el ilustrador italiano Roberto Innocenti, que con sus fantásticas creaciones ha dado corporeidad, entre muchos otros, a los personajes y escenarios del Cuento de Navidad de Charles Dickens.

viernes, 25 de diciembre de 2015

SOL INVICTUS

Recibo felicitaciones de Navidad de todos los pelajes; supongo que a la mayoría nos pasa. Las redes sociales bullen de creaciones de contenido navideño sobre cuya autoría nadie se pregunta y que todo el mundo usa de forma indiscriminada. Hay material para elegir: por un lado están las tiernas, las que explotan el componente sentimental o abren la compuerta a una riada de buenos sentimientos que muchas veces uno ignoraba inspirar al remitente. Por otro lado las divertidas, las ingeniosas, las que se aprovechan del encanto naíf de pequeñas criaturas reales o de animación y las que juegan con el doble sentido y el equívoco, sin llegar a caer en lo irreverente. También están las iconoclastas, las que entran de lleno en el terreno de la gamberrada o de la obscenidad, o aprovechan la coyuntura para lanzar mensajes de protesta de tinte político. O las trascendentes, las que transmiten palabras cargadas de significado que pretenden despertar profundas resonancias en el que las recibe. Elegir una u otra dice mucho de la personalidad del que la envía, aunque es frecuente recibir felicitaciones de muy variado signo procedentes de un solo contacto. Una misma persona puede manifestarse así entrañable y chistosa, ingenua y traviesa, bienintencionada y soez.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

LECTURAS DEL PASADO OTOÑO (2015)

España, finales del siglo XVIII. En un Siglo de las Luces que no siempre hace honor a su nombre, en un país sometido aún a poderosas influencias que lo sumen en el atraso y el oscurantismo, los componentes de la Real Academia de la Lengua deciden traer la obra prohibida por antonomasia, aquella que se ha gestado en el hervidero ideológico que es la Francia previa a la revolución. Para ir a buscarla ―no se trata, precisamente, de una rápida compra por Internet de nuestros días―, es necesario seleccionar a dos de ellos, que habrán de enfrentarse a las previsibles dificultades que supone la adquisición de un libro tan cuestionado. El grupo no está compuesto por hombres de acción: son poetas, estudiosos de la lengua, bibliotecarios. El viaje promete ser largo y azaroso. Un acta refleja cómo los académicos deciden por mayoría elegir «a dos hombres buenos que, provistos de los correspondientes viáticos para transporte y subsistencia, viajen a París para adquirir la obra completa conocida como Encyclopédie». De dicha acta de la época extrae Pérez-Reverte el precioso título de su última novela, Hombres buenos. No valientes, ni desenvueltos, ni experimentados. La bondad como valor supremo capaz de llevar a buen puerto una causa justa. Un hermoso adjetivo que hoy nos resulta ingenuo y superado, y que parece extraído de un vocabulario infantil. A mí el simple título de esta novela me ha dado mucho que pensar: tal vez deberíamos revisar los supuestos de esta sociedad rápida y sofisticada nuestra; quizá descubriríamos que la salvación, la única posibilidad de construir un mundo más habitable, reside precisamente en las buenas personas.

viernes, 11 de diciembre de 2015

INVOCAR LA LLUVIA

Hace tanto tiempo que no vemos llover, que ya apenas nos acordamos. Esa agua que se niega a caer de lo alto nos hace infinita falta para muchas cosas (aquí admito casi todo y este paréntesis corre el riesgo de volverse demasiado largo: me valen las razones del agricultor y las del ciudadano que encuentra cada vez más trabajoso el acto de respirar, pero también las del paseante con alma de niño que añora saltar en los charcos o las del espíritu melancólico que se solidariza con la inerte soledad de los paraguas): para nutrir la tierra cuarteada, para alimentar los embalses que languidecen, para limpiar las calles, para arrullar nuestros sueños, para hacer música golpeando los cristales, para cubrir el mundo con la belleza regeneradora de la humedad.

sábado, 5 de diciembre de 2015

LOS CUADROS DE NOVIEMBRE (2015)


Una de las razones por las que lamento carecer de aptitudes para la pintura es la posibilidad que tienen los artistas plásticos de reflejar de forma directa e impactante el mundo de los sueños. Siento por ello una gran atracción por los cuadros que plasman ambientes irreales, sobre todo aquellos en los que el elemento arquitectónico cobra especial relevancia. Ya lo saben los que me siguen con cierta asiduidad: con frecuencia sueño con edificios, que presentan siempre un carácter oscuro e inquietante, como si estuvieran animados por una fuerza que capto pero cuyo significado y origen soy incapaz de descifrar. Recientemente he descubierto a un pintor que plasma a la perfección ese carácter misterioso de los escenarios de mis sueños: el holandés Carel Willink (1900-1983), que aúna un depurado realismo con la creación de climas oníricos. El cuadro que precede a estas líneas tiene el aséptico título de Vista urbana, pero nada menos frío y neutral que esta calle desprovista de toda presencia humana en la cual, sin embargo, misteriosas fuerzas parecen estar acechándonos. Cuando lo vi por primera vez, me sentí de inmediato inmersa en una de esas pesadillas que no terminan de serlo del todo porque nada malo llega a ocurrir, aunque en su transcurso sentimos que una angustia indeterminada nos atenaza. La combinación del ordenado pavimento iluminado y del cielo tormentoso forma un conjunto amenazador; nos sentimos solos en este escenario vacío y silencioso, de iluminación irreal, como solas y aisladas se encuentran estas casas separadas entre sí. En este pulcro paisaje urbano parece estar a punto de suceder algo terrible. Observar largamente este cuadro es penetrar en una pesadilla: somos conscientes del peligro, pero ignoramos de dónde procede ni cómo evitar que caiga sobre nosotros. Tal vez antes consigamos despertar. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

CONVERSACIONES CON EXTRAÑOS

Como soy una persona más bien tímida, me fascina la facilidad de ciertos individuos para trabar conversación con gente a la que acaban de conocer. Los extraños son, por definición, seres que suscitan mi desconfianza y mi recelo; soy incapaz de recordar que aquellos a quienes he llegado a querer mucho pertenecieron en algún momento a ese amenazador grupo.