sábado, 21 de noviembre de 2015

LIBRETA DE LECTORA (I)

Luchar contra la labor del olvido, buscar un anclaje en el curso constante de las palabras, tender un puente hacia los territorios del pensamiento ajeno que sentimos como propios; tales son los objetivos de todas esas marcas físicas que pueblan los libros que ya hemos leído: frases subrayadas, adhesivos pegados al borde de las hojas, papeles, pétalos y marcapáginas dispuestos en puntos estratégicos. Los volúmenes que componen mi biblioteca están repletos de esas señales del empeño más vano del lector: el de retener en la cabeza el mayor número de palabras, ideas y emociones fruto de la lectura.

Desde hace unos meses, los pasajes que me impactan de forma especial aparecen en una sección de este blog que he titulado Libreta de lectora en recuerdo de los cuadernitos que de joven abarrotaba guiada por idéntica intención. Los he ido renovando de forma periódica y una vez retirados no pensaba volverlos a incluir, pero hace un tiempo una lectora habitual de este espacio me preguntó por una de esas citas, que ya no podía localizar, y me pareció una buena idea reunirlas en entradas sucesivas. Aquí está, pues, la entrega inicial, con las veinte primeras dispuestas en el mismo orden en que fueron publicadas, trazando un panorama variado de voces, interpretaciones de la realidad o formulaciones afortunadas. Hablan de amor, del acto de escribir, de la compleja relación con nuestros semejantes, de la angustia de estar vivo. Permanecen, como islas o montañas erguidas en un territorio llano, mientras las palabras que las rodean en la obra original van cayendo poco a poco, víctimas del olvido.

«Debería haber todo un lenguaje aparte, pensó, para aquellas palabras que son más verdaderas que otras, para la verdad total y absoluta».

«Se dio cuenta de que veía la muerte como una especie de aventura, algo nuevo que nunca había experimentado. Como un insólito viaje de vacaciones».

Anne Tyler, Reunión en el restaurante Nostalgia


«―Nadar es lo más placentero que hay después de volar ―le había dicho en cierta ocasión a Sara.
―¿Acaso has volado alguna vez? ―había replicado Sara.
―Todavía no ―había contestado Tsukuru.»

Haruki Murakami, Los años de peregrinación del chico sin color


«Me dio miedo dejar de estar alguna vez en el mundo y que los objetos conocidos ya no volvieran a llevar mi marca. Y supe que la noción de la muerte es lateral y oblicua, que se nos cuela de través por ahí, desde la inmovilidad de las cosas huérfanas de su dueño, persistentes, parásitas, sin uso.»

«Había llegado a temer más que el peso mismo de las circunstancias, la comprobación de que bajo aquel peso mis capacidades imaginativas perdían a ratos el poder de seguir levantando el vuelo por encima de la sórdida realidad, y que el tabique que separa a ésta de las estancias del sueño no es más que una frágil bambalina cuarteada, amenazada de derrumbe. Por esa grieta se colaban toda suerte de alimañas y pájaros agoreros.»

Carmen Martín Gaite, La Reina de las Nieves


«En el origen del arte de escribir está el gusto de mirar y aprender y la convicción de que las cosas y los seres merecen existir: un sentimiento de respeto y a la vez de gratitud, una curiosidad que es sobre todo una celebración de la pluralidad de las vidas y del valor irreductible de cada una de ellas. El escritor no anda a la busca de historias: escribe porque las ha encontrado y está seguro de que vale la pena contarlas.»

Antonio Muñoz Molina, Pura alegría


«Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
»

Wislawa Szymborska, Fin y principio


«Amor. Nadie, ni vos que andás de una a otra, nadie puede comprender. Te agarra a traición, como algunas muertes. Y ya no hay nada que hacer, ni patalear ni querer destruir. Porque no se sabe si es una cosa que te golpeó desde afuera o si ya la llevabas como dormida y a veces creíste que estaba muerta para siempre. Y qué pasa entonces. Que la llevabas adentro y sin aviso alguno en un minuto salta y se te derrama por todo el cuerpo y hay que aceptar y todavía peor, hay que alimentarla y hacer que cada día aumente las fuerzas, obligarla a que te haga sufrir más.»

Juan Carlos Onetti, Los amigos


«No sabía bien qué decir. Me sentía muy torpe. No sabía cómo alcanzarlo, dónde encontrarlo... Es tan misterioso el país de las lágrimas.»

Antoine de Saint-Exupéry, El Principito


«…el único amor que perdura es el que lo ha aceptado todo, cada decepción, cada fracaso, cada traición, el que ha aceptado hasta el triste hecho de que al cabo, no hay deseo tan hondo como el simple deseo de compañía.»

Graham Greene, ¿Puede prestarnos a su marido?


«Para resistir, para seguir vivo, hace falta una buena dosis de idealismo. Capacidad para mentirse. Sólo sobreviven quienes consiguen creerse que son lo que no son.»

Rafael Chirbes, En la orilla


«La infancia es un lugar al que no se puede regresar pero del que en realidad nunca se sale.»

Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte


«Por mucho esfuerzo consciente que uno ponga, en el acto de escribir hay siempre una dosis de sonambulismo.»

Antonio Muñoz Molina, El atrevimiento de mirar


«Siempre he creído que hay lugares que son imanes y te atraen si pasas por las inmediaciones. Y eso de forma imperceptible, sin que te lo malicies siquiera. Basta con una calle en cuesta, con una acera al sol, o con una acera a la sombra. O con un chaparrón. Y te llevan a ese lugar, al punto preciso en el que debías encallar.»

Patrick Modiano, En el café de la juventud perdida


«Somos los lentos forajidos que inventamos los mitos, las religiones y la Historia, el lenguaje y las drogas y el amor, únicamente porque sabemos que vamos a morir».

Félix Grande, Biografía


«Se puede uno perder yendo a tientas entre las formas del pasado. Es espantoso la de cosas y personas que permanecen inmóviles en el pasado de uno. Los vivos que extraviamos en las criptas del tiempo duermen tan bien con los muertos, que una misma sombra los confunde ya».

Louis-Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche


«…porque hacer literatura no sustituye
el amor que no se vivió
la dignidad que no se tuvo».

Jorge Riechmann


«Los niños no ven la muerte porque su vida dura un día, desde que se despiertan hasta que se van a dormir».

Donato Carrisi, Lobos


«Yo ya no sé llorar. ¡Y mira que he llorado!»

José Hierro, Cuaderno de Nueva York


«He aquí mi consejo. Mantente alejado de los que amas demasiado. Esos son los que te matarán».


Donna Tartt, El jilguero

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