jueves, 30 de julio de 2015

UN LAUREL QUE LLORA

En mi opinión, los lugares más mágicos del planeta son los bosques. Son, al menos, los espacios en que mi radical escepticismo en materia religiosa y espiritual se queda en suspenso y tengo la sensación de que fuerzas y presencias cuya índole no consigo calibrar me rodean por doquier. Otros entornos naturales ejercen sobre mí un efecto poderoso: el mar, el cielo estrellado, las montañas me hacen reflexionar, me empequeñecen, me tranquilizan a fuerza de hacerme sentir mi propia insignificancia. Los bosques no. Cuando entro en un bosque, tengo la impresión de estar ingresando en un espacio aparte, de estarme conectando a una parte de mí misma que apenas conozco.

miércoles, 22 de julio de 2015

OFICIALMENTE PERDIDOS

Supongo que nos pasa a todos: de vez en cuando, en el aluvión de fotografías, mensajes ingeniosos, carteles y vídeos que nos asaltan a diario a través de las redes sociales, hay alguno que prende nuestra atención. No hablo de aquellos que se dirigen exactamente a nuestra forma de ver el mundo ni de los que reflejan un aspecto de la realidad que nos conmueve o nos indigna de forma especial; esos lo tienen muy fácil para sobresalir de la maraña que los rodea y hacerse notar. Me refiero a los que, sin razón aparente, mueven alguna tecla en nuestro interior y ponen en funcionamiento nuestro cerebro. A mí me sucedió hace unos días con una serie de dibujos dedicados al tema de la amistad. Estaban firmados por un tal Ajit Johnson y reproducían escenas cotidianas: parejas y tríos charlando, compartiendo la comida o un paraguas, abrazándose, riéndose. Cada imagen iba acompañada por un mensaje nada original ―y bastante mal traducido del inglés, en algún caso― que pretendía ser una definición de la amistad y que decía cosas del tipo: «Es saber que nos tenemos el uno al otro», o «Es saber cada pequeño detalle de nuestras vidas». Me gustan poco esas reducciones de los grandes sentimientos a fórmulas manidas; habría pasado por encima sin más si uno de los dibujos no hubiera llamado mi atención de forma poderosa.

sábado, 18 de julio de 2015

EL VALS DE LORCA, EL VALS DE COHEN

Cuando yo era una aplicada estudiante universitaria que navegaba con fruición por las distintas corrientes de crítica literaria, aprendí muchas cosas que he olvidado. No es grave: tengo la teoría de que el tiempo hace una maravillosa labor de criba y conserva en nuestra memoria solo lo realmente importante. Entre los nombres que recuerdo de aquella época de almacenamiento memorístico está el de un eminente hispanista llamado Leo Spitzer, encuadrado en lo que se conocía como “crítica idealista”. Supongo que estudié ingentes cantidades de conceptos y características e incluso citas literales de tan reputado autor, pero lo que se me quedó grabado es que este hombre, a diferencia de estudiosos que reducían la obra literaria a un esquema de flechas, recuadros y subrayados, sostenía que la aproximación a la literatura es, en última instancia, un asunto de intuición. Creo recordar que acuñó incluso un término de carácter onomatopéyico, sumamente expresivo, para expresar ese no-se-qué imposible de reducir a fórmulas que hace que una obra literaria tenga una calidad superior. Lamento haber olvidado la expresión concreta. He realizado una infructuosa búsqueda por Internet y solo me queda internarme en mis apuntes de carrera, labor que me llenaría, me temo, de nostalgia.

jueves, 16 de julio de 2015

APROXIMACIONES A ZURBARÁN

Como la pintura es probablemente la pasión que primero llegó a mi vida, he tenido sobrado tiempo para que mis gustos en ese sentido experimenten todo tipo de oscilaciones. Es curioso comprobar cómo el artista al que en un momento dado rechazamos o no supimos comprender se convierte con el paso de los años en una presencia imprescindible para nosotros. Me gusta especialmente recordar los pintores que me eran muy queridos de niña y aquellos otros por los que sentía rechazo. Los primeros los recuerdo con especial cariño, pero casi ninguno ha conservado con el tiempo ese puesto de privilegio en mis preferencias. Unos cuantos de los segundos, de los que provocaban mi más rotunda incomprensión infantil, han pasado a estar entre mis favoritos. Es el caso de Francisco de Zurbarán.

viernes, 10 de julio de 2015

LAS LLAVES DEL AYER

Hace unos días, sostuve con unos compañeros de trabajo una conversación en la que no había vuelto a pensar hasta que la última de mis lecturas, La hierba de las noches de Patrick Modiano, me la ha traído a la cabeza. Hablábamos sobre la edad. El motivo era el cumpleaños de la más joven de los tres, que se acerca a los cuarenta años. Tanto ella como mi otro compañero, que pasa ya de los cincuenta, afirmaron tajantemente sentirse a gusto con el momento de sus vidas en que se encontraban y no desear volver atrás en el tiempo, si es que esto fuera posible. Yo, que por edad me encuentro entre ambos, tardé algo más en formular mi postura. Durante unos segundos, guardé silencio mientras echaba la vista atrás. Como atraída por un imán, mi memoria se detuvo en los años de la Facultad. Me deslumbró la imagen de los cielos diáfanos de mis veinte años, de la luz inigualable de aquellos días de mi juventud, que nada tiene que ver con una luz física y susceptible de ser medida. Mi postura quedó clara de inmediato: ¿volver atrás en el tiempo? Por supuesto que me gustaría.

sábado, 4 de julio de 2015

LOS CUADROS DE JUNIO (2015)

La artista alemana Anja Millen es la creadora de un universo oscuro y perturbador al que ha dado forma primero a través de la pintura y más adelante por medio de la fotografía y la manipulación digital de la imagen. Sea cual sea la técnica empleada, el resultado es una obra llamativa e inquietante, que se adentra en el terreno de la pesadilla y nos conecta con nuestros miedos y deseos más ocultos. El título del cuadro que traigo hoy aquí se inscribe en la más pura tradición clásica: Vanitas. La poderosa personalidad de Millen realiza una reinterpretación del tema tradicional de la futilidad de lo humano, que no está representado aquí, como es habitual, por medio de un repertorio de objetos simbólicos, sino por una figura humana de extraordinaria expresividad. Esta mujer que se encoge sobre sí misma en un gesto teatral parece literalmente estarse deshaciendo delante de nosotros. Todo en ella nos habla de decadencia: su espalda descarnada, su vestido ajado, las hojas muertas que caen sobre ella. La elección de los colores dota al conjunto de una extraordinaria fuerza visual; en medio del sombrío panorama creado por medio de tonos grises y pardos, destaca como un puñetazo el rojo del pelo y de las hojas que revolotean, últimos signos de vida de un mundo que se desmorona.

miércoles, 1 de julio de 2015

LECTURAS COMPULSIVAS

Supongo que es lo que les ocurre a los compradores compulsivos. Me figuro que hay mucha literatura ―y mucho cine― en torno a dicha adicción, pero no puedo evitar imaginarme a los afectados por ella experimentando un hormigueo en el estómago ante la cercanía de una zona comercial, intentando huir sin conseguirlo y lanzándose finalmente a una vorágine de etiquetas, perchas y probadores. A mí me pasa con los libros.