lunes, 25 de mayo de 2015

ADIÓS AL JILGUERO

Termino de leer la novela de Donna Tartt en la que ―no podía ser de otro modo, con las apreturas horarias de esta época del año― he estado inmersa durante mucho más tiempo de lo esperable y lo primero que me asalta es un sentimiento de orfandad. Supongo que es lo que tienen las obras muy largas y absorbentes. Llevo cosa de mes y medio buscando un hueco en mis obligaciones diarias para compartir los sinsabores del joven Theodore Decker, su abandono infantil, sus amistades peculiares y en algún caso peligrosas, su amor no correspondido, su pasión por los objetos bellos, su dificultad para simplemente vivir. La superficie en blanco que me asaltó al pasar la última página del libro el pasado jueves me indica que ya no habrá más horas con Theo. Lo conocí con trece años, lo abandono a los veintitantos. Ya no sabré más de los quiebros de su existencia llena de vaivenes. Los sucesivos obstáculos que se interpongan en su camino, los solucionará ―o no― sin mi muda compañía.

miércoles, 13 de mayo de 2015

TRAZOS ANÓNIMOS

Como ocurría con los viejos maestros que no firmaban sus obras y de los cuales la posteridad apenas conoce el nombre de pila o su lugar de origen, existen en la actualidad artistas cuya identidad permanece oculta. Realizan sus obras furtivamente y las firman con nombres ficticios; corren teorías encontradas sobre sus personalidades, lo cual acrecienta el interés en torno a ellos. No se trata, como en el caso de los antiguos pintores medievales, de humildes artesanos sin ansia de gloria que desarrollaban su tarea en el más modesto de los anonimatos. Son oscuros pero gustan de saltar a la palestra, son un enigma y a la vez un espectáculo, son estelares a su opaca manera. En su momento formaron parte de un movimiento marginal pero en los últimos años han entrado con fuerza en el mercado del arte, lo cual choca frontalmente con su esencia primera. Son los antiguos grafiteros, reconvertidos en estrellas. Habrá que cambiarle el nombre a su actividad. Démosle la bienvenida al arte urbano.

lunes, 4 de mayo de 2015

LOS CUADROS DE ABRIL (2015)

Vencido es el título de este cuadro del pintor estadounidense George Hitchkock (1850-1913). Sería imposible encontrar otro título mejor: la obra recoge toda la tristeza del fracaso, el profundo desaliento del que abandona la lucha tras contemplar el naufragio de sus expectativas. Lo que presta singularidad al cuadro y atrajo mi atención de inmediato cuando hace unos pocos días lo contemplé en una exposición es lo inesperado del emplazamiento en el que se desarrolla la escena: esa hermosa extensión cubierta de flores que es la antítesis de un campo de batalla y que contrasta por su colorido con el desconsuelo del protagonista. Por la información que he reunido sobre este pintor al que desconocía hasta ahora, Hitchkock desarrolló gran parte de su carrera en Europa, especialmente en Holanda, como resulta obvio por la ambientación y la indumentaria del soldado, que nos remite a una imprecisa guerra de la antigüedad. Este pintor fue además un excelente paisajista, y es precisamente su sabiduría en la plasmación de la naturaleza lo que dota a este cuadro de un encanto especial. No me caracterizo precisamente por mi ardor patriótico, pero aun así me conmueve este joven desesperanzado que hunde la cabeza en el pecho y arrastra por el suelo su estandarte en un gesto de melancólica derrota. A mí esta escena me habla de un fracaso que va más allá de lo puramente bélico: el hermoso campo que es testigo de su retirada me parece un símbolo de lo inalcanzable, de la felicidad por cuya consecución se ha luchado y a la que finalmente no queda más remedio que renunciar. 

domingo, 3 de mayo de 2015

DÍAS DE LIBROS

Para mí, el mes de abril suele ser un mes de locos. Siento por ello gran simpatía por la fiesta dedicada a las bromas y la celebración de lo absurdo que ciertos países, especialmente los de la órbita anglosajona, sitúan el primero de abril. Me parece una fecha mucho más adecuada que la de su equivalente en los países hispanos, el 28 de diciembre, festividad asociada a esa truculenta matanza de niños que es, en mi opinión, la historia más terrible ―y eso que hay donde elegir― que contiene la Biblia. Por razones derivadas de mi trabajo y mis circunstancias personales, abril es para mí el mes de las carreras, los agobios, los despistes y las anécdotas divertidas; de la actividad frenética y de la falta de tiempo para pensar. No es extraño que, con semejante panorama, se me pasara el Día del Libro de este año sin escribir ni una línea al respecto en este blog.