lunes, 13 de abril de 2015

COMPAÑEROS DE VIAJE

La muerte, igual que lo hace la vida, crea curiosos compañeros de viaje. No lo pensamos con respecto a esa masa anónima que parte a diario con un rumbo desconocido que pretendemos olvidar los que aplazamos idéntico viaje para otra jornada, a poder ser de un futuro muy lejano. Solo cuando los viajeros nos son conocidos, la coincidencia de fechas nos lleva a reflexionar.

sábado, 11 de abril de 2015

MIS FOTÓGRAFOS (IX)


No puedo eludir mi condición de narradora y con frecuencia me descubro a mí misma poniendo en pie historias que se sustentan sobre una imagen o una melodía. En algunas ocasiones, me parece que esta tendencia mía es inevitable, dado el poder de sugerencia de la obra en cuestión; tal es el caso de la fotografía que traigo hoy aquí, debida al objetivo del fotógrafo eslovaco Martin Martinček (1913-2004). Por la mañana es, quién lo duda, una prueba de la pericia técnica y el exquisito acabado de las obras de su autor. El horizonte alto, que hace que el mar de tejados parezca salirse de los límites de la imagen; el contraste entre el fondo difuminado y la nitidez de la silueta del hombre que desciende hacia el pueblo: nada hay casual en esta imagen impactante, que atrapa de inmediato nuestra atención. Pero a mí me parece que hay otra razón para el efecto que esta fotografía causa en el que la contempla. El cotidiano regreso a su casa de un campesino madrugador se convierte, por obra y gracia de la cámara de Martinček, en una causa de inquietud: la figura negra que porta una guadaña se nos antoja una encarnación de la muerte; el pueblo envuelto en la bruma matutina, un conjunto abigarrado de destinos humanos entre los que se encuentra uno que está a punto de llegar a su fin, por obra y gracia del siniestro personaje que desciende la ladera.

domingo, 5 de abril de 2015

LOS CUADROS DE MARZO (2015)

En estos tiempos de extremado culto a la propia imagen, me resulta tentador asomarme a la visión del propio rostro que nos han transmitido los pintores de otras épocas. El resultado no puede ser más gratificante: frente a la proliferación, la gratuidad y el carácter efímero de las actuales autofotos bautizadas con un anglicismo que me resisto a emplear, uno se encuentra con la reflexión larga y profunda sobre los propios rasgos, la expresión facial y lo que todo ello delata de la personalidad del que es simultáneamente modelo y autor. Este Autorretrato de un joven que emerge de la oscuridad para clavar en nosotros una mirada intensa y melancólica está atribuido al gran Eugène Delacroix, que lo habría pintado en torno a 1816, a una edad que rondaría los dieciocho años. Dejo aparte el prodigio de madurez pictórica que este dato implica; a mí este retrato me atrae por el eficaz juego de luces y sombras, la sobriedad con la que está compuesto y el carácter enormemente expresivo de los pocos elementos con los que el autor lo ha construido. Como sucede siempre en los grandes retratos, uno puede jugar a sostenerle la mirada al modelo y caer en la fantasía de que está realmente asomándose al interior de una persona de carne y hueso. Estos ojos que nos miran desde el oscuro cobijo de sus cuencas son una mezcla de juventud y sabiduría, de melancolía y fuerza vital. Este joven que sabe pintar como un artista experimentado nos transmite la impresión de saber ya mucho de la vida. No son ajenas a ello, pienso yo, las largas horas de contemplación de la propia imagen que subyacen a esta obra, con su carga de reflexión y de conocimiento de uno mismo.

jueves, 2 de abril de 2015

LO MÁS IMPORTANTE

The most importan thing es el título de una serie de fotografías en las que el estadounidense Brian Sokol retrata a refugiados que muestran ante la cámara lo que pudieron salvar de su hogar cuando lo tuvieron que abandonar de forma precipitada. Con el subtítulo de Retratos de una huida, es también el título de la exposición en la que hasta el mes de mayo se exhiben veinticuatro de estas imágenes, acompañadas por las historias de sus protagonistas, en CaixaForum de Madrid.