sábado, 24 de enero de 2015

DEBERÍAMOS HABERNOS QUEDADO SIEMPRE ALLÍ

Nunca se puede saber por dónde van a discurrir los senderos de la memoria, pero tengo la impresión de que, cuando dentro de muchos años recuerde mi primer contacto con la obra de Patrick Modiano, me vendrá a la cabeza el pasaje de En el café de la juventud perdida que voy a relatar a continuación.

sábado, 17 de enero de 2015

GUÍAS Y ACOMPAÑANTES

Hay autores que nos sorprenden y deslumbran con sus puntos de vista inusitados, con su capacidad para discernir aquello en lo no que seríamos capaces de reparar por nosotros mismos. Otros se limitan a dar formulación a las ideas que nos rondan desde que tenemos conciencia de los propios pensamientos. Los primeros nos sirven de guía, van por delante de nosotros y tenemos que caminar con premura para ponernos a su nivel. Los segundos nos acompañan hablándonos al oído. Cumplen, estos últimos, esa maravillosa función de la literatura que es dinamitar la soledad.

sábado, 10 de enero de 2015

REGALOS EQUIVOCADOS

Ya he hablado alguna vez aquí de la impresión que me producen los días siguientes a las fiestas, con toda su parafernalia de restos abandonados en los contenedores de basura y de adornos por quitar que resultan, de repente, profundamente tristes. Pero en el caso de la Navidad, ese día siguiente tiene un componente añadido del que las otras fiestas carecen.

lunes, 5 de enero de 2015

LOS CUADROS DE DICIEMBRE (2014)


Me confieso completamente rendida ante mi último descubrimiento pictórico, el noruego Harald Sohlberg (1869-1935), hábil transformador de la realidad en un mundo personal y sugerente. Me ha costado elegir entre sus obras, pero al final me he dejado vencer por el hechizo de este paisaje urbano bautizado con el conciso título de Noche. Hay algo perturbadoramente animado en la iglesia que ocupa el lugar central de la composición y que parece observarnos con el único ojo de su ventana iluminada. En torno a ella se extiende un panorama que es una síntesis de la existencia: los muertos representados por las lápidas y las cruces en desorden se prolongan hasta fundirse con los vivos, encarnados en las viviendas y las fábricas que se pierden en el entorno natural. La luz y el uso del color son, como siempre ocurre en los cuadros de este autor, bazas fundamentales para lograr que la simple contemplación de un paisaje se transforme en una experiencia extraordinaria. La negrura del cementerio en primer término parece una advertencia para los que aún habitan el abarrotado cúmulo de casas del segundo plano. Pero no hay nada lúgubre en esta noche que nos ofrece Sohlberg y que resulta luminosa como solo puede serlo una noche nórdica. La vida y la muerte, en estrecha convivencia y bajo un hermoso cielo azul que nos recuerda que, en última instancia, todos somos parte de la bella indiferencia del planeta.

sábado, 3 de enero de 2015

PRIMEROS PLANOS (VII)

A mí me interesa todo lo que rueda ese cineasta inquietante llamado Roman Polanski. Sus películas consiguen siempre removerme por dentro; me provocan miedo, angustia, fascinación, tristeza. Pero si tuviera que elegir la más puramente emotiva, me quedaría sin duda con El pianista, conmovedora crónica de la supervivencia de un judío polaco durante la invasión alemana y el horror nazi. Traigo hoy aquí la que es tal vez la escena más conocida de la película, aquella en que el protagonista, que vive de forma clandestina en las más duras condiciones de miseria y soledad, se encuentra al salir de su escondite con un oficial alemán. Esta confrontación entre dos personajes que encarnan dos mundos antagónicos habría dado materia por sí sola para una película. Recuerdo los sentimientos que me produjo la primera vez que la vi: el temor inicial ante la presencia del enemigo que va dando paso, poco a poco, a la confortante sensación de que dos seres humanos pueden sentirse unidos por encima de las ideologías y las contingencias históricas que los dividen. La maravillosa música de Chopin que el protagonista interpreta al piano a petición del alemán es ese puente tendido por encima del odio y la atrocidad. Es interesante constatar cómo una secuencia en la que el componente sentimental es tan alto está construida con la precisión de un reloj. Sólo resaltaré dos detalles: los primeros planos del rostro del protagonista y de sus manos sobre el teclado, muestra de la vinculación entre dicho personaje y el espectador, en alternancia con los planos medios en que se nos muestra al oficial nazi que escucha, más alejado de nosotros, aún una presencia amenazadora para el personaje principal. Los objetos cobran un evidente papel simbólico cuando, al final de la escena, la cámara nos muestra sobre el piano la lata de conservas que el protagonista no ha podido abrir junto al abrigo y la gorra militar del oficial: la materialización de la más cruda supervivencia frente a los símbolos del poder. El débil y el poderoso, el fugitivo y su perseguidor, la víctima y el verdugo, unidos por la belleza de la música. En tiempos agitados como los que vivimos ―tal vez debería decir como los que siempre vivimos― me gusta soñar gracias al cine con que es posible semejante milagro de concordia.

jueves, 1 de enero de 2015

SE VAN LAS GRULLAS

Desconozco los hábitos migratorios de las grullas. El caso es que las que me han estado acompañando durante todo un año emigraron anoche con dirección desconocida, poco antes de que se extinguiera el 2014. Llevaban exactamente 365 días desplegadas frente a mis ojos en una hermosa formación aérea que no las conducía a ninguna parte; era, pues, el momento oportuno de partir. Pero que no se asusten los naturalistas ante tal despropósito ornitológico: eran unas grullas pintadas.