sábado, 22 de noviembre de 2014

DOS VECES BUENO

Aprecio extraordinariamente el don de la brevedad. En la vida, en las relaciones personales, en el arte. Nada más aburrido que esas personas que cuentan exhaustivamente sus anécdotas, segundo a segundo, en tiempo real. Nada más decepcionante en términos artísticos que la película o la obra literaria que está bien, tiene interés, provoca emociones, pero a la que le sobran un número considerable de páginas o de minutos de metraje. Amo las palabras; precisamente por ello, me irritan su derroche y su banalización. ¿Por qué utilizar una decena de ellas cuando se puede decir lo mismo de forma más eficaz y contundente con la mitad? Esta preferencia mía por lo breve me hace celebrar con alborozo propuestas como la que traigo aquí hoy.

jueves, 13 de noviembre de 2014

MIEDOS DIFERENTES

Me acuerdo mucho de los pintores impresionistas cada vez que afronto mi paseo semanal por la Gran Vía madrileña. No puedo, como Monet, usar los pinceles para reflejar incansablemente el mágico juego de la luz y las circunstancias atmosféricas sobre una misma fachada, pero me gusta recrearme en los cambios que experimenta un paisaje urbano que recorro a idéntica hora todos los viernes del año. A falta de colores, dispongo de palabras; mis versiones de la Gran Vía no se plasman en lienzos, pero quedan fijadas humildemente en entradas dispersas en este blog.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

LOS CUADROS DE OCTUBRE (2014)


La obra del artista británico Mike Worrall es una bajada sin frenos al mundo del subconsciente. Serán muchos los que reconozcan en los cuadros de este autor contemporáneo alguno de los elementos que pueblan sus sueños: el agua que se desborda e inunda espacios inesperados, arquitecturas imposibles, damas misteriosas emergidas de un pasado que no existió jamás. Como les sucede a los grandes clásicos del Surrealismo, Worrall ha desarrollado un estilo meticuloso y detallista que produce una ilusión de realidad en franco contraste con el carácter onírico de sus escenas. Entre todos los productos de su desbordada imaginación que he podido contemplar, me atrae especialmente este que traigo hoy aquí, bautizado con el sugerente título de Forever lost. Esta figura femenina perdida para siempre en un laberinto tiene mucho de la Alicia de Lewis Carroll y, cómo no, de nuestra propia consciencia adentrándose en sus zonas más recónditas y oscuras. Las paredes pintadas minuciosamente hoja a hoja poseen a la vez una tremenda inmediatez y un carácter abstracto, igual que la muchacha carente de rasgos personales, reducida a una melena y un vestido rojo, bajo los cuales tenemos la impresión de que se puede albergar nuestro yo más profundo, embarcado en una indagación sin retorno. El cuadro en sí tiene ese mismo poder de atracción: cuesta apartar la mirada del entramado vegetal que ocupa y desborda el lienzo y que amenaza con engullirnos mientras lo contemplamos.