domingo, 31 de agosto de 2014

FINAL DE VERANO

Por más que los cálculos astronómicos afirmen que la entrada del otoño se producirá por estas latitudes el próximo 23 de septiembre, es inevitable que la fecha de hoy suene a final. Los medios de comunicación se están encargando de recordárnoslo desde hace días: nos llegan noticias sobre los problemas en los aeropuertos y en las carreteras, consejos para afrontar con dignidad el retorno al trabajo, primicias sobre la programación de radios y televisiones para la próxima temporada. Los carteles de cierre por vacaciones se retirarán en breve de negocios y comercios. Todos hemos asistido a la tradicional escena de regreso al hogar de las familias del vecindario: padres, niños, abuelos y mascotas bajándose del coche con un despliegue de equipaje y un aire de cansancio digno de un ejército que se bate en retirada. Hoy he pasado frente a un café madrileño del que soy clienta habitual y que ha estado cerrado por reforma durante todo el mes de agosto. Aunque aún no estaba abierto al público, he captado un bullir de actividad a través de sus cristaleras: los empleados colocaban mobiliario, limpiaban, ultimaban detalles para la inminente reapertura. No cabe duda de que algo se nos escapa de entre las manos de forma irremisible en este 31 del mes cuyo nombre nos evoca calor y ciudades desiertas.

sábado, 23 de agosto de 2014

COSAS QUE NO VI EN EL LOUVRE

En el cuento titulado Austin, incluido en su libro Velocidad de los jardines, Eloy Tizón describe así la pasión de su protagonista por el arte: «El profesor Austin amaba los museos, y en otro tiempo no le había importado caminar durante varios días, durmiendo en hangares o cobertizos de distintos países, para visitar el cuadro que al llegar le decían que estaban restaurando, o alguna Piedra famosa que de todos modos se encontraba cubierta de andamios.» Este cuentista extraordinario posee la capacidad de hacer que mi memoria se ponga a funcionar. No sé si tendrá algo que ver el hecho de que compartamos año de nacimiento y que, a juzgar por la ambientación de sus relatos, hayamos vivido en un entorno similar en la infancia y la adolescencia. El caso es que leyendo Velocidad de los jardines me he detenido muchas veces a recordar anécdotas de mi propia vida, o simplemente asombrada porque las palabras de un extraño me produjeran tal sensación de familiaridad. Pero volvamos a los museos.

miércoles, 20 de agosto de 2014

VACACIONES PAGADAS

En 1936, el gobierno del Frente Popular instauró en Francia quince días de vacaciones pagadas para todos los trabajadores. La medida supuso una auténtica revolución: el obrero dejaba de ser una perpetua máquina de producir, el estado se preocupaba por su bienestar, por su condición de ser humano necesitado de ocio y de relaciones sociales. Los parques, las montañas, las orillas de los ríos y del mar se llenaron de turistas y paseantes dispuestos a disfrutar de sus días de asueto, maravillados por la nueva posibilidad que se les brindaba de disponer de tiempo libre sin el resquemor de estar perdiendo días de salario. La maldición bíblica de ganarse el pan con el sudor de la frente se tomaba una tregua anual de dos semanas.

domingo, 17 de agosto de 2014

EL VERANO DE GRAHAM GREENE

Desde hace unos años, aprovecho los veranos para subsanar lo que me parecen imperdonables lagunas en mi trayectoria de lectora. Este rescate estival está marcado por dos condiciones: el libro elegido debe tener unas dimensiones considerables, que lo hagan poco adecuado para el ajetreo del resto del año, y pertenecer a uno de esos autores reconocidos unánimemente como clásicos. Siguiendo estas pautas que no recuerdo haber marcado de una forma consciente, sino que más bien se me han impuesto solas como algo natural, el verano pasado fue el de Suave es la noche de F. Scott Fitzgerald, el anterior fue el de Grandes esperanzas de Charles Dickens, y este que empieza a declinar hacia su final ha sido el verano de Graham Greene.

jueves, 14 de agosto de 2014

EN EL BOSQUE

El fotógrafo español Antoni Arissa realizó en 1929 una sugerente serie de fotografías que responde al título de En el bosque. Se suele inscribir esta primera etapa de su actividad en el movimiento denominado “pictorialismo”, que aspiraba a conseguir para la fotografía una categoría parangonable a la de otras artes como la pintura. Los fotógrafos pictorialistas no querían limitarse a reproducir la realidad por medios mecánicos; por ello preparaban cuidadosamente las escenas que iban a captar con su cámara y acudían a la ayuda de filtros e iluminaciones artificiosas para crear imágenes alejadas de lo cotidiano.

sábado, 9 de agosto de 2014

TANTEOS MACABROS

Todas las mañanas desayuno rodeada de cifras. Es una costumbre a la que no puedo renunciar: encender la radio para saber qué ha sido de este alocado planeta durante mis horas de sueño. Como cada vez me cuesta más acceder a la lucidez al levantarme ―será cosa de la edad―, durante un rato me encuentro oyendo la voz del locutor sin escucharla realmente, como si se tratara de una letanía formulada en una lengua desconocida para mí. Luego, poco a poco ―será cosa del café―, la letanía va cobrando sentido. Entonces me doy cuenta, mañana tras mañana: el discurso que sale de la radio está plagado de números.

jueves, 7 de agosto de 2014

PRIMEROS PLANOS (VI)

En 2005, el camaleónico director taiwanés Ang Lee nos sobrecogió con la impresionante historia de amor y desencuentro de una pareja inesperada, la compuesta por dos hombres hechos a la dura vida del campo y poco inclinados a sutilezas sentimentales. Los protagonistas de Brokeback Mountain se juntan y separan a lo largo de los años, experimentan la presión de un medio hostil que hace inviable su relación, se arrepienten y buscan vías alternativas para ajustarse a lo que se espera de ellos, pero se sienten atraídos el uno hacia el otro de forma irresistible. Esta pasión a la vez prohibida e imparable encuentra su más ajustada expresión en una secuencia imposible de olvidar. Se ha impuesto la normalidad, los dos protagonistas se han casado y llevan unas vidas convencionales, y uno visita al otro en su casa. La chispa que se creía extinguida resurge en un instante y lo que parecía el reencuentro de dos antiguos colegas deriva hacia una escena de amor que es espiada desde lo alto de la escalera por la esposa de uno de ellos. La cámara de Ang Lee se deleita en los rostros de los actores, nos coloca a escasa distancia de sus gestos y de su emoción. La banda sonora, mezcla de las respiraciones agitadas y de los intensos acordes de guitarra de la música de Gustavo Santolalla, recoge la turbación de los personajes. A mí me parece que este cineasta posee un don especial a la hora de plasmar en imágenes la pasión amorosa. En mi modesta opinión, no se ha rodado otro beso como este en el cine de los últimos tiempos.

lunes, 4 de agosto de 2014

LOS CUADROS DE JULIO (2014)


Contemplar en vivo un cuadro de la pintora española Remedios Varo (1908-1963) debe de ser como adentrarse en los recovecos de un sueño. Es una experiencia que, de momento, no he podido disfrutar, porque el grueso de la obra de esta autora poco conocida en nuestro país y afincada en México se encuentra fuera de mi alcance. Sus pinturas están llenas de detalles en cuya contemplación uno podría perderse largas horas, de la misma forma que en las páginas de un relato que con cada nueva lectura adquiere significados distintos. El cuadro que traigo hoy a esta sección tiene un doble título cargado de sugerencias: Revelación o El relojero. Confieso que lo conocí hace años, cuando no tenía noticias de su autora, y que lo he guardado desde entonces en mi memoria asociado a la novela de un autor francés contemporáneo cuya cubierta adornaba (y cuyos detalles he olvidado por completo; el continente en este caso se impuso al contenido). Como en la mayor parte de las creaciones de Varo, se podría elucubrar interminablemente sobre el sentido de la escena que aquí se nos presenta. Ignoramos cuál es el carácter de esa “revelación” que con forma de gigantesco péndulo interrumpe la tarea del enigmático personaje central, el hombre en cuyas manos parecen estar los engranajes del tiempo. Cada vez que me detengo a mirar esta obra descubro un nuevo detalle maravilloso: la vegetación que aflora por las esquinas de la sala, el juego de colores de las baldosas, las ruedas dentadas que caen al suelo en ordenada fila, como guiadas por una voluntad propia. Dentro de los relojes que rodean a nuestro protagonista habitan misteriosos personajes que parecen atrapados en épocas distintas. Qué no daría yo por tener la oportunidad de acercarme para verlos con detalle: sueño con asomarme a este cuadro que duerme su sueño maravilloso al otro lado del océano.