miércoles, 28 de mayo de 2014

MIS FOTÓGRAFOS (VII)

Hay imágenes que cuentan toda una historia. El fotógrafo ruso Dmitri Baltermants (1912-1990) documentó con valentía y sensibilidad las campañas militares de su país durante la II Guerra Mundial. En 1945 capta esta singular escena de un grupo de compatriotas unidos por la música en las ruinas de un edificio y la bautiza con un título que lo dice todo con una sola palabra: Tchaikovsky. El inusitado contraste entre lo desolado del escenario y la plácida actividad de los soldados; la iluminación lateral, de carácter claramente pictórico; la presencia de objetos hermosos ―el piano, el jarrón con flores―que remiten a una vida apacible, en las antípodas de la guerra; las resonancias que despierta en nuestra mente el apellido del gran compositor: todo contribuye a dotar a esta imagen de una fuerte carga emotiva. Los soldados reunidos en torno al instrumento musical nos parecen un oasis en medio de la barbarie y el horror. Es increíble que aún conserven su capacidad para dedicarse a una de las más hermosas manifestaciones del ser humano, igual que lo es que el piano haya sobrevivido al hundimiento de la casa que lo albergaba. Estos hombres que aparcan un instante las armas y este piano milagrosamente intacto son unos supervivientes en medio de un mundo que se desmorona.

sábado, 24 de mayo de 2014

PAN Y FÚTBOL

No me gusta el fútbol. Casi siento miedo de decirlo en voz alta y tal vez por eso lo escribo. No es que me moleste o lo rechace; es que en mi universo no existe, ni siquiera como simple espectáculo. Hay demasiadas cosas que me gustan y llenan mi tiempo. Los libros, el arte, la danza, el teatro. Los animales, el cine, los viajes. Las plantas, las puestas de sol, el maravilloso vaivén del mar. Las historias que me cuentan los niños. Las que me cuenta la gente en general. Pasear por la ciudad y por los parques. El dibujo de las aves por el cielo. Los cuerpos celestes y sus misteriosos nombres. El día tiene 24 horas que se repiten un número ―me parece a mí― no demasiado elevado de veces a lo largo de una vida. No tengo tiempo para contemplar las evoluciones de dos formaciones de individuos musculados que se disputan una esfera como si no hubiera mañana. Y mucho menos tengo tiempo de convertirlos en tema central de mi conversación ni de mis pensamientos. Todo lo anterior es una simple cuestión de preferencias y no tiene importancia alguna, pero en días como hoy, en que parece que la realidad y el destino universal se circunscriben al dibujo trazado por veintidós pares de piernas sobre un campo de césped, me produce una indescriptible sensación de soledad.

lunes, 19 de mayo de 2014

EL DON DE VOLAR

Si el proverbial genio de la lámpara se me apareciera para ofrecerme uno de sus dones, seguramente una avalancha de deseos produciría un cortocircuito en mi cerebro. ¿Qué pedir? ¿El talento de Rembrandt? ¿La facilidad para fabular de García Márquez? ¿La felicidad (suponiendo que sea posible)? O tal vez todo sería más sencillo si me dejara llevar por la niña que aún habita en mí y buscara satisfacer el más temprano de mis afanes: el deseo de volar.

miércoles, 14 de mayo de 2014

EL INSTANTE DE LA FELICIDAD

Decía mi profesora de literatura de B.U.P. que para escribir sobre un hecho o un sentimiento hay que tener la perspectiva que proporciona una larga distancia de años. Aquella afirmación se daba de bruces con la imagen, tan querida para mi imaginación de adolescente romántica, del escritor desmelenado sobre el papel, dando salida a las emociones que le atenazan el alma en ese preciso momento. Era, además, pedirme demasiado: ¿tenía que esperar años largos como eternidades para que mis vivencias alcanzaran forma literaria? Resultaba un aplazamiento inconcebible para la joven vehemente que era yo (¿quién no lo es a esa edad?).

sábado, 10 de mayo de 2014

CEMENTERIOS

Hace unos meses, una conocida me contó que acababa de regresar de un viaje a Praga. ¡Praga! Mi mente se llenó de imágenes que me hicieron perder por un instante el contacto con la realidad que me rodeaba. El Callejón Dorado con sus casitas inverosímiles. El Moldava saliendo al encuentro a cada instante, con su curso majestuoso y su aliento helado. Las innumerables sinagogas en las que husmear. El ruido de pasos sobre la nieve de los soldados que venían a relevar a sus compañeros de guardia en el castillo… Pero, cosa curiosa, lo que me salió decir fue: «¡Ah, el Cementerio Judío! ¡Es lo que más me gustó de Praga!» Regresé de golpe al mundo real y me encontré con la cara de estupor de mi interlocutora. «¿Un cementerio?”, repitió, descolocada. «¿Eso es lo que más te gustó? ¿Los muertos?»

sábado, 3 de mayo de 2014

LOS CUADROS DE ABRIL (2014)


En estos días primaverales de frecuentes chubascos, me acuerdo a menudo de esta archiconocida obra de Gustave Caillebotte, la más deliciosa plasmación que conozco de la lluvia en el entorno urbano. Poco se puede decir de un alarde tal de armonía cromática, de semejante despliegue de destreza por parte del artista. La plasmación del velo sobre el rostro de la mujer en primer término es una auténtica proeza; cualquiera de los adoquines mojados del suelo podría ser un cuadro por sí solo. Es un maravilloso entretenimiento observar los detalles que componen esta escena ciudadana, comparar las figuras de los viandantes, todo un muestrario de actitudes frente al clima adverso: el que camina con cuidado mirando al suelo, el que ha olvidado el paraguas, el que traslada una escalera y no se puede ocupar de cubrirse, la que se recoge la falda para bajar la acera, el que pasea en pareja con la placidez de quien disfruta de una jornada espléndida. Iba a decir que este Día de lluvia en París es de esos cuadros que invitan al espectador a saltar a su interior e incorporarse al paisaje, pero rectifico sobre la marcha: basta detenerse a contemplarlo unos instantes para tener la sensación de ser ya parte de él, de estar caminando por la acera del bulevar parisino tras el hombre corpulento que se escapa por el ángulo derecho, de ir a intercambiar miradas y saludos con la pareja joven que camina hacia nosotros mirando de momento en otra dirección, pero que sin duda está a punto de reconocernos y dedicarnos una sonrisa y una inclinación cortés de cabeza.

jueves, 1 de mayo de 2014

TRENES A PUNTO DE PARTIR

La última película del director danés Bille August es un maravilloso periplo hacia el pasado, hacia el secreto de las vidas ajenas y hacia el conocimiento de uno mismo. Ya el título anuncia ese trayecto que el espectador puede emprender si, como el protagonista, está dispuesto a subirse a un tren que se encuentra a punto de partir en los primeros fotogramas del film. La perspectiva que se abre es la de un viaje nocturno, un misterio que resolver y una hermosa ciudad. Todo ello, de la mano del actor Jeremy Irons. Supongo que no seré la única: a mí no se me ocurre un plan mejor.