domingo, 19 de enero de 2014

ENTRAR EN UN CUADRO

Desde niña he albergado el loco deseo de entrar en un cuadro. Mirar a mi alrededor hasta cerciorarme de que estoy sola en la sala del museo, concentrarme de nuevo en el lienzo, dar un salto de fe y encontrarme, al fin, del otro lado del marco. Paseando sobre las baldosas bicolores del Lavatorio de Tintoretto, recorriendo las suntuosas arquitecturas de Veronés, escuchando el canto de las aves que sin duda poblarán los paisajes de Claudio de Lorena. Otras veces, más modesta en mis pretensiones, fantaseaba con la idea de esconderme de la vigilancia de guardias y conserjes para permanecer en el museo después de la hora de cierre, paseando a mis anchas por las salas solitarias, única observadora de los fenómenos que, sin duda, ocurrirían durante la noche. Porque para mi imaginación infantil resultaba evidente que los habitantes de los cuadros, cuando nadie los observa, se mueven.

Hace un par de días, un amigo me hizo llegar el enlace a un corto titulado Belleza. Su autor es Rino Stefano Tagliaferro, un documentalista experimental y director de videoclips. Su nombre no me decía nada y lo abrí sin especial curiosidad, pero lo que entonces vi me dejó paralizada: ahí estaba la respuesta a mis anhelos de infancia. Por medio de la tecnología digital, Tagliaferro ha realizado un recorrido a través de más de un centenar de obras pictóricas, a las que dota de una delicada animación y acompaña de una música envolvente. Podemos penetrar en los paisajes, observamos los leves movimientos de los seres que habitan los cuadros. Contemplando este vídeo, no puedo evitar plantearme si este mago de la imagen no sería en su momento un chiquillo fantasioso que espiaba la marcha del vigilante para acercar mucho la cara a su cuadro favorito.

Un dato curioso: hace pocos días, rescaté de una carpeta una reproducción de un hermoso cuadro del paisajista Asher B. Durand y la colgué en el corcho que tengo sobre mi ordenador, donde periódicamente dispongo imágenes que me resultan sugerentes. Es un paisaje de una placidez extraordinaria y pensé que me relajaría tenerlo al alcance de la mirada mientras escribo. Es casualmente el cuadro que abre el vídeo que incluyo a continuación. Cómo no, yo había pensado ―la niña que habita en mi interior no crecerá nunca― en la posibilidad de saltar a su interior y caminar sobre las rocas. Gracias a Tagliaferro he podido hacerlo. Tal vez los lectores de este blog que se dispongan a penetrar en este mundo animado se vean sorprendidos por alguna casualidad semejante. 


3 comentarios:

  1. Acabo de ver el video y no tengo palabras para describir la impresion que me han producido los cuadros animados. Gracias por tu sensibilidad. Un beso. Marga

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro mucho de que te haya gustado. En cualquier caso, habría que darle las gracias al autor del vídeo, que nos ha permitido soñar por unos instantes con que los cuadros están más vivos aún de lo que están para los que amamos la pintura.

      Eliminar
  2. El arte en la vida y la vida en el arte.

    ResponderEliminar