sábado, 25 de enero de 2014

TRÁFICO FELINO

Este constante tráfico de imágenes y mensajes prefabricados que se produce en los últimos tiempos en la red ha llenado nuestras vidas de un incontenible afán por compartir. Es un proceso que afrontamos varias veces a lo largo de la jornada: recibimos una presentación con imágenes de una hermosa ciudad, o un chiste sobre el panorama político nacional, o un vídeo de un cachorrito captado en actitud encantadora. De inmediato, pensamos en tal o cual persona a la que le encanta la arquitectura o que está justamente indignada o que palmotea de alborozo frente a la visión de un tierno animalito. Se produce entonces nuestra intervención en la cadena y reenviamos la presentación por correo, subimos el vídeo a Whatsapp, colgamos el chiste en nuestro muro de Facebook; si carecemos de tiempo, hacemos una difusión general a toda la agenda de contactos, y a otra cosa. En cualquier caso, esta posibilidad de regalar lo que no nos ha costado nada conseguir nos está convirtiendo en seres extraordinariamente pródigos.

domingo, 19 de enero de 2014

ENTRAR EN UN CUADRO

Desde niña he albergado el loco deseo de entrar en un cuadro. Mirar a mi alrededor hasta cerciorarme de que estoy sola en la sala del museo, concentrarme de nuevo en el lienzo, dar un salto de fe y encontrarme, al fin, del otro lado del marco. Paseando sobre las baldosas bicolores del Lavatorio de Tintoretto, recorriendo las suntuosas arquitecturas de Veronés, escuchando el canto de las aves que sin duda poblarán los paisajes de Claudio de Lorena. Otras veces, más modesta en mis pretensiones, fantaseaba con la idea de esconderme de la vigilancia de guardias y conserjes para permanecer en el museo después de la hora de cierre, paseando a mis anchas por las salas solitarias, única observadora de los fenómenos que, sin duda, ocurrirían durante la noche. Porque para mi imaginación infantil resultaba evidente que los habitantes de los cuadros, cuando nadie los observa, se mueven.

miércoles, 15 de enero de 2014

MIS FOTÓGRAFOS (VI)


En este mundo nuestro presidido por lo visual, entramos en contacto con la fotografía por múltiples vías; una de ellas, y no la menos importante, es su utilización en las cubiertas de los libros. La preciosa edición en Siruela del libro de relatos de Amos Oz Entre amigos me ha dado la oportunidad de conocer al fotógrafo estadounidense de origen alemán Erich Hartmann (1922-1999). Esta imagen titulada Casa de inmigrantes. Pan y mesa aparece en la portada de la citada edición de la obra del narrador israelí. Era difícil hacer una elección mejor: Hartmann, que a lo largo de su carrera se preocupó sobre todo por explorar las actitudes del ser humano y la huella de este en su entorno, realizó en 1958 una serie de fotografías que retrataban los asentamientos judíos en Israel. Frente a su objetivo desfilaron inmigrantes de distintas nacionalidades, con sus problemas y actividades diarias, y también, como en este caso, los objetos que conformaban su pequeño mundo cotidiano. Esta imagen sobria y despojada es de extraordinaria expresividad: el autor ha elegido fijarse en los elementos esenciales de una vivienda y les ha dotado de enorme relieve. En un sutil juego de tonalidades, contemplamos todos los matices del blanco y negro, desde el muro viejo y ennegrecido hasta la blancura impoluta de platos y mantel. Como sucede siempre en las grandes naturalezas muertas de la historia del Arte, esta Casa de inmigrantes está llena de vida. A Hartmann no le hace falta retratar a sus habitantes para que el espectador saque conclusiones sobre la dureza y dignidad de la vida de estas gentes sencillas.

sábado, 11 de enero de 2014

AMIGOS A LOS QUE NO TENGO EL GUSTO DE CONOCER

La primera obra editada por Libros del Asteroide que llegó a mis manos fue Los vagabundos de la cosecha, una recopilación de reportajes periodísticos de John Steinbeck. Ya he hablado aquí alguna vez de este extraordinario libro: en él se alían las certeras palabras del escritor y las imágenes captadas por la fotógrafa Dorothea Lange. El resultado es un retrato descarnado y lleno de sensibilidad de la dura vida de los campesinos estadounidenses que durante la Gran Depresión abandonaron sus tierras como consecuencia de una terrible sequía para trabajar como temporeros. En marzo de 2012 le dediqué en este blog una entrada titulada La lente y la pluma. Pero hoy no voy a referirme a él, sino a la editorial que hizo posible en 2007 su aparición en España.

lunes, 6 de enero de 2014

REGALOS DE IDA Y VUELTA

Eric Emmanuel Schmitt hace decir al protagonista de su hermosa novela El señor Ibrahim y las flores del Corán que lo que mejor retrata la esencia de un barrio son sus contenedores de basura. Su presencia o ausencia durante el día, su estado de deterioro o pulcritud, la inexistencia o proliferación de desechos que rebosan sus límites e inundan las aceras. Yo añadiría que esos elementos familiares del mobiliario urbano delatan también la cercanía de fechas señaladas. Hoy, por ejemplo, es ese día del año en que los contenedores se pueblan desde media mañana de cajas vacías, de embalajes vistosos y coloridos, de papeles de regalo. Es el día de Reyes. En torno a esos mismos contenedores, los más pequeños circulan con sus recién estrenadas bicicletas.

viernes, 3 de enero de 2014

CABECERAS

Una de las cosas fascinantes de un blog es la forma en que refleja –incluso cuando no se pretende dejar constancia de ello― los vaivenes de la vida de su autor. Un mes carente casi de entradas puede implicar mucho trabajo o problemas personales; o tal vez, lo olvido en mi pesimismo, una época de diversión, entregada a distracciones menos intelectuales. Por el contrario, una renovación constante de las entradas y las secciones fijas responde a tiempo libre y a una cierta efervescencia de la mente, que proporciona motivos de inspiración por doquier. Y un cambio en su aspecto formal, a un deseo de pasar página. Ojalá la vida nos concediera formas tan evidentes y fáciles de dejar atrás el pasado como lo hace un blog: se modifica la combinación de colores, la disposición de los espacios, la imagen de la cabecera, y al entrar en él se tiene la impresión de estarse adentrando en un territorio renovado. Quién pudiera hacer lo propio con su mundo interior.

jueves, 2 de enero de 2014

LOS CUADROS DE DICIEMBRE (2013)


El nombre de Pieter Brueghel el Viejo (hacia 1525-1569) se suele asociar a abigarradas escenas plagadas de personajes en actitudes divertidas y burlescas, o a apocalípticas visiones de la muerte y el final de los tiempos. Pero este artista flamenco es también autor de delicadísimos paisajes como el que responde al doble título de Cazadores en la nieve o Invierno. La escena que recogen aquí los pinceles de Brueghel me hace pensar en el final de un largo travelling cinematográfico: tras seguir entre los árboles el avance del grupo que regresa de una cacería, la cámara se eleva sobre el valle nevado, que se abre así frente a nosotros en todo su esplendor. El cuadro se articula sobre el eficaz contraste entre el blanco y el negro: las figuras oscuras que marchan trabajosamente y las siluetas de los árboles despojados de hojas, frente a la capa inmaculada que cubre el paisaje. Como ocurre siempre en las obras de este autor, uno no se cansa de curiosear en los detalles que pueblan el cuadro, los perros con sus diversas alzadas y pelajes, los campesinos que alimentan una hoguera, las huellas de humanos y animales sobre la nieve, los pájaros posados en las ramas desnudas, y toda esa pléyade de pequeños personajes, maravillosamente individuales, que juegan, se deslizan y caen sobre el estanque helado. Si la vista y la situación lo permiten ―y, privilegios de Internet, es posible husmear por los recovecos de esta pintura sin despertar la alarma de los encargados de su seguridad―, se puede llegar al edificio más lejano, solitario al pie de un risco, y a los árboles diminutos que adornan el valle con el delicioso diseño de sus ramas, trazadas una a una, en un alarde de paciencia y virtuosismo del viejo maestro.