jueves, 28 de noviembre de 2013

NIEVE EN OTOÑO

Una de las señales inequívocas de haberse hecho mayor es descubrirse a uno mismo afirmando, con la autoridad que da llevar una trayectoria importante a las espaldas: «Nunca hasta ahora había visto…», e incluir a continuación un hecho que está sucediendo en esos instantes y que queda así elevado a la categoría de extraordinario. No olvidemos cómo en telediarios y programas televisivos de variada índole se acude con frecuencia al testimonio de los más viejos del lugar, que nunca recuerdan haber sido testigos de algo semejante al suceso que es objeto de atención. Cuando era jovencita, estaba convencida de que esos ancianos locales estaban desmemoriados. Tal vez ahora sea yo la que haya entrado en la fase del olvido y la mitificación.

domingo, 24 de noviembre de 2013

PRIMEROS PLANOS (IV)

Había proyectado que esta fuera la última entrega de mi selección de primeros planos de cine. Curiosamente, las cuatro secuencias que la componen se corresponden con otros tantos desenlaces de películas; no ha sido una elección consciente, y sólo me he dado cuenta hoy cuando las he reunido para crear esta entrada. Era, por tanto, una consecuencia lógica e inevitable la de colgar el cartel de Fin. Pero hace unos días, el comentario de una fiel seguidora de este blog me hizo replantearme mi decisión. Me pedía que el encuentro entre Charlot y la vendedora de flores de Luces de la ciudad no fuera el último de esta serie de primeros planos que llevo ya meses comentando. En cuanto leí su petición, se puso en marcha en mi cerebro un doble mecanismo: por un lado el del aprecio que me une a esta lectora y amiga, y por otro el recuerdo de múltiples planos que me han impresionado y suscitado reflexiones que me había dejado en el tintero. La consecuencia es evidente. Este es un falso final. Mi memoria de espectadora de cine sigue funcionando y en breve dará nuevos frutos. Hasta entonces, dejo aquí estos cuatro emocionantes desenlaces.

sábado, 16 de noviembre de 2013

RADIOGRAFÍA DEL TIEMPO

Cuenta el fotógrafo y pintor William Christenberry que, en uno de sus frecuentes viajes a su Alabama natal, se encontró con que había desaparecido un ala de la casa de su abuela, cuya puerta él había fotografiado en numerosas ocasiones. Sorprendido, preguntó a su padre sobre dicha mutilación. La respuesta que obtuvo fue a la vez sencilla y sorprendente: esa zona de la casa había sido trasladada a otro lugar y adosada a la vivienda de un vecino. La reacción de Christenberry fue de absoluto desconcierto. No es extraño: le habían privado de repente de una puerta de acceso a su pasado.

sábado, 9 de noviembre de 2013

BASURA

Ayer di mi habitual paseo de todos los viernes por el centro de Madrid. Ya lo he comentado en alguna ocasión en este espacio: es una costumbre a la que espero no renunciar, esta de observar las peculiaridades del mismo recorrido según la estación y la hora, a pleno sol o de noche, con cielo luminoso o bajo la lluvia, en jornadas tranquilas de vacaciones o en ocasiones multitudinarias. Al fin y al cabo, es lo que hacían los impresionistas cuando retrataban incansablemente una fachada o una estación de tren bajo distintas condiciones horarias y atmosféricas. Es una pena que yo no sepa pintar.

lunes, 4 de noviembre de 2013

LOS CUADROS DE OCTUBRE (2013)


Como siempre me ocurre con los pintores que me gustan especialmente, me ha costado seleccionar un cuadro de John Singer Sargent para traerlo a esta sección. Sargent fue considerado como el gran retratista de la alta sociedad estadounidense de finales del siglo XIX y comienzos del XX, pero sus obras poseen para mí un encanto y un aura de misterio que trasciende con mucho el simple reflejo de un mundo refinado. Así sucede con este peculiar retrato titulado Las hijas de Edward Darley Boit. Se trata de un cuadro que capta a la perfección esa mezcla de candor y melancolía que tiene la niñez vista desde la perspectiva adulta. Llama la atención en especial la forma en que el artista dispone a sus cuatro jóvenes modelos: dos posan para nosotros, otra nos mira como si la hubiéramos interrumpido en plena conversación, la cuarta nos da casi la espalda. Estas niñas no componen el habitual conjunto familiar preparado para la posteridad, sino que se muestran frente a nosotros en un orden aparentemente casual que nos dice mucho de la personalidad de cada una: la espontaneidad de la infancia más temprana, el desparpajo de la primera década de vida, el recato o la desconfianza de la proximidad con el mundo adulto. Como sucede en todos los grupos humanos, hay aquí quien se expone a las miradas y quien se oculta, quien establece alianzas y quien se mantiene al margen. Es, en definitiva, una radiografía de cualquier familia. Y, al fondo del cuadro, esa zona oscura que se adentra en la parte privada de la casa, donde se esconden los secretos familiares, esos que los extraños tan sólo podemos sospechar.