martes, 30 de julio de 2013

PRIMEROS PLANOS (III)

Tres colores: Azul inició en 1993 la trilogía sobre los ideales de la Revolución Francesa dirigida por el realizador polaco Krzysztof Kieslowski. Recuerdo el impacto que me causó en su estreno; esta película dedicada a la idea de la libertad esquiva las visiones sentimentales y facilonas sobre dicho concepto y se lanza de cabeza a explorar la condición de libre de aquel que está por completo privado de ataduras. Azul es la historia de una mujer que pasa de una situación aparentemente idílica a perderlo todo: en un accidente de tráfico mueren su marido y su hija, y al poco descubre que él sostenía una relación amorosa fuera del matrimonio. Por no conservar nada, ni siquiera tiene un recuerdo limpio del hombre con el que ha compartido su vida. El plano que traigo a esta sección es de los muchos impresionantes que componen la película y que exploran con intensidad el recorrido emocional del personaje. La protagonista, encarnada por Juliette Binoche, pasa su mano por la superficie rugosa de un muro de piedra, en un intento por hacer físico ese dolor inmenso que la bloquea. En una película en la que el elemento musical tiene un papel muy importante, este primer plano del rostro de la actriz y de su mano va acompañado únicamente por el ruido de la piel al frotarse contra la roca. Acostumbrados como estamos a que la música nos subraye los estados de ánimo de los personajes, nos sobrecogen de manera especial el sonido de las pisadas, el murmullo de las hojas que cubren el muro, el rasgar de los nudillos sobre las aristas de piedra, el gemido ahogado de la protagonista cuando consigue, por fin, dar salida a ese dolor que la sobrepasa.

domingo, 28 de julio de 2013

ALIANZAS

Boceto para teatro I es el título de una pieza breve del dramaturgo Samuel Beckett. Se trata de una obra estremecedora, brutal y contundente, a pesar de su corta duración, o quizá precisamente gracias a ella. Está protagonizada por una de esas peculiares parejas que pueblan el universo dramático de su autor, uno de esos dúos que desgranan su tortuosa relación de dependencia y poder en paisajes solitarios y desolados, mientras recuerdan sus días felices del pasado o esperan a un Godot que nunca llega. En esta ocasión, los dos personajes tienen carencias complementarias: uno es ciego y el otro es un inválido que se desplaza en un carrito que hace avanzar propulsándose con una vara. Serían de importante ayuda el uno para el otro si se decidiesen a colaborar. Pero esa es una alianza que, al igual que Godot, no llega nunca.

viernes, 19 de julio de 2013

LA ESQUINA DEL CUADRO (II)

En esta ocasión, empezaré por el detalle, dado que fue lo primero que conocí del cuadro al que voy a referirme. Mi encuentro con él sucedió hace unos meses, tal vez un año, no lo recuerdo bien; el lugar, las salas dedicadas al XIX del Museo del Prado. Esta colección de pintura decimonónica del Prado tiene para mí un fuerte valor sentimental. La recorrí muchas veces de jovencita, cuando estaba ubicada en el Casón del Buen Retiro, y la eché de menos luego durante los largos años en que aquellos cuadros tan queridos permanecieron guardados, en espera de su nuevo emplazamiento en el edificio de los Jerónimos. Cuando en octubre de 2009 volvieron a exponerse, acudí presurosa a saludarlos de nuevo. Desde entonces he regresado en numerosas ocasiones, generalmente a la salida de una exposición temporal. Supongo que en alguna de estas visitas he debido de encontrarme frente al cuadro que voy a comentar hoy. Curiosamente, no lo recuerdo. Tal vez no me hubiera llamado nunca la atención de no ser porque alguien se molestó en resaltar el detalle al que dedico esta entrada.

lunes, 15 de julio de 2013

VOCES AL PASAR

Hay dos elementos del mundo natural que producen efectos similares en mí: el mar y una noche estrellada. No me estoy refiriendo a efectos psicológicos, que supongo consustanciales a la condición humana; frente a semejantes despliegues de grandeza, la propia identidad pierde importancia y los problemas se diluyen en ese ámbito vasto, apabullante, de la bóveda celeste o del oleaje. Me refiero a una consecuencia física y elemental. Bajo un firmamento plagado de luces, frente a la sucesión incesante de las olas, siento irrefrenables deseos de tumbarme en el suelo.

sábado, 6 de julio de 2013

SIMPLEMENTE ESCRIBIR


Hace más de un año, incluí en este blog una sección titulada Los lectores de Kertész, por la que fueron desfilando algunas de las hermosas imágenes en las que el genial fotógrafo húngaro inmortalizó a personas de las más diversas edades y profesiones concentradas en la lectura. Ahora quiero traer aquí una serie similar de fotografías, las tomadas por el estadounidense Steve McCurry en sus múltiples viajes por el mundo, con frecuencia por zonas desfavorecidas y en conflicto, en las que se recoge a gentes de variada condición unidas por el mágico acto de escribir. La colección lleva el conciso título de Just write y es un emocionante homenaje a la escritura, esa tarea que, junto con su hermana la lectura, nos hace alcanzar el rango superior de humanidad.

jueves, 4 de julio de 2013

LOS CUADROS DE JUNIO (2013)

El siempre enigmático pintor belga René Magritte (1898-1967) realizó a comienzos de los años cincuenta una serie de tres cuadros bajo el título de El imperio de las luces. En ellos se explora el inquietante efecto de una farola encendida en medio de un paisaje sobre el que cae la noche. De las tres pinturas que componen el conjunto, esta es mi preferida y la única que se encuentra actualmente en el país natal del artista. En ella, al estudio de la iluminación y a la capacidad de sugerencia que todas comparten, se añade la presencia de la superficie de agua en la que se duplican los elementos centrales de esta escena simple y cotidiana que, sin embargo, tiene un enorme poder de sugerencia. Se trata de un perfecto ejemplo de cómo se puede producir desazón en el espectador sin utilizar ningún ingrediente extraordinario. Este cuadro de estilo preciso y realista parece extraído de un sueño o del mundo de nuestros miedos infantiles. Lo primero que llama nuestra atención al contemplarlo es, cómo no, el juego de luces y sombras: el círculo de claridad en torno a la farola, el fuerte contraste entre un cielo todavía azul y las sombras que se han aposentado a ras de suelo. Ese foco de luz solitario parece estar librando una heroica batalla, condenada de antemano al fracaso, contra las tinieblas que terminarán imponiendo su dominio. Con extraordinario pulso, el artista ha detenido para nosotros ese drama cotidiano de la derrota del día a manos de la noche. En ese mundo destinado a ser tragado por la oscuridad, la casa con dos ventanas encendidas y con ese vigía luminoso frente a la puerta se nos antoja un refugio donde estar a salvo de nuestros más ancestrales temores.

lunes, 1 de julio de 2013

POR AMOR DE LO QUE VUELA

En los últimos días de este curso que acaba de terminar, me he acordado muy a menudo de don Antonio Machado. No se trata de algo sorprendente en mí, ya que me sucede con cierta frecuencia. Es lo que tienen los grandes poetas: hablan de todo lo que nos afecta, lo grave y lo liviano, lo trascendente y lo banal, y sus palabras se nos vienen a la memoria a la primera de cambio. En esta ocasión, mientras corría yo por los pasillos de mi instituto o intentaba mantener el orden del aula en el inevitable maremágnum del final de curso, lo hacía con el runrún de unos versos de don Antonio resonando en el interior de mi cabeza. La causa no era un sentimiento de melancolía, ni una reflexión sobre lo cíclico o lo efímero de la existencia humana. ¿La responsable de mi constante evocación? Una plaga de moscas.