martes, 21 de mayo de 2013

LA ESQUINA DEL CUADRO (I)

Mi propensión a fijarme en lo pequeño y anecdótico, la misma que me hace perderme frente a las abstracciones y los grandes temas de alcance universal, preside con frecuencia mis visitas a los museos. Me sucede que una obra de complicada concepción o enormes dimensiones es registrada en mi cerebro como aquella en la que aparece un detalle que me estremece o hace sonreír, me sobrecoge o me sorprende.  Recuerdo así, con más intensidad que el conjunto, la imagen de una mascota, un objeto cotidiano, una planta, una mano o un peinado que aparecen en la esquina del cuadro.

Tengo muchos ejemplos que ilustran esta forma mía de mirar, y los iré trayendo poco a poco a este espacio. Empiezo hoy con un pintor al que hasta hace poco apenas conocía, y en cuya obra tuve la posibilidad de profundizar gracias a una exposición celebrada recientemente en el Museo del Prado. Se trata del paisajista español del XIX Martín Rico. Este autor de fina técnica y excepcional sensibilidad ha sido para mí todo un descubrimiento: sus diferentes maneras de plasmar sobre el lienzo las superficies del agua y los objetos en ellas reflejados se merecerían por sí solas una entrada en este blog. Pero hoy quiero comentar aquí un cuadro suyo que me conmueve especialmente por el aspecto de la realidad que refleja y por la gracia y delicadeza con que lo aborda el artista: es el titulado La clase de costura, pintado en 1871 y perteneciente a una colección particular.
 

Dada su temática, este cuadro estaba destinado ya desde su concepción a ser un muestrario de pequeños tesoros. Esta hilera de niñas entregadas a distintas actividades (coser, charlar, espiar el trabajo ajeno, o, como en el caso de la primera figura de la izquierda, dormir a pierna suelta en la compañía silenciosa de un gato) es un delicioso repertorio de actitudes infantiles. El pintor trata con especial mimo los peinados, las sencillas indumentarias, los rostros. Cada uno de estos diminutos personajes es único y tiene una marcada singularidad, lo cual reviste especial mérito si se tienen en cuenta las reducidas dimensiones del cuadro, que apenas mide 34 x 60 centímetros. No tengo que describir lo gratificante y divertido que resulta pasear los ojos por esta fila de jovencitas concentradas en sus tareas, desde la distancia mínima que imponen las normas de seguridad de los museos. Por fortuna, los medios digitales vienen en nuestra ayuda y nos permiten agrandar la imagen y contemplarla con una proximidad que causaría la alarma de cualquier vigilante. De todos los detalles que podemos distinguir entonces, yo me quedo con uno.

Con gran pericia, Martín Rico la sitúa en el extremo derecho de la fila, a espaldas de la maestra. Es una niña que hace algo diferente al resto, y tal vez por eso ha elegido un lugar donde pasa inadvertida y donde las charlas de sus compañeras no la perturban. Es una pequeña lectora. Pulcra, bien sentada, en absoluta concentración. Con el ceño fruncido y las manitas cruzadas sobre el lomo del libro. Es la niña que yo elegiría como alumna. Si fuera la afortunada poseedora de la colección particular a la que pertenece esta obra, me pasaría horas mirándola. Desde bien cerca. Sin vigilantes ni cordones de seguridad. Tal vez entonces podría descubrir algún detalle aún más mínimo de este personajito delicioso que habita la esquina derecha del cuadro.

2 comentarios:

  1. Beatriz, yo también me quedo con esta esquina del cuadro, con esta pequeña lectora… Después de una breve ausencia, cuántas sensaciones recibo al abrir de nuevo la puerta a este espacio lleno de sensibilidad. Pequeñas historias, miradas reflexivas, imágenes poco habituales, melancolía, optimismo… Qué bien poder acercarme y disfrutar de esta buena compañía. Gracias, compañera y hasta pronto. Choni.

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    1. Lo único bueno de las temporadas en que no te pasas por este rincón es la alegría de saberte de regreso. Has definido muy bien los sentimientos que me asaltan en los últimos tiempos y que inevitablemente vuelco en este espacio: una melancolía que no puedo eludir, un optimismo que lucho por imponerme. Bienvenida de nuevo, como siempre.

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