lunes, 27 de mayo de 2013

INFAMIAS

Uno de los libros más singulares de ese paradigma de lo sorprendente que fue Jorge Luis Borges lleva el título de Historia universal de la infamia. Con genial ironía, el maestro de narradores otorga tan ambiciosa denominación a una obra muy breve, que sobrepasa por poco las cien páginas. A mí es un título que con frecuencia me viene a la cabeza. En el día a día, cuando escucho las noticias, cuando llegan a mí experiencias o testimonios que me suscitan especial indignación, voy engrosando mentalmente ese muestrario borgiano de lo más despreciable de la humanidad. Leo, por ejemplo, sobre la utilización de un niño con uniforme escolar como terrorista suicida, y pienso de inmediato: “Esto, para la historia de la infamia de Borges”. Ni que decir tiene que ese repertorio de la infamia que habita en mi imaginación ocupa ya varios volúmenes.

martes, 21 de mayo de 2013

LA ESQUINA DEL CUADRO (I)

Mi propensión a fijarme en lo pequeño y anecdótico, la misma que me hace perderme frente a las abstracciones y los grandes temas de alcance universal, preside con frecuencia mis visitas a los museos. Me sucede que una obra de complicada concepción o enormes dimensiones es registrada en mi cerebro como aquella en la que aparece un detalle que me estremece o hace sonreír, me sobrecoge o me sorprende.  Recuerdo así, con más intensidad que el conjunto, la imagen de una mascota, un objeto cotidiano, una planta, una mano o un peinado que aparecen en la esquina del cuadro.

martes, 14 de mayo de 2013

PEQUEÑOS ESTUDIANTES

El fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado cuenta que en una ocasión estaba realizando un reportaje en Mozambique y, al verse completamente rodeado de niños, tuvo que inventar una treta para que le dejaran trabajar con tranquilidad: les propuso que se pusieran en fila para hacerles fotos a ellos solos y, de esta forma, podrían irse a jugar con la ilusión de haber conseguido ser protagonistas por unos instantes. Esta maniobra la fue repitiendo en todos los lugares a los que viajaba, y es el germen de una hermosa colección de retratos que lleva el título de Niños. Salgado no es el único que con frecuencia dirige su objetivo hacia los más jóvenes; todos los grandes de la fotografía lo han hecho en alguna ocasión. Reúno aquí algunas imágenes que me gustan especialmente, sin duda por cuestiones de deformación profesional. Son pequeños escolares inmortalizados en el momento de aprender, sentados en sus pupitres o en el suelo, armados con sus lápices y cuadernos, algunos en condiciones materiales muy duras, pero todos con la maravillosa mirada de curiosidad y expectación del que tiene aún el mundo entero por descubrir.

sábado, 11 de mayo de 2013

ESCRIBIR, REESCRIBIR

Recuerdo que cuando estudiaba aquel curso que respondía a las siglas ya casi olvidadas de COU, el profesor de literatura nos habló de la forma de escribir de Pío Baroja, comentando que éste abordaba sus novelas sin un plan previo, y que se dejaba llevar por el desarrollo de los acontecimientos que iban surgiendo de su imaginación. Con los años, me he dado cuenta de que aquel profesor de mis tiempos preuniversitarios era un docente nefasto, que se limitaba a dictar en clase unos apuntes extraídos tal cual de un libro de texto que no nos había pedido que compráramos para así tenernos entretenidos copiando durante toda la hora. Con todo, tuvo para mí el interés de ser el primero que me puso en contacto con la literatura del siglo XX, que para la joven lectora que yo era entonces fue una auténtica revelación. Gracias a sus palabras prestadas, nació en mí el impulso de leer a autores como Borges, que cambiaron mi vida. Y a menudo me acuerdo de él –injustamente- cuando acuden a mi memoria sus certeros y ajenos comentarios sobre literatos, como aquel en que explicaba que la narrativa de Baroja fluía sin ideas preconcebidas, libre e imprevisible, parecida, en fin, a la vida que intentaba reflejar.

jueves, 2 de mayo de 2013

LOS CUADROS DE ABRIL (2013)


La extraordinaria pintora estadounidense Mary Cassatt (1844-1926) se ha visto eclipsada por sus compañeros masculinos de generación, los impresionistas franceses, con los cuales compartió estilo, exposiciones y amistad. Nos ha dejado vivas y delicadas plasmaciones de la vida cotidiana de su época, en especial escenas protagonizadas por niños y mujeres, como esta titulada En el palco. El bullicioso ambiente de un teatro y el culto a la apariencia de las clases acomodadas encuentran una plasmación perfecta en esta obra de pinceladas sueltas y enérgicas. Lo primero que seduce en ella es la belleza del colorido, esa gama de tonos cálidos que reproduce la iluminación artificial del recinto y en medio de la cual resalta la palidez de la piel de las dos modelos. El siguiente elemento de interés es lo singular de la composición: el punto central de este universo abigarrado, poblado de personajes a los que tan sólo adivinamos pero cuyas voces y movimientos nos parece captar gracias a los pinceles de Cassatt, lo ocupa un objeto insignificante, el abanico de una de las jóvenes, apenas abocetado y abierto en todo su esplendor. La pintora elige como principal motivo el gesto concentrado y preciso de la muchacha que clava sus prismáticos en el foco de su atención, tal vez un artista sobre el escenario o el ocupante de un palco lejano. Lo pequeño, lo anecdótico, lo pasajero, se erigen en protagonistas, en esta celebración de lo instantáneo.