viernes, 29 de marzo de 2013

OTROS VIAJES

Dado que circunstancias de la vida no me han permitido viajar esta Semana Santa, me voy a dar al menos el lujo de dedicar esta entrada de hoy al tema de los viajes. De unos muy concretos, de los que llevo siendo testigo –y en cierta medida participante- desde hará cosa de un mes. No se trata de viajes al uso; no se puede hablar de ellos con las amistades, esgrimiendo adminículos electrónicos repletos de imágenes de recuerdo. Pero tienen la enorme ventaja de que pueden suceder en el momento más inesperado y no requieren aparatosos equipajes ni un sólido soporte económico, aunque sí una minuciosa, precisa, demorada preparación. Ese es precisamente su encanto.

domingo, 24 de marzo de 2013

PRIMEROS PLANOS (II)

Al realizar esta selección de mis primeros planos favoritos, con frecuencia me ha asaltado el recuerdo de películas rodadas en la década de los ochenta. Creo que no hay que buscar demasiado para encontrar la razón de esta preferencia: lo que uno ve en esos años a caballo entre la adolescencia y la juventud se graba en la memoria con especial intensidad. Así me sucedió en el caso de La mujer del teniente francés, película británica dirigida en 1981 por Karel Reisz y que adapta al cine la novela homónima de John Fowles. Guardo un recuerdo preciso de muchas de sus imágenes, especialmente del fragmento que aquí incluyo. En él, vemos cómo el protagonista masculino descubre en el muelle azotado por el oleaje a una desconocida que contempla el mar desde un lugar peligroso y se acerca a ella para pedirle que busque refugio. Él es un perfecto caballero victoriano; ella, una mujer repudiada por todos a causa de su escandalosa relación con un oficial francés. El intercambio de miradas entre ambos marca el inicio de una relación tan tempestuosa como esa naturaleza embravecida que los envuelve. Nunca Meryl Streep ha estado tan fascinante. Lo que el espectador lee en los ojos de Jeremy Irons es algo tan evidente pero tan difícil de expresar como el nacimiento de una pasión sin fisuras. Romanticismo del bueno, con mayúscula.

martes, 19 de marzo de 2013

LECTURAS DEL PASADO INVIERNO (2013)

Estamos, cómo no, en el Barrio de Gracia de Barcelona. La historia sucedió “hace muchos años, cuando la ciudad era menos verosímil que ahora, pero más real”, escribe el autor. De un portal emerge la exuberante figura de Victoria, antigua enfermera y actual masajista, que en un alarde de desesperación se tumba atravesada en las vías del tranvía. Se organiza un escándalo en la calle: acuden vecinos y viandantes, que intentan persuadir a la alterada mujer de que abandone su propósito. Todo es inútil. No valen palabras ni violencia física. Victoria, Vicky, la señora Mir, como es conocida por los que tienen distinto grado de intimidad con ella, no ceja en su empeño. La escena sería terrible de no ser porque la pertinaz suicida se ha tumbado sobre los restos del raíl de un antiguo tranvía que hace años que no pasa por el barrio. Aun así, la situación no nos parece divertida del todo; presentimos algo infinitamente triste bajo la férrea determinación del personaje de esperar una muerte imposible. Así comienza Caligrafía de los sueños, la última novela de Juan Marsé. Como siempre en su narrativa, nos situamos en un mundo abigarrado, lleno de humanidad, en el que la sonrisa se nos congela constantemente para dejar lugar a un poso de amargura.

viernes, 15 de marzo de 2013

DE AMOR Y DE CULPA

Mencionar El Decamerón supone sin duda traer a la mente de la mayoría la evocación de un repertorio de anécdotas picantes, un desfile de enredos amorosos y adulterios protagonizado por mujeres disipadas, maridos cornudos y clérigos astutos. La obra de Giovanni Boccaccio contiene, sin embargo –como le sucede a su hermana británica, Los cuentos de Canterbury de Chaucer- historias que se apartan del terreno de lo divertido y procaz para adentrarse decididamente en el de la tragedia. Sucede esto de forma especial en la cuarta de las jornadas, aquella en que los protagonistas, aislados por una terrible epidemia de peste en Florencia, deciden entretenerse contando relatos que tengan como centro el amor con final trágico. Uno de ellos se titula Lisabetta y su maceta de albahaca y trata con singular intensidad los temas de la pérdida del ser amado, el dolor y la culpa.

jueves, 7 de marzo de 2013

NIÑOS DE VERDAD

Hace unos días, un lector me dejaba un comentario en la entrada titulada La bondad de los desconocidos; en él reflexionaba sobre lo que daba en llamar “el niño de verdad”: el niño sin nombre que corretea por las calles, sin lastres materiales, despreocupado de acumular, indiferente a ese gigante que amenaza su porvenir bajo el apelativo enorme y apabullante de “Dinero”. Un niño en franca amenaza de extinción en nuestro mundo urbano, esa implacable maquinaria de ansiar, lograr, atesorar, despilfarrar, en la que vivimos inmersos. Las palabras de este lector anónimo han estado durante varios días haciendo eco en mi cerebro, y me han remitido a reflexiones que me asaltan con cierta frecuencia.

domingo, 3 de marzo de 2013

LOS CUADROS DE FEBRERO (2013)

La búsqueda en la red trae de vez en cuando la recompensa de descubrir auténticos tesoros debidos a los pinceles de completos desconocidos. Es el caso del pintor alemán Alois Erdtelt (1851—1911), artista del que no he podido encontrar otra referencia biográfica que sus fechas de nacimiento y muerte, y que es el autor de esta Cabeza de muchacha, prodigio de elegancia y captación psicológica. Con la sobriedad y eficacia de los clásicos, Erdtelt reduce al mínimo su gama cromática y concentra el foco de luz en el rostro de su modelo para hacerlo emerger de la oscuridad circundante. No hay entorno para este personaje, cuya indumentaria queda reducida al cuello claro de una vestimenta que no vemos. Con semejante economía de medios, el autor  logra el milagro de hacernos sentir que del lienzo surge no tanto un cuerpo real de carne y hueso, sino las profundidades del alma humana. La mirada triste y ensimismada de esta muchacha es de las que desafían las leyes físicas; cómo conformarse con la explicación de que lo que tenemos frente a nosotros es tan sólo una combinación de pigmentos sobre una tela.