lunes, 28 de enero de 2013

CUADROS QUE DE NIÑA ME GUSTABAN

En aquellos tiempos hoy inconcebibles previos a la revolución digital, los amantes del arte dedicábamos mucho tiempo y esfuerzo a rastrear en libros y revistas en busca de reproducciones de las obras de las que queríamos conservar un recuerdo. Cada vez que visitábamos un museo o exposición, asaltábamos a la salida los expositores de postales o, si lo visto había sido globalmente de nuestro agrado, adquiríamos –a veces con gran esfuerzo económico- el catálogo correspondiente.

domingo, 20 de enero de 2013

PEQUEÑAS COSAS CON IMPORTANCIA

Lo bueno de esta costumbre humana de dividir el tiempo en periodos es que el calendario impone un orden en esa tendencia tan nuestra de hacer balance, y nos da además la impresión de que, si las cosas no han venido bien dadas, el siguiente plazo que nos disponemos a abordar –sea año, semana, mes o curso- pertenece a una clase distinta y va a ser necesariamente otra historia. Yo suelo dar un repasito mental los fines de semana a lo más llamativo de los días precedentes. Y en este caso me he encontrado con una semana tranquila, marcada por dos acontecimientos sin mayor trascendencia que, sin embargo, tienen el poder de darme una buena porción de eso tan esquivo que llamamos felicidad.

lunes, 14 de enero de 2013

LA BONDAD DE LOS DESCONOCIDOS

Hace unos días, el comentario de una lectora habitual de este blog me hizo recordar la escena final de la obra de Tennesse Williams Un tranvía llamado deseo. Todos guardamos en la retina un recuerdo muy preciso de ella gracias a la versión cinematográfica realizada por Elia Kazan en 1951. En el estremecedor desenlace, Blance DuBois, el personaje interpretado por Vivien Leigh, ha visto derrumbarse todo su mundo y se ha refugiado en la locura. Unos empleados de un hospital psiquiátrico acuden a la casa donde se encuentra para trasladarla a la que será su nueva residencia. Por un momento, parece que van a emplear la fuerza, pero un doctor tiene la feliz idea de acercarse a ella haciendo un alarde de caballerosidad y galantería. Blanche, inmediatamente, se deja seducir por los suaves modales del que para ella es un completo extraño y decide confiarle su destino. Antes de salir de escena en su compañía, pronuncia una frase enternecedora: “Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”.

martes, 8 de enero de 2013

MIS FOTÓGRAFOS (III)

El fotógrafo estadounidense Saul Leiter (nacido en 1923) comenzó a finales de la década de los cuarenta a tomar fotografías en color que durante mucho tiempo mantuvo inéditas. En ellas retrata entornos urbanos con fina sensibilidad de pintor y una gama cromática de extraordinaria delicadeza. Es el caso de este Café, París fotografiado en 1959. Con frecuencia, Leiter se deja llevar por su fascinación por los espejos y cristales para crear ambientes de voluntaria ambigüedad: es un reto localizar en esta imagen el punto exacto en que se ubica la cristalera que separa el interior del local de la calle; hay todo un juego de reflejos que despistan al espectador y proporcionan lecturas diferentes. El brazo masculino que aparece junto a la mujer que escribe, ¿pertenece a alguien sentado dentro o fuera del café, a este lado o al otro del cristal?  Atención a la maravilla de la gradación de enfoques, que va desde la nitidez perfecta del sifón metálico de encima de la mesa hasta el difuminado de las figuras que se pierden en la distancia. Y qué decir de las cabelleras rojas de los dos personajes femeninos. Toda la historia de la pintura está contenida en esta fotografía compleja y sugerente.

domingo, 6 de enero de 2013

UN VILLANCICO INESPERADO

Me encantan las ocasiones en que la vida nos presenta estímulos que nos impactan o conmueven, y con el paso del tiempo vuelve a lanzarnos un cabo al que agarrarnos para completar aquello que captó nuestro interés de manera tan intensa. Esa sensación de que los elementos que componen nuestra existencia se entrelazan, de que hay múltiples correspondencias que debemos estar muy atentos para detectar y de que la realidad se hace eco a sí misma constantemente, me parece el más apasionante de los juegos. Libros remiten a libros, una sinfonía contiene las notas de una canción muy querida, un poema recoge las palabras que nos dijo alguien ya ausente, el mismo rostro aparece en dos cuadros pintados con siglos de distancia.

sábado, 5 de enero de 2013

ESTE SOL DE LA INFANCIA

A la muerte de Antonio Machado en su breve exilio en Francia, apareció en su bolsillo un papel con el último de sus versos: “Estos días azules y este sol de la infancia…”. Nunca sabremos lo que el gran poeta nos habría dicho de continuar la composición, pero como todo lo que el lector se ve obligado a completar por su cuenta, es un verso con una enorme capacidad de sugerencia. A mí me habla de los días perdidos y de la extraordinaria calidad que tienen en el recuerdo: el sol no luce igual en el presente que en esas imágenes de infancia atesoradas en la memoria. Tampoco son iguales los olores, el sabor de los dulces, ni el frescor del agua, ni el ruido de las olas, ni las tonalidades del cielo.

miércoles, 2 de enero de 2013

LOS CUADROS DE DICIEMBRE (2012)


Eero Järnefeld (1863-1937) es un pintor finlandés poco conocido en nuestro país que se dedicó, con impecable técnica realista, a reflejar los paisajes y los problemas sociales de su tierra. En este cuadro, titulado Botella de vino francés, nos introduce en el interior de una humilde taberna. Muchos siglos de historia de la pintura están contenidos en el hábil juego de iluminación de la escena: la intensa claridad que atraviesa el escaparate, la distinta incidencia de la luz sobre las variadas superficies (mostrador metálico, mesa de mármol, objetos de cristal), el contraluz en el que se recorta la figura del hombre de pie, que oculta entre las manos la claridad de una cerilla, el rostro a medias sombrío y a medias iluminado del hombre sentado, el resplandor rojo de la tela que cubre la escalera de caracol. Pero este juego de destrezas no se queda en un simple alarde formal gracias a la mirada triste, intensamente humana, que el hombre junto a la mesa clava en el espectador. Nos gustaría saber qué hay detrás de esa expresión seria y cansada, aunque sospechamos que nada que el tiempo y las dificultades diarias que todos conocemos no puedan explicar.

martes, 1 de enero de 2013

PRIMEROS PLANOS (I)

Cuando me propuse crear esta sección de primeros planos de cine, este fue el que inmediatamente acudió a mi cabeza. Hace ya varias décadas que lo contemplé por primera vez y no he podido olvidarlo. En el año 1980, el director estadounidense David Lynch saltó a la fama con El hombre elefante, recreación de la historia de un personaje real afectado por una terrible deformidad. Esta es la escena en que el espectador puede ver por primera vez al personaje que da nombre a la película. Y no cabe una presentación más trágica: entramos en contacto con él en el momento en que está siendo exhibido como una atracción de feria. Con extraordinario tacto, Lynch lo expone apenas a nuestra vista y en seguida se centra en la impresión que el espectáculo causa en un médico que ha acudido guiado por el interés científico, papel interpretado por Anthony Hopkins. Es un primer plano impresionante. El espanto y la compasión frente a la desgracia ajena se reflejan en los ojos del gran actor con inigualable intensidad. La banda sonora y la preciosa fotografía en blanco y negro hacen el resto. Con gran instinto cinematográfico, Lynch comprende que es mucho más eficaz sugerir que mostrar.