lunes, 29 de octubre de 2012

UNA VOZ LEJANA

Guardo un recuerdo preciso del momento en que surgió en mi cabeza la idea germinal de esta novela que ahora publico. De hecho, creo que guardo recuerdos precisos del germen de casi todas las obras que he escrito. Es un muestrario de imágenes antiguas que me encanta repasar, igual que otros miran y remiran fotos de viajes o de encuentros sociales. A mí las fotografías de tiempos pasados me conducen inevitablemente a la melancolía y por eso suelo huir de ellas; disfruto, en cambio, trayendo a la memoria los momentos en que se encendieron en mi cabeza pequeñas chispas que luego se desarrollaron hasta cristalizar en unos personajes y una trama. Con frecuencia se trata de sueños, a veces un comentario de alguien, un pensamiento propio o ajeno, una frase de un escritor, una noticia en la prensa. La idea de La voz de los extraños, que es mi última novela en ver la luz, me surgió escuchando la radio.

Era el año 2008. Lo sé bien –yo, que soy un desastre para las fechas- porque aún conservo la primera versión de esta historia, que tenía alrededor de sesenta páginas y se desenvolvía en esos límites imprecisos entre el relato y la novela breve. La idea de escribirla nació cuando oí comentar en la radio la costumbre, extendida entre parientes y amigos, de depositar variados objetos en el ataúd de sus difuntos. Al parecer, los empleados de las funerarias tienen que lidiar con cierta frecuencia con un amplio repertorio de aparatos de música, discos, libros y teléfonos móviles abandonados junto a los cuerpos. No cabe duda de que los humanos acudimos a cualquier sistema para combatir a nuestro gran enemigo, el dolor. Lo que primero me vino a la imaginación –nos habría venido a todos, supongo- fue una escena en que a un difunto le sonaba el teléfono móvil. Y en seguida, a esa idea se superpuso otra: qué pasaría si alguien respondiera a esa llamada. Ahí tenía el germen de una historia.

Desde ese día lejano hasta este mes de octubre de 2012 en que la novela ha salido a la luz pública, han pasado muchas cosas. Aquí cada cual puede incluir el repertorio de avatares con que lo hayan premiado o castigado estos últimos cuatro años. Como si de una personita autónoma se tratara, La voz de los extraños ha vivido sus propias peripecias: fue creciendo hasta convertirse en una novela de casi doscientas páginas, se presentó a diversos concursos con dos desenlaces distintos, se alzó con el Premio Provincia de Guadalajara de Narrativa del año 2010. Vio luego aplazada su publicación por las adversas circunstancias económicas, y ahora sale finalmente a la luz cuando a su autora le parece ya una voz de otros tiempos. Bien está. La presento en sociedad, para aquellos que saben de su existencia y la han esperado pacientemente, y para algún otro que se pueda interesar.

Una última reflexión: cuando hace años me dediqué a la interpretación, oí a menudo el conocido chascarrillo de que a los actores de teatro se les paga por repetir y a los de cine por esperar. Nunca pensé que la paciente espera fuera también una seña de identidad del escritor. Tal vez sea, simplemente, un ingrediente de la condición humana.

2 comentarios:

  1. He leído tu novela “La voz de los extraños” durante unos días de bastante ajetreo laboral, en los que deseaba encontrar un hueco al final del día para dejarme “atrapar” por esa niña de mirada concentrada, por una historia –del más acá, del más allá- tan tierna y estremecedora… Adentrarme en otras mentes, escuchar sus voces privadas, ha sido para mí una experiencia llena de impresiones… lujo del que disfrutamos los lectores. Gracias, compañera, por inventar historias y compartirlas. Qué más da que ésta haya tenido que esperar pacientemente... Y enhorabuena, de corazón, por el premio. Hasta pronto, Choni.

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    1. No me importa esperar pacientemente si al final me salen al encuentro lectores como tú, tan capaces de valorar mis esfuerzos y de conectar con esas "voces privadas" de mis personajes. Gracias por compartir mis historias y por darles un matiz nuevo a través de tu propia perspectiva. Es un lujo del que disfrutamos los autores.

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