martes, 18 de septiembre de 2012

MIS FOTÓGRAFOS (II)

La estadounidense Gertrude Käsebier (1852–1934) accedió tardíamente a la fotografía, haciendo retratos de sus tres hijos, pero se convirtió en gran adalid de la incorporación de la mujer a esta modalidad artística. En 1899 capta esta hermosa imagen de una madre con su hija que titula con un célebre versículo del evangelio de San Lucas: Bendita tú entre las mujeres. El esmerado encuadre, la textura pictórica, el contraste de los atuendos y actitudes de la adulta y la niña la convierten en una fotografía inolvidable. Estas dos figuras femeninas parecen pertenecer a un ámbito de privilegio en el que todo es belleza y armonía; detenidas en el umbral de su casa, se asoman al mundo exterior, donde moramos los no tan afortunados, donde reinan la confusión y el ruido porque la mano de la artista no alcanza para ordenar el caos.


El maestro de la oportunidad, el fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson (1908-2004), realiza en 1932 esta instantánea que es una prodigiosa plasmación del contraste entre lo inmóvil y lo pasajero, entre lo que permanece en el tiempo y lo fugaz. Este rincón de la población francesa de Hyères sería en sí un motivo interesante, con sus diferencias de empedrado y la curva de la calle en contraposición al complejo trazado geométrico de la escalera, pero es la imagen del ciclista, desenfocada por la velocidad, lo que otorga a la fotografía la condición de única. Privilegiados en nuestra situación elevada, fotógrafo y espectador contemplamos esta pugna entre lo que dura una eternidad y lo que acaba en un segundo, y descubrimos que ambas cosas vienen a ser la misma, desde el momento en que quedan inmortalizadas en nuestra retina.


La incansable rastreadora de comportamientos humanos Cristina García Rodero (Puertollano, 1949) viajó en varias ocasiones al desierto de Nevada entre 1999 y 2003 para dejar testimonio con su cámara de un singular evento: se trata del Burning Man, festival que se celebra anualmente en la localidad de Black Rock y que es una exaltación de la libertad individual, la magia y la desinhibición. Durante seis días, el paisaje desértico se puebla de seres singulares, semidesnudos, ataviados con disfraces fantásticos, a bordo de extraños armatostes. El material para el objetivo de esta gran fotógrafa está servido. Con su fino sentido del encuadre, toma instantáneas como esta titulada Alas de mariposa, de extraordinaria delicadeza. Es difícil lograr una plasmación más hermosa del mundo de la fantasía que esta imagen en la que la indefinición de los grises se erige en protagonista. “Amo el color y lo trabajo, ¡soy pintora!”, afirma García Rodero, “pero el blanco y negro me da más libertad técnica, y lo prefiero porque se aleja de la realidad. Es más misterioso y poético”.


Toda la emoción de la noche y el viaje está contenida en esta imagen tomada por la cámara del fotógrafo francés Bernard Plossu (Vietnam, 1945). Especialista en la realización de reportajes sobre viajes, Plossu decide a partir de los años 70 centrarse en la fotografía en blanco y negro realizada con un objetivo de 50 mm., que es el que reproduce de forma más aproximada el ángulo de visión del ojo humano y que además cuenta con la ventaja de ser extraordinariamente luminoso. Obtiene así imágenes como esta Carretera, realizada en Oklahoma en 1983, en la que, literalmente, el autor enciende la noche para exponerla ante nuestros ojos en todo su esplendor. Un hermoso cielo lleno de nubarrones y el viento que inclina las copas de los árboles hacen el resto. Dotada por la luz de la luna de un brillo irreal, la mágica cinta de la carretera que se despliega frente a nosotros nos parece el medio de acceso al mejor de los lugares posibles.

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