viernes, 27 de abril de 2012

LOS LECTORES DE KERTÉSZ (y II)

Durante los últimos meses, se han ido relevando unos a otros en su labor de acompañarnos y conseguir que nos veamos reflejados en ellos. Son niños y viejos, maduros y jóvenes, ricos y pobres; vivieron en épocas y continentes distintos, en el campo y en la ciudad, pero todos tienen algo en común: su extraordinario amor a la lectura. Son los hombres y mujeres leyendo a los que inmortalizó el fotógrafo húngaro André Kertész a lo largo de setenta años de amorosa observación de todos aquellos que no pueden –que no podemos- evitar que cualquier rato perdido sirva para sumergirse en una página impresa.

sábado, 21 de abril de 2012

EL CUMPLEAÑOS DEL MAESTRO

La semana previa a la celebración del Día del Libro en mi instituto trae siempre consigo cierto ajetreo y alguna anécdota que me divierte recordar. En esta ocasión, estaba yo presentando a un grupo de alumnos la figura de Charles Dickens; simplemente había comentado que el pasado mes de febrero se cumplieron doscientos años de… “¡Su muerte!”, aventuraron varios de los presentes, deseosos de adelantarse a mi explicación. Al verme negar con la cabeza, ya fueron más las voces que clamaron, unánimes: “¡Doscientos años de su nacimiento!” Y entonces hubo un alumno que fue más allá y quiso dejar constancia de su asombro al exclamar, en solitario: “¡Hala, qué viejo!” 

domingo, 15 de abril de 2012

EL GIGANTE EN LA ORILLA

La infancia está llena de espacios mágicos. En realidad, todos lo son, cuando se contemplan desde esa altura irrecuperable que dan la poca experiencia, los escasos centímetros y la inmensa capacidad de asombro. Nada de lo que vemos de adultos alcanza la emoción de los lugares que visitamos de niños. Si tuviera que elegir los escenarios más prodigiosos de mis primeros años de vida, uno sería sin duda la catedral de Toledo. Fue mi primera catedral gótica, la primera vez que contemplé un edificio que parecía todo él un organismo vivo, con sus criaturas de piedra increíblemente animadas, con sus imágenes al acecho en los rincones oscuros, con su portentoso Transparente, que era, entonces no me cabía la menor duda, un conducto abierto en el techo que conectaba con un ámbito sobrenatural, que lo mismo podía estar poblado de ángeles y criaturas celestiales que de hadas y dioses paganos. Yo nunca había visto hasta entonces un edificio que tuviera una abertura por la que se pudiera escapar al mundo de la imaginación.

sábado, 7 de abril de 2012

VIVIR DENTRO DE UNA HISTORIA

En un momento de su novela Brooklyn Follies, Paul Auster hace contar a uno de sus protagonistas, el estudioso y entrañable Tom Wood, la historia de la muñeca viajera que escribía cartas a su dueña. Es una anécdota sobradamente conocida, que ha hecho correr ríos de tinta y ha dado pie a novelas e incluso al divertido episodio del gnomo de jardín que envía a su dueño fotos de sus periplos por el mundo en la deliciosa película francesa Amélie. Parte del encanto de la historia reside, qué duda cabe, en su sorprendente asociación con la figura del novelista Franz Kafka.

miércoles, 4 de abril de 2012

POR FIN, LA LLUVIA

Hacía tanto que no veíamos llover por estos lares, que algunos habíamos olvidado hasta el sonido de las gotas al caer. Cuando volví a oírlo ayer por la tarde me produjo una impresión deliciosa. Es, en mi opinión, de los sonidos más bellos que existen. Un sonido que acompaña sin perturbar, tranquilizador como el silencio pero mucho más hermoso. Un sonido que hipnotiza, que sosiega, que parece transmitir un mensaje que es distinto para cada uno. Como el de las fuentes, como el de los ríos al correr, como el de las olas que van y vienen. Todo es agua, al fin y al cabo.

lunes, 2 de abril de 2012

LOS CUADROS DE MARZO (2012)

Escena de playa. Niños en las olas del pintor estadounidense Winslow Homer (1836-1910). Este paisaje marino poblado de figurillas saltarinas recoge la algazara y la irresistible alegría de los días de infancia pasados junto al mar. Todos aquellos que han sido –que hemos sido- felices en su orilla se sentirán identificados. La pincelada suelta del artista capta el dinamismo de la escena: las olas que van y vienen, los chiquillos que saltan sobre la espuma, el cielo plagado de nubes, las manchas blancas de dos barcos en el horizonte. La arena mojada actúa como un espejo y nos devuelve el reflejo invertido de la imagen; la diversión infantil queda así duplicada. Un detalle encantador: un poco alejada del grupo, una niña china, con su inconfundible sombrero y su trenza, se recoge primorosamente la falda para no mojarse.