viernes, 2 de marzo de 2012

LOS CUADROS DE FEBRERO (2012)


Estrambótico, visionario, de imaginación delirante: el pintor francés François de Nomé (1593-después de 1644) se dedicó a crear, solo o en colaboración, bajo su firma o con seudónimo, sorprendentes cuadros en los que una arquitectura aparatosa y asfixiante oculta casi a los protagonistas humanos. Es el caso de El rey Asa de Judá destruyendo los ídolos, en el que el peculiar artista parece invertir los términos de la historia bíblica: el monarca que alcanzó la gloria por triunfar sobre los símbolos del paganismo resulta insignificante en comparación con el desmesurado edificio que está en trance de derruir. Tal vez a Nomé el rey Asa no le fuera especialmente grato. Yo apenas puedo reparar en él: al contemplar cómo se derrumba esta construcción que parece directamente extraída de una pesadilla, lo único que se me ocurre pensar es que tal vez el que la sueña se esté despertando.

Cupido en el baile de máscaras, del pintor alemán Franz von Stuck (1863-1928). Todo el misterio de la elección amorosa está contenido en la indecisión de este personajito de apariencia angelical y dudosas intenciones. El doble camuflaje de la máscara y del gigantesco abanico rojo oculta tan trascendental momento de las miradas de la mayoría y nos convierte en testigos de excepción. Estamos presenciando los instantes previos a toda una revolución: hay una vida que no volverá a ser la misma en cuanto se dispare esa flecha que el pequeño alado apoya ahora sobre su boca con gesto vacilante. Atención a la maestría con la que el pintor dota de viveza y malicia a los ojos que asoman apenas por detrás del antifaz; ellos solos bastan para explicar el carácter imprevisible, sorprendente, caprichoso, del enamoramiento. Nunca un personaje tan tierno fue tan peligroso. Aunque su contemplación es encantadora, tal vez lo más prudente sea alejarse de él, antes de que elija al destinatario de su próxima flecha.

La gracia y la elegancia del Art Decó y el glamour de la nueva mujer de los años veinte están reflejados en El aperitivo, de la pintora danesa Gerda Wegener (1886-1940). La estilización de las líneas, la simplicidad de los colores, la reducción del fondo a estructuras geométricas: todo contribuye a hablar de un mundo recién estrenado, rabiosamente moderno, en el que los viejos tabús no tienen ya cabida. El espectador solo puede sonreír frente a estas damas desenvueltas que fuman, beben y se maquillan en público sin pudor alguno y que saben ser a la vez el culmen de la sofisticación. Nadie podría imaginar el secreto que se oculta tras este despliegue de ligereza: la persona que sirvió de modelo para la delicada joven del primer término fue el pintor Einar Wegener, marido de la autora, transformado en su alter ego femenino, Lili Elbe. Lili, que nació por casualidad el día en que Gerda le pidió a Einar que sustituyera a una modelo ausente de la que estaba realizando un retrato, se convirtió en protagonista de numerosos cuadros de su esposa y en pionera de la liberación de los impulsos sometidos por las limitaciones que el género impone.

El gran maestro holandés Johannes Vermeer, creador de blancos sobrenaturales, pintó en torno a 1661 La callejuela, uno de los dos únicos cuadros en los que recreó una vista de Delft, su ciudad natal. Como siempre sucede en este artista, una escena cotidiana sin aparente complicación cobra una enorme trascendencia gracias al dominio portentoso de la luz. Las mujeres pendientes de sus tareas domésticas, los dos niños arrodillados que juntan las cabezas, embebidos en sus juegos sobre la acera, están sin duda haciendo lo mismo que hacen todos los días, y sin embargo el espectador tiene la sensación de estar siendo testigo de un momento de privilegio. Es como si este artista de temas sencillos y técnica extraordinaria tuviera en sus pinceles el don de retratar la esencia de las cosas. Parte de esa impresión se debe a uno de los protagonistas del cuadro, ese impresionante cielo que se cierne sobre los tejados. Solo otro de los grandes, nuestro Diego Velázquez, habría sabido pintar un cielo semejante.

2 comentarios:

  1. Fantástico análisis de estas obras! Gracias por hablarme esta tarde de tu blog, lo pongo entre mis imprescindibles. Besos. Nadia

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  2. Gracias a ti por acercarte a este espacio. Espero seguir dándote motivos para hacerlo. Un beso y bienvenida.

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