sábado, 31 de marzo de 2012

UN PASEO POR EL PARAÍSO

William Eugene Smith fue un fotógrafo estadounidense nacido en 1918 que durante más de cuarenta años (desde que con catorce le tomó una cámara prestada a su madre hasta su prematura muerte a los sesenta) se dedicó a captar a través de su objetivo los grandes acontecimientos y problemas sociales de su época. Con increíble valentía, fue testigo en primera línea de las batallas de la Segunda Guerra Mundial, de cuyas terribles secuelas sobre militares y población civil dejó testimonio a través de imágenes sobrecogedoras y de técnica impecable. Su arriesgada labor como corresponsal de guerra terminó cuando fue gravemente herido en la cara y la mano izquierda por fragmentos de metralla. Como consecuencia, tuvo que someterse a treinta operaciones y permaneció casi dos años en su casa de Nueva York sin hacer una sola fotografía. No estaba seguro de que pudiese nunca retomar su antiguo oficio, hasta que un día encontró un motivo para volverlo a intentar. Esta es la historia de lo que vio aquel hombre extraordinario que tan graves heridas físicas y morales había sufrido, de la imagen que lo sacó de su inactividad y su marasmo y lo convirtió en fotógrafo de nuevo.

miércoles, 28 de marzo de 2012

LECTURAS DEL PASADO INVIERNO (2012)

No me resisto a contar cómo ha llegado a mis manos el ejemplar en el que estoy leyendo El Palacio de los Sueños de Ismaíl Kadaré. Una compañera del club de lectores de Valmojado se compró para nuestra última reunión Crónica de piedra, del mismo autor, y se dispuso a leerla. A medida que iba avanzando en la novela, crecía en ella la extrañeza. No encontraba por ningún lado al niño desde cuya perspectiva sabía que se contaba la historia. Y, sobre todo: ¿dónde estaba la piedra del título? Tardó en darse cuenta de lo que había pasado: le habían vendido un ejemplar defectuoso, y bajo la portada de Crónica de piedra se encontraba en realidad el texto de El Palacio de los Sueños. Lo siento por nuestra querida compañera, que se ha perdido las emotivas andanzas del joven Kadaré y de sus paisanos por una de las más complicadas etapas de la historia reciente, pero a mí no me ha venido del todo mal la confusión. Llevaba un tiempo pensando que, de todas las novelas de Kadaré que no conozco, es precisamente El Palacio de los Sueños la que más me apetecía leer, y he aquí que ha llegado a mis manos gracias a esta curiosa pirueta. Desde anoche, ando ya perdida por los enrevesados pasadizos del palacio que da título a la historia, en pos del desconcertado protagonista, que se enfrenta –a estas alturas, no me cabe la menor duda- a un mecanismo terrible que amenaza con devorarlo.

martes, 20 de marzo de 2012

LA GUARIDA DEL ESCRITOR

Cuenta Vargas Llosa que comenzó a escribir en cafés, cuando en el año 1958 estuvo viviendo en Madrid gracias a una beca. En concreto, creó buena parte de su primera novela, La ciudad y los perros, en una tasca llamada Jute, cercana a la pensión donde se alojaba. Al parecer, un camarero bizco y de gran simpatía lo recibía siempre con una palmada amistosa, lo cual entraña especial mérito si tenemos en cuenta que aquel joven desconocido venido de tierras americanas debía de ocupar una mesa durante mucho tiempo sin grandes alardes de consumición. A mí me da mucho que pensar, esta costumbre de ciertos escritores de desarrollar su tarea en sitios públicos, supongo que porque el silencio me resulta indispensable para concentrarme. Me pregunto también de qué manera influye el lugar de creación en la textura de lo creado; hasta qué punto guardan las páginas de La ciudad y los perros los ecos de las conversaciones de los parroquianos, el bullicio de la calle y las interrupciones del camarero bizco y comprensivo. Sería, tal vez, una novela distinta, de haber sido concebida en medio del silencio.

sábado, 17 de marzo de 2012

HAIKUS DE INVIERNO

Luna de invierno
Templo sin puerta
Cielo sin linde ni final
(Buson)

Se va otro año
(que mis padres no vean
que peino canas)
(Etsujin)

Se van las voces,
pasada medianoche;
se queda el frío
(Yaba)
 

lunes, 12 de marzo de 2012

ELOGIO DEL SILENCIO

Mi cerebro funciona por asociación. Esto tiene sus inconvenientes: cualquier tema de interés suscita de inmediato en mí una serie de ecos, y acuden en tropel a mi mente historias, situaciones o datos relacionados con el asunto inicial, que con frecuencia olvido o en el que al menos no profundizo porque estoy demasiado ocupada con mis propias divagaciones. Es como ir tirando de una cuerda que trae atados recuerdos que me son gratos, pero que inevitablemente me conducen a la dispersión. También tiene, claro está, sus ventajas, esta tendencia mía a establecer relaciones. Una es que me da abundante materia para escribir en este blog.

martes, 6 de marzo de 2012

LA LENTE Y LA PLUMA

Dorothea Margarette Nutzhorn fue una niña enfermiza. Nació a finales del siglo XIX en Hoboken, ciudad perteneciente al estado de Nueva Jersey. A los siete años padeció poliomelitis, y dicha dolencia le dejó de por vida una constitución débil y malformaciones en los pies. Pero eso no le impidió desarrollar una extraordinaria y valiente labor en un terreno vedado en aquella época para las mujeres. En la década de los treinta se lanzó a las carreteras de Estados Unidos, cámara en ristre, para dejar un testimonio gráfico excepcional de la Gran Depresión. Ha pasado a la posteridad con su primer nombre y el apellido de su madre: se trata de la gran fotógrafa Dorothea Lange.

viernes, 2 de marzo de 2012

LOS CUADROS DE FEBRERO (2012)


Estrambótico, visionario, de imaginación delirante: el pintor francés François de Nomé (1593-después de 1644) se dedicó a crear, solo o en colaboración, bajo su firma o con seudónimo, sorprendentes cuadros en los que una arquitectura aparatosa y asfixiante oculta casi a los protagonistas humanos. Es el caso de El rey Asa de Judá destruyendo los ídolos, en el que el peculiar artista parece invertir los términos de la historia bíblica: el monarca que alcanzó la gloria por triunfar sobre los símbolos del paganismo resulta insignificante en comparación con el desmesurado edificio que está en trance de derruir. Tal vez a Nomé el rey Asa no le fuera especialmente grato. Yo apenas puedo reparar en él: al contemplar cómo se derrumba esta construcción que parece directamente extraída de una pesadilla, lo único que se me ocurre pensar es que tal vez el que la sueña se esté despertando.