miércoles, 7 de diciembre de 2011

GATOS Y ESCRITORES (III)


La pasión por los gatos es una constante en la vida y la obra de la escritora italiana Elsa Morante. Los hizo aparecer en sus novelas y les dedicó poemas, especialmente a Álvaro, su minino favorito. El amor por los animales en general, como encarnación de la inocencia y la indefensión, anima los escritos de esta autora. Ignoro si será Álvaro el gato que en la fotografía de la izquierda posa tan majestuosamente en brazos de la escritora, haciendo juego con el perfil y la mirada felina de esta. Ignoro también si la simpática caricia de Alberto Moravia, marido de Elsa Morante, dirigida al plácido gatazo de la imagen de la derecha, es un gesto espontáneo o una manera de contribuir a la buena armonía del matrimonio. De ser así, la cosa no le funcionó mal del todo: estuvieron casados veinte años. Una última duda: ¿será Álvaro este gato enorme al que se le permite tumbarse sobre los libros?

¿Alguien piensa que el amor por los gatos es cosa de mujeres? Aquí tenemos a Jack Kerouac, el anticonvencional, desarraigado y rebelde adalid de la generación “beat” estadounidense, abrazando a su gato Tyke, con el que le unía una entrañable camaradería. Con estas palabras se refiere el autor de On the road a su amigo felino:”He aquí a mi dulce gato y hermano Tyke, un medio persa, medio callejero de Florida, meditando tranquilo sobre sus patas delanteras, el cuerpo encorvado como gato-Buda, los ojos casi siempre cerrados, no dispuesto a ser molestado por nada, por mi grito de despedida o por el ruido de los aviones, solamente sentado en el sol color paja de noviembre con la sabiduría del Egipto Sagrado en todos sus flexibles músculos”. Compañero en la vida, fuente de inspiración en la literatura. En 1968, un año antes de morir de cirrosis, Kerouac se deja llevar por la plácida visión de su gato para escribir su propia versión de un haiku japonés:

“Y el silencioso gato
sentado junto al poste
percibe la luna”


Uno de los grandes maestros de la novela negra, el creador de complejísimas tramas que avanzan imparables y enrevesadas como pesadillas, no podía tener otra imagen: la pipa en los labios, la mirada penetrante y un gato negro a su lado. No esperábamos menos de él. Con todos vosotros, Raymond Chandler, el mago de la novela policial clásica y padre del inolvidable detective privado Philip Marlowe. Y su gato, claro.

Especial, misteriosa, felina ella también: así posaba hace años Joyce Carol Oates al lado de su gato, cuando aún no se había convertido en la eterna candidata al Premio Nobel de Literatura. No es la típica foto entrañable de amo y mascota; la escritora y su compañero aparecen independientes, sobre el suelo, casi se diría que en igualdad de condiciones. La escritora dirige su mirada hacia nosotros y el gato gordo y casero mira a través de la cristalera, tal vez reflexionando sobre los pros y los contras de la vida en libertad.

Este caballero de rasgos aniñados que posa en compañía de un encantador gatito es el escritor más original que he tenido la suerte de conocer en los últimos años: él es Haruki Murakami, creador de inquietantes atmósferas y singulares personajes, que envuelve en títulos tan poéticos y sorprendentes como El fin del mundo y un despiadado País de las Maravillas; un escritor, en definitiva, que solo se parece a sí mismo. Al parecer, además de ser un amante de la música y un gran aficionado a correr, Murakami siente una especial atracción por los gatos, como prueba el hecho de que en tiempos regentara un club de jazz llamado Peter Cat. En esta  predilección, al menos, sí que se parece a otros escritores.

2 comentarios:

  1. A mi también me encantan los gatos, de hecho, mi blog está dedicado exclusivamente a uno de ellos.
    Me gusta tu blog. Me verás por aquí.
    Besos

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    1. Bienvenida, Marian. Espero verte por aquí a menudo. También descubrirás el rastro de mi huella por tu blog. Seguro que descubrimos que, aparte del amor a los gatos, nos unen muchas otras cosas. Un beso para ti también.

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