domingo, 27 de noviembre de 2011

POLIZONES, BUMERANES Y DEMÁS PESADILLAS DEL ESCRITOR

Hace unos días, recibí un correo electrónico de una antigua compañera que además de dedicarse a la enseñanza es escritora. El motivo era ciertamente alegre: me anunciaba que ya estaban en su poder los primeros ejemplares de su última novela. En medio de su satisfacción y alivio (el libro impreso es la materialización de un proceso largo y lleno de exigencias, no siempre literarias), me comentaba con resignación que al hojear un ejemplar se había encontrado con algunas erratas y que le había dado mucha rabia. Me sentí de inmediato solidaria y arrugué la nariz como si me hubieran mencionado algún insecto de aspecto repugnante. Fue una reacción instintiva, y creo que pocos de los que bregamos con las letras podríamos sustraernos a ella.

viernes, 18 de noviembre de 2011

HABLANDO DE SUEÑOS

En la última reunión de nuestro club de lectores, se produjo un momento portentoso. De pronto, sin previo aviso, varios de los asistentes empezaron a relatar sus sueños. Bien es verdad que el libro que servía de base a la tertulia daba pie para ello, pero aun así fue una situación inesperada, que trajo consigo un clima de confidencia, de intimidad. Hubo quien confesó que, a pesar de ser una persona absolutamente pacífica, ha tenido épocas en que sus sueños albergaban una carga de violencia insospechada. Hubo quien nos habló de los terrores nocturnos de sus noches de infancia; hubo quien contó un sueño en el que se desahogaba de una traumática experiencia real. Me encantó oír esas intervenciones; realmente, no es algo que se produzca todos los días. La gente habla en público de sus trabajos, de sus familias, de sus recuerdos de infancia. Habla, sobre todo, de las dificultades cotidianas, de esos pequeños escollos que nos hermanan frente a la adversidad diaria: la hipoteca, el coche que se avería, el niño al que no hay forma de hacer estudiar. Rara vez se bucea en lo realmente personal, en las imágenes que pueblan lo más escondido de nuestro yo, lo más auténtico e imposible de adulterar, porque con frecuencia ni nosotros mismos conocemos su procedencia y su auténtico sentido.

viernes, 11 de noviembre de 2011

CELEBRACIÓN DEL PRESENTE

Conocí lo que era un haiku hace ya bastantes años, gracias a Julio Cortázar; es una de las muchas cosas que le debo al gran escritor argentino. El hermoso título de su libro de poemas más famoso, Salvo el crepúsculo, es el último verso de una composición de Matsuo Bashō, maestro por excelencia de este género poético japonés, que vivió en la segunda mitad del siglo XVII. El poema completo es apenas un poco más largo, y supone una maravillosa plasmación de la melancolía de los objetos y los lugares abandonados. Dice así, en la preciosa traducción de Octavio Paz:

sábado, 5 de noviembre de 2011

CAMBIAR DE PIEL

El próximo lunes, me toman el relevo en la coordinación del club de lectores de Valmojado. La encargada será una compañera muy querida que este curso trabaja lejos de nosotros, pero de la que nos sentimos cerca por razones cibernéticas y sentimentales. Es una experiencia grata esta de delegar: nada de preocupaciones, nada de leer tomando notas ni preparar materiales en los días previos a la cita. Pero también tiene su parte inquietante, derivada del hecho de que el libro que servirá de base a la tertulia es mi novela Alguien aguarda en el sueño. No estoy segura de que vaya a resultar muy tranquilizadora la experiencia de presenciar cómo un conjunto de lectores debate sobre una de las criaturas de mi imaginación que más me ha costado traer al mundo. Pero lo que sí tengo claro desde hace días es que la idea de volver a leer uno de mis escritos me intranquiliza profundamente.

jueves, 3 de noviembre de 2011

LOS CUADROS DE OCTUBRE

Esta Dama del armiño es uno de los cuadros más misteriosos de la historia de la pintura. Sobre ella se ignoran todos esos datos que tanto les gusta tener bien amarrados a los estudiosos: no se sabe quién es la retratada ni el nombre de su autor. Durante mucho tiempo se le ha atribuido a El Greco, y se ha elaborado una romántica teoría sobre la identidad de la protagonista, que sería Jerónima de las Cuevas, la mujer con la que el pintor mantuvo una relación amorosa y que fue la madre de su hijo. Otros defienden la autoría de un artista del círculo de Sánchez Coello, o incluso la de Tintoretto. En cualquier caso, esas incógnitas no son nadas comparadas con el misterio de los hermosos ojos negros que parecen brillar llenos de vida, con la increíble maestría en el trazado del manto de armiño que nos oculta el cuerpo de la retratada. Por cierto: a mí la teoría que más me gusta, por razones sentimentales, es la que afirma que la autora del cuadro es Sophonisba Anguissola, la gran olvidada del arte del siglo XVI.