domingo, 25 de septiembre de 2011

LECTURAS DEL PASADO VERANO

Parece que hace un siglo, pero no es así: llegaba a su fin el mes de junio, se acercaban las vacaciones, y yo me disponía a relajarme, cómo no, con una novela negra. Escribí entonces las siguientes líneas, dedicadas a la que iba a ser la primera de las lecturas del verano. No sé por qué me pone melancólica leer estas reseñas; será un sentimiento obligado, ahora que el otoño se ha instalado entre nosotros.

Estrenamos el verano, llega el final de curso, y el cansancio acumulado se impone. Es el momento de una pausa. Y resulta que ahí está Kurt Wallander, esperando prudentemente en una esquina de la estantería, como un novio fiel que nos perdona las veleidades porque sabe que, tarde o temprano, regresaremos a él. Este es mi momento de volver al punto de la saga donde había dejado las aventuras del inspector sueco, con sus pesadumbres cotidianas, sus problemas domésticos, su inquieta conciencia y su constante sensación de fracaso sentimental. Pisando los talones. Qué relax, una de crímenes, para inaugurar el verano.

sábado, 24 de septiembre de 2011

GRACIAS, JIM

Es de las personas que más me han hecho reír a lo largo de mi vida. Teniendo en cuenta lo que valoro el sentido del humor, con eso está dicho todo. Él creó personajes que me han acompañado desde niña y que forman parte de mis recuerdos como si de gente de carne y hueso se tratara: la rana Gustavo, Epi y Blas, la cerdita Peggy, el Monstruo de las Galletas y muchas otras deliciosas criaturas le deben su existencia. Hoy Jim Henson cumpliría setenta y cinco años si una neumonía no se lo hubiera llevado hace más de una década.

viernes, 23 de septiembre de 2011

INSTRUCCIONES PARA PERDERSE EN EL PRADO

Una joven lectora de este blog me informó ayer de que este sábado visitaría por primera vez el Museo del Prado. Desde el momento en que me comunicó la noticia, un montón de ideas acudieron a mi cerebro. Por encima de todas ellas, lo confieso, una cierta envidia; estar en vísperas de semejante momento de privilegio me parece un instante único, irrepetible. Multitud de recuerdos empezaron también a agolparse en mi memoria: las visitas de niña en compañía de mi padre, que fue la primera persona –es el mejor de todos los regalos que me ha hecho, y me ha hecho muchos- que se preocupó de enseñarme las salas del Prado; las visitas posteriores, a solas y acompañada, en grupo algunas veces y casi siempre en pareja. Mis autores favoritos de cada momento, mi enamoramiento infantil de Murillo, mi fascinación por el desbordamiento escenográfico de Rubens y sus acólitos, mi asombro frente a las pinturas negras de Goya, mi gusto por esos magos del color que son los venecianos del XVI. La joven lectora me pide alguna recomendación para su primera visita, y no he podido evitar la tentación de escribir esta entrada. Ahí van mis instrucciones para perderse gozosamente en el Museo del Prado, la primera vez y todas las sucesivas.

martes, 20 de septiembre de 2011

EL CUENTO DEL LOBO

A mí de niña me encantaba la historia del pastor mentiroso a quien sus paisanos castigan precisamente la única vez que dice la verdad. Mis mayores me la contaban con cierta frecuencia, quizá porque distinguían en mí cierta tendencia fabuladora que les parecía un poco peligrosa. No sé si llegué a aplicarme a mí misma la moraleja del cuento, pero disfrutaba de lo lindo viendo cómo nadie acudía a ayudar al muchacho que se desgañitaba pidiendo auxilio, a cuenta de las veces que había movilizado en falso a la aldea en pleno. Ni siquiera me echaba para atrás la sangrienta pitanza del lobo exterminador de ovejas. Era yo por aquel entonces –los niños suelen serlo- un pequeño monstruo justiciero.

jueves, 15 de septiembre de 2011

RELECTURAS

Hay libros que, al ser abiertos, dejan caer de entre sus páginas mucho más que arena de una playa lejana o un pétalo ajado de una rosa que en su momento nos pareció digna de ser conservada. Hay libros que nos traen aromas de otras épocas, del momento de nuestra vida en que los leímos por primera vez y llegamos quizá a conclusiones, sentimientos y reflexiones bien distintos a los que nos producen ahora.

domingo, 11 de septiembre de 2011

DÓNDE ESTÁBAMOS HACE DIEZ AÑOS

Por más que me repita a mí misma que es inmoral esta sobrevaloración de las catástrofes del Primer Mundo y que las tragedias calladas, diarias, repetidas, de otros puntos menos afortunados del planeta merecen idéntica atención; por más que insista en que no hay muertos ni víctimas ni dramas personales ni pérdidas que pesen más que otras, tengo que rendirme a la evidencia: recuerdo con singular precisión dónde estaba, en compañía de quién, e incluso lo que estaba comiendo, mientras un silencioso televisor de un restaurante mostraba las inquietantes imágenes de unos edificios en llamas, hace hoy exactamente diez años. Solo tiene para mí idéntica fijeza en el recuerdo otro hecho abominable y mucho más cercano en el espacio, del que se cumplirán ocho años el próximo 11 de marzo.

jueves, 8 de septiembre de 2011

UNA SORPRESA

Me gustan especialmente las buenas noticias cuando eligen para llegar uno de esos días ocupados en que, al cerrar la puerta de casa por la mañana, pensamos con cierto fastidio en que nos faltan muchas horas para el momento del regreso. Resulta que uno entra en el ascensor y no ha llegado a salir del portal cuando se está cruzando con su buena fortuna, que irrumpe en esos instantes en forma de llamada de teléfono o de correo electrónico, pero uno no sabe nada aún y se sube al coche o al metro o camina y se va a trabajar, dándoles vueltas a esos pequeños problemas diarios que tanto le trastornan. Esa mañana, casualmente, no hay tiempo en el trabajo para echarle un vistazo a la cuenta de correo. Luego toca un trayecto con tráfico abundante, y comer fuera, y hacer un par de gestiones más. Y mientras, la buena noticia agazapada en el contestador o en ese limbo informático de los mensajes no recibidos, sin duda muerta de risa al pensar en la sorpresa que va a causar. Al fin regresa uno a casa, cansado como no podría ser menos, y al descolgar el teléfono o encender el ordenador, se la encuentra. Lo primero que sucede es una cierta incredulidad. Se procede a escuchar de nuevo o a leer con más calma, a poder ser con las gafas de cerca puestas. Finalmente, la certeza: es así. Se trata de una buena noticia, y va dirigida a uno, y al comprobar su hora de llegada, nos parece que ese día anodino y ocupado adquiere una nueva luz.

martes, 6 de septiembre de 2011

PENSAR EN TI

Qué buscamos en la persona amada. Con qué soñamos. Cómo sobrellevamos la frustración de nuestros deseos, y cómo –no siempre es lo más fácil- la materialización de los que se cumplen. De todo esto habla el cortometraje titulado Thought of you, realizado por el dibujante y animador estadounidense Ryan Woodward: una de esas perlas con las que me encuentro navegando por la red. A mí sus escasos tres minutos de duración me han dado, como ya figura en su mismo título, mucho que pensar. Aparte de regalarme, claro está, la belleza de sus imágenes. Meditad, si queréis, o simplemente disfrutadlo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

LAS FOTOS QUE NO HICE

Cada vez que salgo de viaje me asombro de la creciente obsesión del turista moderno por dejar constancia gráfica de lo que está visitando. Soy hija de fotógrafo y sé lo que es ir por la vida cargada con trípodes y cambiando filtros y objetivos a la cámara, pero aun así no deja de sorprenderme esta escalada de viajeros que salen de caza armados de máquinas fotográficas y de vídeo, empeñados en la loca tarea de inmortalizar cada monumento, cada paisaje, cada incidente, cada instante. Viéndolos lanzarse a mirar a través de una lente lo que no han llegado a observar directamente con los ojos, contemplando sus complicadas maniobras para llegar antes, para encaramarse en postes y escaleras, para esquivar cabezas, para ser los primeros en tomar la imagen sin que entren en su campo visual esos otros molestos turistas consagrados a idéntica tarea que ellos, me asaltan pensamientos un tanto sombríos.

viernes, 2 de septiembre de 2011

LOS CUADROS DE AGOSTO


La primera vez que vi El mundo de Cristina, del pintor estadounidense Andrew Wyeth (1917-2009), pensé que me encontraba frente a la plasmación de una escena onírica. El paisaje vacío, los edificios inalcanzables y el personaje solitario que lucha por acercarse a su entorno doméstico, familiar, sin conseguirlo: un mundo de pesadilla en el que una acción cotidiana como entrar en la propia casa se vuelve motivo de inquietud. Descubrí luego que la historia del cuadro y de lo que le sirvió de inspiración era mucho más real: el artista tenía una vecina paralítica que no renunciaba a disfrutar a su manera de la naturaleza y solía arrastrarse así por entre la hierba llevando ramitos de flores. En cualquier caso, toda la soledad y el desvalimiento del ser humano están en esta imagen escrupulosamente realista pero que a la vez apela a nuestro lado más oscuro y escondido.