martes, 30 de agosto de 2011

UN TIRÓN DEL HILO

En las obras clásicas, cuando un personaje pretendía localizar a alguien que no conocía o simplemente había partido de viaje, se abría un repertorio de maniobras extraordinarias que constituían una trama en sí y que a veces hacían olvidar al lector el objetivo de dicha búsqueda. Mensajeros a caballo, notas entregadas por sirvientes, telegramas perentorios, cartas llevadas en coches de posta, recados orales de amigos fieles. Y en contrapartida, mensajeros que llegaban tarde, sirvientes olvidadizos, postes de telégrafo derribados, coches de posta atracados por bandidos, amigos fieles que caían víctimas de un imprevisto. No olvidemos que Romeo no se habría suicidado de haberle llegado el mensaje enviado por Fray Lorenzo de que la muerte de Julieta era fingida.

lunes, 29 de agosto de 2011

LAS PIEDRAS DE KADARÉ

Supongo que todos jugamos a fantasear de vez en cuando con lo que habría sido nuestra vida en otras circunstancias. Yo lo hago a menudo: “Y si hubiera nacido en otro país…” “Y si tuviera un trabajo de oficina…” “Y si hubiera nacido hombre…” “Y si mi familia fuera otra…” Es el juego de los “y si”. No siempre llego a una conclusión clara sobre cómo habrían repercutido en mi personalidad unas circunstancias distintas a las que tengo, pero algunos posibles cambios se me antojan trascendentales, demoledores. Uno de ellos: cómo sería yo ahora si desde niña no hubiera sentido, y no se me hubiera fomentado, un enorme amor por la literatura. Porque me resulta evidente que las palabras de los escritores no solo me acompañan y divierten, no solo me enseñan y deslumbran, sino que con frecuencia aportan a mi realidad un matiz especial. Toledo no sería el mismo sin Bécquer. Me resulta imposible pasear en Soria por las orillas del Duero sin que acudan a mi cabeza los versos de Antonio Machado. La Venecia que visité por primera vez de jovencita habría sido distinta de no haber leído antes La muerte en Venecia, de Thomas Mann; cuando conocí la catedral de Notre Dame, habría jurado ver al jorobado de Victor Hugo saltando de pináculo en pináculo. Pero a veces sucede al revés, y la literatura viene a modificar lo que ya se ha vivido, a dar un nuevo sentido a nuestros recuerdos.

sábado, 27 de agosto de 2011

GATOS Y ESCRITORES (I)

No puedo renunciar al placer de verlos a todos juntos: reúno aquí las imágenes de escritores acompañados por sus amigos felinos que han desfilado por este blog desde comienzos del verano. Los hay (los autores) novelistas y poetas, realistas y fantásticos, refinados, irónicos, perversos, desesperados; los hay (los gatos) vulgares y de raza, misteriosos y avispados, sostenidos con cariño o dejados a su libre antojo entre los papeles de su dueño. La relación de hombres y mujeres de letras con los gatos es un tema que da para largo y tendido. De hecho, ya os lo habréis figurado por la numeración junto al título: continuará.


El gran Julio Cortázar con su gato, bautizado como Teodoro W. Adorno en honor del filósofo alemán. No sabemos más de este minino atigrado que mira en lontananza, pero es inevitable imaginarlo tan juguetón como su dueño. De hecho, tengo la impresión de que su seriedad es absolutamente fingida.


jueves, 25 de agosto de 2011

INVITADOS DE HONOR

Este mediodía he hecho una visita rápida al Museo del Prado, de esas que solo son posibles en el mes de agosto: aparcamiento en la puerta, entrada sin colas, público moderado y sin apreturas. He pasado deprisa por las salas de la colección permanente porque tenía un objetivo muy concreto. Siempre que camino sin detenerme por esos espacios que he recorrido tantas veces desde el lejano día en que mi padre me llevó al museo por primera vez, tengo la sensación de pasar frente a viejos conocidos que me saludan desde las paredes alegre o solemnemente, con seriedad o descaro, cada cual según su estilo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

UNA INYECCIÓN DE OPTIMISMO

Cuando me informaron de que iba a aparecer una reseña de mi libro de relatos Los muertos, los vivos en el número 89 de la revista Adiós, la noticia me produjo sentimientos ambivalentes. El hecho de que alguien se tome la molestia de comentar  en algún medio de comunicación lo que uno ha escrito es siempre motivo de alegría. ¿Dónde radicaba el problema, entonces? En que la citada revista es editada por una empresa de servicios funerarios, y curiosamente, a pesar de la marcada tendencia de mi imaginación hacia lo lóbrego y funesto, aparecer en una de sus páginas, rodeada de artículos sobre eutanasia y anuncios de urnas y féretros ecológicos, me producía, he de confesarlo, una cierta inquietud. “Esto te pasa por escribir siempre sobre asuntos tan negros”, me reprochó una impertinente vocecita interior.

lunes, 22 de agosto de 2011

VERSIONES DE SAN JORGE

Llevo toda la vida coleccionando imágenes de San Jorge: haciendo fotografías, comprando postales en los museos, descargando archivos de Internet. Por alguna razón que se me escapa, a una persona pacífica y amante de los animales como yo le resulta fascinante la figura del caballero que lucha encarnizadamente contra un dragón. Es una preferencia que me resisto a analizar y cuyas raíces están seguramente en el mismo oscuro rincón de mi conciencia que el gusto por los arcángeles guerreros y los caballeros con armadura. Pero pasemos a hablar de arte, que es un tema bastante más tranquilizador. Recojo en esta entrada las versiones pictóricas que más me agradan del mito del caballero que salva a la princesa de morir destrozada entre las fauces del terrible monstruo. ¿Por qué saco ahora este tema? Porque en mi viaje del pasado mes de julio me encontré por todas partes con la figura del santo guerrero. Su veneración en la Europa del Este es extraordinaria; no hay iglesia ortodoxa sin su imagen de San Jorge. Contemplé iconos, esculturas, pinturas murales... y un mosaico delicioso cuya presentación dejo para el final. Pero hagamos memoria primero.

sábado, 20 de agosto de 2011

UN POCO DE POESÍA

Curioseando por la red encuentro esta hermosa versión del poema When I am dead, my dearest de Christina Rossetti, recitado por la actriz Brigitte Bordeau y dirigido por Julian West. Es un texto estremecedor: la autora imagina lo que sucederá más allá de su muerte, pero a diferencia de otros poetas en obras similares, no canta al curso indiferente del mundo en su ausencia, al triunfo de la vida y a la inexorable sucesión de las estaciones cuando ella no esté. En una mirada íntima y claustrofóbica, se circunscribe al reducido espacio de su tumba, a la oscuridad y el silencio que reinarán dentro, a la persona amada que se acercará a la superficie, dividida entre el recuerdo y el olvido. Pero os dejo ya disfrutar con la sonoridad de los versos en su lengua original. Incurro, eso sí, en la osadía de incluir mi traducción, con el consejo de que, en caso de que vuestro inglés os lo permita, prescindáis de ella.

miércoles, 17 de agosto de 2011

PAISAJES POR LA VENTANILLA

De niña me encantaba salir de viaje. Ya desde el momento de partir me sentía presa de una enorme felicidad: pegaba la nariz a la ventanilla del coche y devoraba el paisaje que iba pasando frente a mis ojos. Nunca fui de esos niños que acribillan a sus padres con apremiantes preguntas sobre lo que falta para llegar. Me cuentan que mi primer trayecto largo lo hice con meses, en un azaroso Madrid-Ginebra que mi familia tuvo el valor de afrontar a bordo de un Seat 600. Al parecer, me pasé el viaje dando saltos de alegría sentada sobre las rodillas de mi madre. Creo que esa primera experiencia me marcó. A mí el hecho de llegar al destino me interesa relativamente; qué auténtico regalo es el trayecto, ese paisaje continuo que se despliega, como un don de los dioses, al otro lado de la ventanilla.

domingo, 14 de agosto de 2011

MINIATURAS

No es necesario conocerme mucho para saber de mi gusto por todo lo pequeño. Me encanta observar a los niños, me enternecen los arbolitos cuando aún no tienen la fuerza de la planta adulta, puedo pasarme horas contemplando los juegos de un cachorro. Cuando estoy delante de una pintura, no es extraño que la atención se me desvíe hacia un detalle oculto en un rincón. Cuántos animalillos, cuántos objetos perdidos, cuántos gestos peculiares de manos y pies, pintados por los grandes maestros, he descubierto con esta costumbre mía de dejar vagar los ojos hacia lo que está en segundo plano. Nada me gusta más que encontrar viejos objetos que solo poseen valor sentimental. Me fijo siempre en los personajes secundarios de películas y obras de teatro, recuerdo con facilidad la anécdota sin importancia de la vida del personaje famoso, la historia menor que no se difundió porque solo afectó a sus protagonistas y no cambió el curso de la otra Historia, la de verdad, la que aparece en letras grandes en las portadas. Por eso me apetece hoy escribir esta entrada, construida a base de detalles, de objetos mínimos, de historias sin importancia que he ido almacenando en mi reciente y meteórico paso por tierras balcánicas.

jueves, 11 de agosto de 2011

HOGAR, TRISTE HOGAR

Cuando dentro de un tiempo recuerde mi visita de este verano a la Galería Nacional de Arte de Tirana, me vendrán a la cabeza varias cosas: en primer lugar, el estado de confusión mental en que me hallaba, fruto de la ingestión de una serie de pastillas contra el mareo que me salvaron de zozobrar en las carreteras albanesas pero a cambio me dejaron sumida en un nivel de lucidez bastante precario. En segundo, la impresión de ver a un guía local golpear repetidas veces la superficie de un lienzo con la mano para señalar a su auditorio los detalles que quería resaltar, sin producir reacción alguna por parte de la seguridad del museo. Yo, que por cuestiones ya explicadas tenía una percepción dudosa de la realidad, pensé por un momento estar soñando. Me puse a meditar amargamente sobre una escena que viví años atrás en Londres y que me avergonzó mucho, cuando un guardia de seguridad de la National Gallery se lanzó hacia mí como una fiera porque le pareció que la distancia entre un autorretrato de Rembrandt y mi cara era más corta de lo recomendable.

sábado, 6 de agosto de 2011

LO QUE LOS SANTOS VIERON

Hace una semana regresé de un viaje de quince días por los Balcanes. Volví agotada, con muchas imágenes en la retina y la sensación de que debía descansar un tiempo antes de intentar colocar en su sitio cada una de las piezas de ese enorme puzle que es siempre el recuerdo de un viaje. Creo que el cansancio no solo se debió en este caso a las apreturas horarias y kilométricas, inevitables cuando se pretende abarcar un territorio amplio en poco tiempo, sino a las características de los sitios visitados en sí: la mezcla de culturas, la sobredosis de datos históricos, las convulsiones políticas, bélicas y sísmicas de una zona del mundo en la que, cuando el factor humano no se pone a temblar, lo hace la misma tierra. Han pasado ya siete días y me atrevo al fin con las primeras piezas del puzle, las que componen las hermosísimas iglesias y monasterios ortodoxos que visité por doquier, sin medida y con enorme disfrute. No encontraréis quizá una persona menos religiosa y que se deje fascinar más por los espacios sagrados.

martes, 2 de agosto de 2011

LOS CUADROS DE JULIO

Desde que vi por primera vez Mujeres en la ventana, de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), me sedujo por el juego de miradas cruzadas: el espectador que se asoma al cuadro, las mujeres asomadas a la ventana, y las miradas de uno y otras encontrándose en algún lugar intermedio, que no corresponde al museo ni al espacio que habitan los personajes retratados. Y luego hay otros misterios, como la razón del gesto de las mujeres: qué estarán viendo que les resulta tan divertido, desde su habitáculo en el lienzo. Y el misterio de la técnica: cómo se puede pintar con tal rotundidad la risa de la mujer mayor, oculta tras una tela. Pero este cuadro albergaba aún un misterio más que acabo de desvelar. Me he enterado hoy de que las modelos eran dos mujeres de origen gallego que alcanzaron fama como cortesanas en Sevilla. No una tía y su sobrina, no una criada y la niña de la casa, como llevaba yo años imaginando. Por un momento, me ha parecido que el frescor y la ingenuidad que emanaban del cuadro se esfumaban (perdonadme el chiste fácil) por la ventana. Pero he vuelto a mirarlo y me ha resultado inevitable sonreír. Es el eterno juego de esta pintura: las mujeres que observan y ríen asomándose a la calle, y el espectador que, siglos después, no puede hacer otra cosa que sonreír ante su desparpajo.