domingo, 3 de julio de 2011

LOS CUADROS DE JUNIO


Me gusta la pintura realista cuando por debajo de la precisión fotográfica y el detalle milimétrico se filtra la impresión de que el artista está recogiendo algo que queda más allá de los sentidos. Es lo que sucede en este cuadro del más norteamericano de los artistas europeos, el escocés Jack Vettriano, nacido en 1951. Hay algo de sobrenatural en esta habitación de escaso colorido, en el paisaje urbano velado por un visillo, en la mujer apenas iluminada que descansa, vestida de riguroso negro y con tacones de aguja, sobre un sillón cubierto por una sábana.  Es, sin duda, un momento de privilegio. Por si alguien dudaba del carácter amoroso de la ensoñación de la protagonista, ahí está el título para aclarárnoslo: In thoughts of you. La misteriosa dama vestida de negro está, ya nos lo sospechábamos, pensando en ti.

La glorificación de lo instantáneo: Les Yerres. Lluvia de Gustave Caillebotte (1848 – 1894). Tardamos en descubrir la barca y la casa semiocultas por la vegetación en la ribera de enfrente; toda nuestra atención se concentra en los círculos que dibujan las gotas al caer sobre la superficie del río. Agua sobre agua: la creación más efímera posible. En medio del juego de formas que se superponen, se emparejan y difuminan, baila el reflejo de los árboles. El sendero transversal del primer plano parece invitarnos a seguir caminando por la orilla: si pudiéramos saltar dentro del cuadro y continuar el paseo, tal vez veríamos al poco asomar el sol entre la espesura.
 

Qué difícil plasmar en un cuadro las profundidades del pensamiento, esos lugares recónditos de nuestro cerebro donde nadie más tiene acceso y donde buscamos refugio para meditar, razonar, recrear nuestros recuerdos y construir nuestras intenciones de futuro. Rembrandt, el maestro de maestros, lo hace en Filósofo meditando (1632). Esa alambicada escalera de caracol conduce directa a lo más hondo del personaje perdido en sus reflexiones. La luz del exterior llega tamizada a la estancia de colores cálidos en la que el hombre se repliega sobre sí mismo, como un niño antes de nacer. Detalle curioso: en un rinconcito de ese mundo interior, una anciana aviva el fuego, perdida, ella también, en sus pensamientos.

Cuando te regalan un ramo de flores, te regalan a un mismo tiempo el placer de los sentidos y el temor a su inminente destrucción. A mí me sucedió el pasado lunes: es un ramo esplendoroso, con flores de variadas formas y colores, abiertas o en trance de mostrarse al mundo, y en cuanto lo recibí sentí el deseo de poder detenerlo así, colorido y fragante, mucho tiempo. Ojalá para hacerlo tuviera las armas del pintor francés Henri Fantin-Latour (1836-1904). En su Naturaleza muerta nupcial, el artista juega con el contraste entre lo sólido y lo líquido, lo transparente y lo opaco, lo perdurable y lo destinado a una muerte próxima. El vino que se volvió agrio, las frutas que se estropearon, las flores que perdieron su lozanía, la porcelana y el cristal que lograron tal vez resistir largos años, esquivando golpes y caídas: todo ello sobrevive un siglo y medio después, en un rutilante despliegue de color, para alegría del que se detiene a contemplarlo.

2 comentarios:

  1. Tienes razón, Bea, no es una despedida, es un hasta luego. Me apetece mucho descansar, leer sin horario, quedarme media hora mirando estos cuadros del mes de junio, leyendo tus comentarios...pero, aunque seguiré estando por aquí, echaré de menos tu sonrisa discreta y tu saludo cariñoso cuando nos encontramos fugazmente por la sala de profesores o en los pasillos. Pese a tu clara tendencia a la invisibilidad, este año yo te he visto. También te deseo unas felices vacaciones y que volvamos con fuerzas e ilusión renovadas para todo un nuevo año.

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  2. Me gusta mucho eso que dices de mi "tendencia a la invisibilidad", en parte porque es cierto, pero también porque me hace imaginarme a mí misma colándome entre la gente sin ser vista, observando, anotando, imaginando historias, sin que nadie me interrumpa: en definitiva, lo que más me gusta hacer. Aunque también agradezco que personas como tú sean capaces de verme. Felices vacaciones, Confidente fiel.

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