miércoles, 22 de junio de 2011

CINCO AÑOS LEYENDO JUNTOS

Perdonad la imprecisión del título: los profesores, cuando hablamos de años, en realidad queremos decir cursos, porque medimos nuestra vida a través de la sucesión de esos periodos de tiempo que comienzan en septiembre, con los nuevos alumnos y las asignaturas por estrenar, y terminan en junio, cuando el cansancio y el calor se alían para hacernos sentir una y otra vez que, si las clases se alargaran un solo día más, no seríamos capaces de resistirlo. Voy a hablar, por lo tanto, de cinco cursos, los que llevo compartiendo el placer de los libros y la conversación con el animoso grupo de personas que componen el club de lectores de Valmojado.

Como a todos los sentimentales, me gusta echar la vista atrás y recuperar el momento en que nacieron las cosas que me siguen afectando en el presente. No siempre tengo suerte al sondear en mi memoria; más de un hecho o una persona trascendental han llegado a mí de puntillas, y me encuentro sin poder echar mano de una sola imagen de la época en que entraron en mi vida. No es así en este caso. Recuerdo perfectamente cuando lanzamos en el instituto de Valmojado una arriesgada convocatoria a todos los amantes de los libros y el buen leer. En mi fuero interno, lo confieso, no albergaba yo muchas esperanzas de que nadie acudiera a la llamada; andaba seguramente muy influida en aquella época por las estadísticas tremendistas sobre las lamentables cifras de lectura de nuestro país. La tarde fijada acudí con un poco de retraso a la convocatoria, porque salía de otra reunión precedente, y cuál no sería mi sorpresa al encontrarme a dos personas sentadas en un banco junto a la sala de profesores, esperando pacientemente. Me tendrán que perdonar los demás miembros del club: esos son los dos rostros que asociaré siempre con el comienzo de nuestra andadura. El curso 2006-07 estaba en sus inicios, y nuestro club de lectores acababa de nacer.

Aquellos dos miembros pioneros siguen formando en la actualidad parte del grupo. En seguida se les unieron otros, padres y madres de alumnos, amigos del pueblo, profesores del centro. En años sucesivos, hemos tenido valiosas incorporaciones. Lo confieso: me sigue sorprendiendo la constancia de muchos de ellos y su entusiasmo para dedicar un lunes al mes a poner en común sus impresiones, gustos y opiniones sobre los libros propuestos. El primero fue Relato de un náufrago, de García Márquez. Ahora me parece simbólico que echáramos a andar con una novela en cuyo primer capítulo una nave zarpa del puerto de Mobile, en Alabama. Pero a nosotros, afortunadamente, la singladura no nos ha conducido al naufragio. Hemos navegado por aguas revueltas, por páginas que nos han dado quebraderos de cabeza y nos han hecho meditar, y por otras que nos han llevado adelante sin el menor esfuerzo. Juntos hemos conocido al entrañable señor Linh y a su nieta, hemos huido de los horrores de la guerra de la mano de Irène Némirovsky, hemos sabido de la pesadumbre del pueblo alemán por los horrores del pasado a través de El lector de Schlink. Hemos buceado en el amor de Miguel Delibes por su esposa con Señora de rojo sobre fondo gris, hemos sabido de los desalientos de una guerra muy cercana con Los girasoles ciegos. Hemos investigado con los guardias civiles Bevilaqua y Chamorro, y también con el comisario Brunetti, por las hermosas calles de Venecia. Con Naguib Mahfuz nos hemos adentrado en el animado Callejón de los Milagros; con Steinbeck y De ratones y hombres, en la América de la depresión. Merçè Rodoreda nos ha hecho sentir el paso del tiempo en Espejo roto, Paul Auster nos ha enseñado en Brooklyn Follies que, para el que tiene la suerte de habitar un mundo imaginario, las pesadumbres de la vida desaparecen. De hecho, esa es la misma lección que aprendo una y otra vez en nuestras reuniones: en ese rato en que habito en el mundo de ficción de un escritor, en que comparto mis impresiones con otros lectores que siempre me sorprenden con sus puntos de vista, las penas de la vida se quedan fuera. Al otro lado de los cristales de nuestra biblioteca, esa que ha sido testigo de tantas historias, de las vidas de tantos personajes, esa que ha oído nuestros intercambios de opiniones, esa que hemos compartido, en definitiva, durante los últimos cinco años, perdón, cursos. Gracias a todos, y enhorabuena.

2 comentarios:

  1. Me cuesta expresar mis sentimientos, porque no me fluyen las palabras, pero no quería dejar pasar la ocasión sin agradecerte estos cinco cursos de lectura en los que he aprendido tanto...y que has culminado con este maravilloso blog, al que acudo casi a diario.¡Muchas gracias! Aurora

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  2. Siempre es una fiesta descubrir que uno de los visitantes silenciosos se ha decidido a dejar testimonio de su paso por este espacio. Gracias por hacerlo, Aurora: ni nuestros cinco cursos de lectura compartida ni este blog serían lo mismo sin ti.

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