domingo, 29 de mayo de 2011

ANDANZAS DE LA FERIA

A mí me enseñaron de niña que no se debía hablar bien de uno mismo, ni hacer alarde de los propios logros. Era algo inadmisible, igual que tirar comida o que inventar una excusa relativa a la mala salud de algún familiar. Había, por tanto, que huir como del diablo de la presunción y del autobombo e instalarse en el terreno de la humildad. Qué duda cabe de que en esto las monjas hicieron muy bien su labor, y que yo me lo creí religiosamente (me parece que es lo único que he hecho religiosamente en toda mi vida). Por eso, en memoria de aquellas esforzadas monjitas de mi infancia, jamás habría escrito una entrada como la de hoy, de no ser por las cosas curiosas que uno contempla cuando se mira el mundo desde detrás del mostrador de una caseta de la Feria del Libro.

sábado, 21 de mayo de 2011

ALGUIEN QUE AGUARDA, VERDADERAMENTE


Es una cosa curiosa, esto de los títulos. Hay libros que uno se lleva a casa sin apenas referencias, simplemente porque el título le resulta atrayente. Hay otros que nos resistimos a leer sin un motivo claro, y, cuando alguien de fiar nos canta sus bondades, condescendemos tal vez, aunque con un “bueno, si tú lo dices; pero con ese título…”

A la hora de bautizar una obra, también la cuestión es peculiar. Hay historias que nacen con el título colgado del cuello, como canes dóciles y domesticados; las hay, incluso, que parecen irse alimentando de su propio nombre, evolucionando y tomando ideas de él. Otras se resisten como gato panza arriba (perdonad la abundancia de símiles del reino animal) a ser reducidas a una fórmula. A mí me pasó con la novela de la que voy a hablaros, y que está a punto de salir de las mágicas entrañas de una imprenta convertida, al fin, en libro.

jueves, 19 de mayo de 2011

UN PASEO NOCTURNO

Hace casi cuatro años, viajé a una ciudad del sureste español para recoger un premio de novela corta que otorgaba el casino local en colaboración con el ayuntamiento. El viaje empezó bajo malos augurios, porque dio la casualidad de que estaba yo con un resfriado terrible y hasta arriba de medicación, y además se había dado la circunstancia de tener que conducir sin compañía y bajo la lluvia durante todo el trayecto. Aun así, afronté con más dignidad de la que me creía capaz de reunir los variados compromisos que se me habían preparado: una entrevista en la radio local, la entrega del premio y la cena posterior con los miembros del jurado. Y fue al final de la jornada, tras disolverse la reunión, cuando llegó el momento por el que ahora estoy recordando este episodio: el paseo nocturno por la ciudad.

lunes, 16 de mayo de 2011

UN SUEÑO DE DIEZ AÑOS

Cuando creé este blog, pretendía que se convirtiera en un catalizador de conversaciones, reflexiones y opiniones sobre libros. Llevaba muchos años hablando sobre el mágico acto de leer con personas muy distintas y ajenas entre sí, y con frecuencia tenía la sensación de que parte de una conversación le habría interesado a alguien que no estaba presente. Opiniones, gustos, reflexiones, deseo de acceder a esta o aquella obra que no se encuentra… Cuántas cosas se pueden poder en común. Yo acabo de vivir una de las maravillas de explicitar mis deseos en este espacio al alcance de tantas almas afines. No me resisto a contarlo (mi resistencia a contar cosas, bien es verdad, es bastante escasa).

sábado, 14 de mayo de 2011

ERROR, DULCE ERROR

Ayer a primera hora, al comprobar como de costumbre las visitas recibidas en mi blog durante la noche, me encontré con algo sorprendente, que me mantuvo unos segundos mirando la pantalla sin saber cómo reaccionar. Eso que tenía ante mí no era mi blog tal como lo había dejado el día anterior: algunas de sus secciones (Los que leen dentro del lienzo, Hablando de literatura) habían vuelto a su estado de varios días atrás, y la última entrada, titulada La hora bruja, con sus comentarios, simplemente había desaparecido. Lo que tenía frente a mis ojos no era el blog correspondiente al viernes, 13 de mayo, sino el del martes anterior. Era inexplicable, pero no se podía negar: había vuelto atrás en el tiempo. ¿Me encontraba dentro de un relato de Ray Bradbury?

miércoles, 11 de mayo de 2011

LA HORA BRUJA

Los fotógrafos llaman “hora azul”, “hora mágica” o incluso “hora dorada” a los instantes previos a la salida del sol o a su puesta, y los consideran un momento privilegiado para mirar el mundo a través de su objetivo. Hace años, oí a un célebre fotógrafo de cine referirse a esa parte del día como “la hora bruja”, que es una denominación que me gusta especialmente. Cuando viajo en coche, sobre todo, me encanta ese momento de la tarde en que la luz adquiere un tono cálido y, de pronto, la belleza de las cosas se hace más evidente, como si quedaran realzadas por un barniz dorado que las suaviza y destaca a la vez. En esos instantes, siempre lanzo la misma exclamación gozosa: “¡La hora bruja!”, y me lanzo a observar el paisaje por la ventanilla, con los ojos de par en par. Los que han viajado mucho conmigo ya se han acostumbrado. El espectáculo dura muy poco, y cuando uno quiere darse cuenta, ya las sombras se han instalado alrededor, cubriendo el mundo con sus tonalidades mates, mortecinas. Por eso hay que aprovechar muy bien esa hora bruja que en realidad tiene escasos minutos de vida. No hay paisaje que no se vuelva hermoso bajo su mágico influjo.

domingo, 8 de mayo de 2011

EL FINAL DE LA HISTORIA

Hay cuadros que cuentan historias. Otros se limitan a provocar estados de ánimo, sensaciones: nos intrigan, producen alegría o incomodidad, nos repelen, nos confortan, nos dan paz. Los hay que simplemente existen, con su combinación de colores y de formas, bellos o poco gratos, según el gusto del espectador. Determinar qué es lo más adecuado, lo que le hace más justicia al arte de la pintura, sería una discusión interminable y estéril. Puedo citar cuadros que me encantan y que ejemplifican cada uno de los casos que acabo de mencionar. No creo que un artista que se dedica a explorar texturas y juegos de luces sea superior al que busca la complicidad sentimental del que contempla sus obras. Toda esta reflexión me viene hoy a la cabeza porque el viernes pasado estuve visitando a un pintor que me contó muchas historias, algunas claras y terminadas, otras apenas esbozadas, como enigmas lanzados al espectador.

miércoles, 4 de mayo de 2011

MI QUERIDO SEÑOR SCROOGE

Hay personajes literarios que rebasan su carácter de figuras de ficción y se instalan en nuestro entorno con naturalidad pasmosa. Es el caso del protagonista de Canción de Navidad de Charles Dickens. Yo lo conocí de niña, mucho antes de leer el libro, porque en mi familia se le mencionaba como si se tratase de un vecino o un amigo de toda la vida. Cuando alguien miraba la cuestión económica con un celo que nos parecía excesivo, siempre surgía el comentario: “Ya está aquí el señor Scrooge…”  Luego leí la novela, y vi múltiples adaptaciones de la historia al cine o la televisión, pero aun así sigo refiriéndome a él como a un viejo conocido, cuando alguien –que muy bien puedo ser yo misma- araña los céntimos del bolsillo o hace un comentario malhumorado sobre la Navidad. Entonces surge, inevitable, el viejo chascarrillo familiar: “Scrooge, ya te tenemos aquí”.

martes, 3 de mayo de 2011

LOS CUADROS DE ABRIL

Ahora que repaso los cuadros que nos han acompañado las últimas semanas, me doy cuenta de que el mes se abrió con una escena de lluvia (no en vano era el mes de abril) para instalarse después en una órbita absolutamente femenina. No ha sido una elección consciente, pero el caso es que aquí están: menudas y crecidas, vestidas y desnudas, ascéticas y carnales, decididas y melancólicas; ellas han sido las mujeres del pasado mes de abril, vistas desde la perspectiva de artistas de épocas, estilos y nacionalidades diferentes.

Puro dinamismo: la lluvia convertida en líneas oblicuas que barren la superficie del cuadro, las figuritas humanas dispersándose en direcciones opuestas, la barca que se escapa a toda velocidad cauce abajo. El puente y el río, dos cintas transversales que se cruzan dividiendo el paisaje. Un instante detenido para la eternidad. El título es casi un haiku: El puente Ohashi en Atake bajo una lluvia repentina, del maestro japonés Utagawa Hiroshige (1797–1858). A Van Gogh le gustaba especialmente esta imagen y llegó a pintar un cuadro tomándola como modelo. Puedo entender por qué.