sábado, 30 de abril de 2011

INTERIOR, EXTERIOR

Me encantan los marcapáginas y he reunido una buena colección entre los que compro, los que me regalan y los que me llevo de librerías y ferias del libro. Los tengo guardados en carpetas, pero me gusta dejar fuera unos cuantos para, a la hora de iniciar una nueva lectura, elegir entre ellos el que me parece más adecuado para la ocasión. Es un pequeño ritual que me divierte. Un paisaje nevado, para Irène Némirovsky. Un pequeño tapiz árabe, para Naguib Mahfuz. No siempre es tan fácil ni tan claro: hay veces en que tomar la decisión me lleva un buen rato y no me deja convencida del todo. No fue así en el caso de Espejo roto, de Mercè Rodoreda, cuya relectura acabo de terminar: resultó que tenía un marcapáginas de lujo. Lo elegí sin dudar y lo metí entre la cubierta y la primera página, como hago siempre para indicar que esa será mi siguiente lectura. Cerré la tapa del libro y fue entonces cuando me di cuenta de la coincidencia. La imagen del marcapáginas y la de la cubierta tenían un curioso parecido. Juzgad vosotros mismos:

viernes, 29 de abril de 2011

FRAGMENTOS DE ESPEJO

En uno de los capítulos finales de Espejo roto, de Mercè Rodoreda, un personaje tropieza y cae llevando un espejo en la mano. Cuando lo mira, se encuentra con que solo quedan pedazos, algunos dentro del marco, otros diseminados alrededor. Los va recogiendo pacientemente y los encaja en su sitio. En ese momento dice la autora: “Y de pronto en cada fragmento de espejo vio años de su vida vivida en aquella casa”.

domingo, 24 de abril de 2011

IMÁGENES DE SANT JORDI

Era la primera vez en mi vida que la fiesta de Sant Jordi me pillaba en Barcelona, y me las prometía muy felices. Pensaba demorarme husmeando por los puestos hasta elegir ese ejemplar que, con el paso de los años, recordaría con especial cariño: “Este lo compré el día de Sant Jordi de 2011, en plena Rambla barcelonesa…”. Pero no. Me quedé sin libro. Imponderables de la vida. No fue la lluvia, que andaba rondando amenazadora sobre la ciudad desde el día anterior, la culpable. Fueron los pintores y escultores del Museo Nacional de Arte de Cataluña. Hay sitios de los que, una vez que entro, me resulta muy complicado escapar: los minutos se encadenan, fluyen las horas, y siempre resulta que queda algo por ver y se pospone el momento de la salida. El resultado fue que el horario previsto se desbarató un poco; aun así, al abandonar el museo hice un intento de incursión en la Rambla para acercarme a las casetas. Lucía el sol y una auténtica marea humana adornada de rosas fluía arriba y abajo frente a los puestos de libros. Faltaba poco para la salida de mi tren en dirección a Madrid y cualquier tentativa de compra me habría llevado demasiado tiempo. Tuve que rendirme a la evidencia: era mi primer Sant Jordi en Barcelona, y me iba a quedar sin libro. Pero no estaba en absoluto descontenta. Me llevaba en la retina una larga ristra de hermosas imágenes que también podré recordar en el futuro como asociadas a la fiesta del libro y la rosa. Incluyo una pequeña muestra; creo que ellas solas se bastan para justificar por qué en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, no tuve tiempo para la lectura.

domingo, 17 de abril de 2011

PORTADAS Y PINTURAS

Me pregunto si me gustaría tanto leer si los libros no me parecieran objetos tan hermosos. Me falta aún la experiencia del libro electrónico, pero supongo que el formato en que llega a nosotros un escrito debe de influir de alguna manera en la percepción que de él tenemos. Saco hoy de mis estanterías dos de mis posesiones más preciadas. Tienen muchas cosas en común: ambos son ejemplares de novelas que había leído muchos años antes en otras ediciones, pero los dos atrajeron mi atención de forma irresistible y no pude evitar la tentación de comprarlos. Pero no terminan ahí las coincidencias. Curiosamente, las autoras de las dos novelas eran hermanas, y la imagen de ambas portadas es del mismo pintor. A veces se establecen parentescos entre los habitantes de nuestras bibliotecas, y no cabe duda de que, a mis ojos, estos dos libros son hermanos.

sábado, 16 de abril de 2011

ESCENAS DEL BARRIO

Esta mañana, camino del supermercado, me he encontrado con una bulliciosa familia marroquí. Dos mujeres empujando sillitas de niños, varios chavales de corta edad correteando en torno a ellas. Todos hablaban animadamente con el que les quedaba más cerca; una de las mujeres llevaba, además, enganchado en la sillita del crío un transistor que dejaba salir una música rítmica de tonalidades orientales. Iban delante de mí, a buen paso, pero de pronto ha sucedido algo que los ha dejado a todos clavados en el sitio y me ha dado la posibilidad de alcanzarlos. Una niña de unos seis años había lanzado el grito de alarma y todos se habían detenido, mirando hacia atrás. La niña, que al principio parecía asustada, estaba en realidad presa de una gozosa excitación: señalaba la calle a los lejos y reía y corría al encuentro de alguien. No pude evitar mirar en la misma dirección que todos ellos y descubrí el motivo del alborozo. Era el padre de familia, que se acercaba sorteando el tráfico montado en una bicicleta. Todos se alegraron de verlo, pero ninguno tanto como la hija, que le recibía con carantoñas de cachorro. Me sonreí y seguí mi camino hacia la acera de enfrente. Desde allí me volví una vez más y contemplé el desenlace de la historia.

jueves, 14 de abril de 2011

LIBROS PERDIDOS

Hará cosa de un mes, me dirigí a una biblioteca pública que frecuento con la intención de sacar en préstamo Un hombre en la oscuridad, de Paul Auster. Desde que los catálogos de las bibliotecas abandonaron su encantador formato de cartulinas escritas a mano, primero para digitalizarse y finalmente para hacer acto de presencia en la red, no existe ya esa incertidumbre del lector antiguo que deambulaba entre las estanterías sin saber si encontraría el título deseado o si otro lector de similares gustos o necesidades se le habría adelantado. El acto de sacar un libro en préstamo ha ganado sin duda en eficacia pero, eso sí, ha perdido un punto de emoción.

sábado, 9 de abril de 2011

HISTORIAS ANTIGUAS, MIRADAS NUEVAS

Una lectora asidua de este blog, que pertenece además al grupo de los pioneros que me animaron desde el comienzo con sus comentarios, me reprochaba ayer mi marcada tendencia a lo macabro, que al parecer quedó muy evidente en el repaso que di hace un par de días a mis locos favoritos en la literatura, bajo el título de Locos de papel. Me pide que le dedique una entrada, y es obvio que desea que explore en ella facetas más amables, menos oscuras e inquietantes, del ser humano. Su petición me llegó en un momento muy adecuado: la leí ayer por la tarde, cuando regresaba de conocer a un artista capaz de hacer precisamente eso, convivir con el dolor y la miseria y sin embargo extraer el detalle más digno, bello y entrañable de sus protagonistas. Lo estuvo haciendo a través del objetivo de su cámara, durante más de siete décadas. Se trata del fotógrafo húngaro André Kertész, al que he tenido la oportunidad de conocer gracias a una exposición de su obra en la Fundación Carlos de Amberes.

jueves, 7 de abril de 2011

LOCOS DE PAPEL

Hace ya unos cuantos años, viajaba yo en tren con un grupo de amigos y uno de ellos sugirió un juego para hacer más corto el trayecto. Se trataba de recordar entre todos literatos con algún defecto físico. Hay que perdonar la considerable pedantería del entretenimiento: éramos jóvenes, filólogos y, por tanto, un pelín engreídos. El caso fue que disfrutamos bastante del juego, y por aquel vagón de tren desfilaron a tientas Homero y Borges, Cervantes y Valle-Inclán con sus brazos inútiles y lord Byron renqueando con su cojera. El viaje se hizo, sin duda, mucho más ameno. Una seguidora de este blog me lanzó hace días un reto parecido: mis locos favoritos. En el cine, en la literatura, en el arte, en la vida real. En cuanto leí su sugerencia, mi cabeza se pobló de ideas y recuerdos; hubo una auténtica avalancha de imágenes que me ha costado algunos días poner en orden. Eso sí, me lo he pasado realmente bien, rodeada de excéntricos deliciosos, de locos entrañables, de dementes amenazadores. Hoy voy a hablar de los que habitan en el mundo de ficción de la literatura, en las páginas de las novelas, sobre las tablas del teatro: son mis locos de papel.

sábado, 2 de abril de 2011

LOS CUADROS DE MARZO

Cuenta la leyenda que San Eustaquio era un caballero romano que se convirtió al cristianismo cuando, en el curso de una cacería, se le apareció un ciervo que llevaba en la cornamenta un crucifijo. La historia piadosa se transforma de la mano del artista en una encantadora escena campestre de armonía con las criaturas que pueblan la tierra y surcan los aires; el patricio romano que aún no sospecha de su futura santidad, en un príncipe de cuento a lomos de su corcel: Visión de San Eustaquio, de Pisanello (h. 1395-1455).


viernes, 1 de abril de 2011

LOCURAS DE ABRIL

Esta mañana, al entrar en mi blog, me he encontrado con una visita inesperada. Es algo que me gusta hacer a diario, a primera hora: consultar los contadores de visitas para descubrir novedades con respecto al día anterior; es delicioso encontrar el rastro de los visitantes nocturnos, a los que no puedo evitar imaginarme entrando en esta morada virtual de puntillas, para deambular por ella sin despertarme. Con frecuencia, por razones obvias de diferencia horaria, las horas de la madrugada son las elegidas por lectores del otro lado del Atlántico: así, la bandera de Paraguay, de Honduras, de Costa Rica, me han saludado alegremente alguna mañana al encender el ordenador. Pero lo que no esperaba bajo ningún concepto es encontrarme con la bandera que me ha asaltado esta mañana. Curioso verbo este de “asaltar”, que me ha salido sin premeditación alguna y que es, sin duda, el más idóneo. Porque este era, amigos míos, el aspecto que presentaba esta mañana mi contador de banderas: