sábado, 5 de febrero de 2011

LOS CUADROS DE ENERO

Reúno en una sola entrada las obras que han ocupado la sección El cuadro de la semana durante el pasado mes, con sus comentarios correspondientes. Se conoce que me resisto a no verlas cada vez que abro el blog. Estos son las imágenes que nos han acompañado (y van a seguir haciéndolo):


El ángel herido del pintor simbolista finlandés Hugo Simberg (1873-1917). Fue elegida pintura nacional de Finlandia en 2006. El más original ángel maltrecho de la historia del arte (con permiso, claro está, de nuestro Ángel Caído del Parque del Retiro).





Subir un simple escalón es una auténtica hazaña para este pequeñajo que busca apoyo en la mano firme de su madre, agobiada por su carga de ropa: La lavandera del pintor francés Honoré Daumier (1808-1879), o cómo convertir lo efímero en eterno, lo insignificante en arte.









El pintor noruego Edvard Munch pinta en 1896 esta Mujer joven en la playa, también conocida como “La solitaria”. Una vez más, Munch lanza con sus pinceles un grito, en esta ocasión más sutil y silencioso, frente a la soledad y la angustia del ser humano.







El niño de la peonza, del pintor francés Jean Siméon Chardin (1699-1779). Bajo la casaca, la compostura y la peluca de otros tiempos, la mirada expectante y curiosa de un niño, idéntica ahora que hace doscientos años.

3 comentarios:

  1. Cuando vi "Mujer joven en la playa" me recordó la portada de uno de los libros de Mankell que no dedicó a Wallander. No recordaba el título pero habla de la soledad libremente elegida. Hoy me he reencontrado con él: "Zapatos italianos. A los seguidores de Hening se lo recomiendo. Es impresionante hasta qué punto se puede "contar" el alejamiento voluntario de las cosas y, sobre todo, de las personas. Y, a pesar de su dureza, tiene una gran fuerza que atrae.

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  2. Beatriz, “regreso” a esta entrada porque ayer pude contemplar en el Prado al niño ensimismado en su peonza, que habías “expuesto” en tu blog. ¡Qué maravilla! Me encantó el tratamiento de lo infantil en Chardin: el niño reprendido, la maestra casi niña enseñando a otra más pequeña, el joven dibujante que afila su lápiz... Me gustó especialmente un cuadro titulado “La tabaquera”: una pipa, una caja, botes y otros objetos y, no sé por qué, pensé en los siglos pasados desde que alguien encendiera aquella pipa. Pensé que también a ti te gustaría la serenidad y el tiempo detenido en este cuadro... Choni.

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  3. Pues pensaste bien, Choni: me encanta la relevancia que adquieren los objetos insignificantes de la mano de los grandes artistas, y me emociona pensar en los jirones de vida que quedaron prendidos en ellos mucho antes de que nosotros, espectadores modernos, tuviéramos ocasión de contemplarlos. “La tabaquera” de Chardin posee esa virtud: tras los objetos detenidos en el tiempo vemos las manos que los empuñaron, oímos las voces de los que los utilizaron, sospechamos las vidas de las que fueron testigos.

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