viernes, 25 de febrero de 2011

VIDAS POR ESCRIBIR

Siempre me han gustado los cuadernos. Contribuye, supongo, el hecho de que estén fabricados de papel, como los libros, pero estos objetos tan cotidianos presentan otro encanto añadido: cuando están sin estrenar, con su repertorio de páginas impolutas, en blanco o rayadas o pobladas de cuadraditos emocionantemente vacíos, son un universo a nuestra disposición, todo un mundo de posibilidades, una vida entera por escribir. Me gustan tanto en ese estado original que a veces los conservo durante años sin alterar un ápice su integridad, y tengo cuadernos de cuando era niña en los que no he llegado a escribir ni una letra, como si me diera miedo destruir las infinitas posibilidades que se siguen albergando en esas hojas vacías que ya empezaron a amarillear hace tiempo.

sábado, 19 de febrero de 2011

PÁGINAS QUE NO HE OLVIDADO

Voy teniendo peor memoria con los años. Supongo que no es nada original y que muy pocos se libran de ello. Pero cuando me propongo recordar los libros que he leído a lo largo de mi vida, a mis cada vez más frecuentes lagunas se une otro problema: no soy una lectora fuera de serie, pero he leído bastante. Y los recuerdos de las escenas, las historias, los personajes, los pensamientos que he extraído de mis lecturas, se han ido superponiendo a lo largo de los años hasta el punto de ocultarse unos a otros cuando intento rescatarlos. Aún no he llegado al extremo de no saber si he leído o no un libro, pero sí me ocurre con frecuencia que recuerdo el título y poco más: una vaga sensación, una impresión de gusto o de disgusto, y a veces ni eso. En mi memoria, hay muchos libros que son una sucesión de misteriosas páginas en blanco.

martes, 15 de febrero de 2011

PEQUEÑAS ENSEÑANZAS COTIDIANAS

A veces, una simple incursión en el supermercado da pie a profundas reflexiones. Se puede aprender mucho en la cola de las cajas, como en todos los lugares públicos que nos condenan a la inacción -un vagón de metro, las oficinas bancarias, las salas de espera de las consultas médicas- y en los que, a falta de algo más urgente que hacer, uno se dedica a observar al prójimo.

viernes, 11 de febrero de 2011

QUEREMOS TANTO A PAUL

Cuando cierro un libro de Paul Auster, siempre tengo la sensación de haber pasado un rato con un amigo. Eso tiene sus ventajas: me siento comprendida y confortada por los pensamientos y las palabras de un señor con el que a lo largo de los años –y de los libros- he alcanzado mucha mayor intimidad que, por poner un ejemplo, con ese vecino de mi edificio que tiene un horario parecido al mío y con el que coincido todas las mañanas en la proximidad asfixiante del ascensor. A Paul Auster con frecuencia lo veo venir, sé o creo saber lo que me va a contar al instante siguiente, y muchas veces acierto. Alguien podría ver en ello una desventaja, la sensación de que un autor se repite, de que ya nos lo ha contado todo y poco más tiene que aportarnos. El caso es que eso también nos sucede con los amigos, y sin embargo, insistimos en establecer contacto con ellos, en llamarlos y escribirlos y concertar citas en las que nos cuentan sus cosas, que no nos engañemos, suelen ser casi siempre las mismas y ya nos las sabemos antes de oírlas. Y pese a ello, hay que ver cómo conforta, la amistad.

miércoles, 9 de febrero de 2011

IMÁGENES EN CADENA

Hace unos días, una fiel seguidora de este blog me hacía notar en su comentario que uno de los cuadros de la semana del mes de enero, Mujer joven en la playa del pintor noruego Edvard Munch, le había traído a la mente la portada de un libro de Henning Mankell, Zapatos italianos. Como no lo tengo en mi biblioteca ni lo recordaba tampoco de mis frecuentes indagaciones por librerías y escaparates, he buscado la imagen en la red y aquí la incluyo:

martes, 8 de febrero de 2011

AUSTER, EN LA VOZ DE AUSTER

Es el arranque de novela más hermoso que he leído en los últimos tiempos. Disfrutemos del privilegio de oírselo leer a su autor. La tristeza de los objetos abandonados, la mirada especial del personaje que cree oír en ellos las voces de los que ya no están: primeros párrafos de Sunset Park, en la voz de Paul Auster.

domingo, 6 de febrero de 2011

CUANDO LOS LIBROS SE HACEN ECO

Me gusta mucho cuando en un libro encuentro ecos de otro que he leído anteriormente. Es como si la voz del autor rebasara los límites impuestos por las páginas y la portada y se colase en el dominio de otras páginas, de otras historias, de otra voz. Como si lo que un escritor sintiese lo repitiera otro y tal vez otro más haciendo eco, por encima de las distancias de estilo y personalidad, de años y kilómetros.

sábado, 5 de febrero de 2011

LOS CUADROS DE ENERO

Reúno en una sola entrada las obras que han ocupado la sección El cuadro de la semana durante el pasado mes, con sus comentarios correspondientes. Se conoce que me resisto a no verlas cada vez que abro el blog. Estos son las imágenes que nos han acompañado (y van a seguir haciéndolo):


El ángel herido del pintor simbolista finlandés Hugo Simberg (1873-1917). Fue elegida pintura nacional de Finlandia en 2006. El más original ángel maltrecho de la historia del arte (con permiso, claro está, de nuestro Ángel Caído del Parque del Retiro).

miércoles, 2 de febrero de 2011

LOS OJOS, LAS MANOS, LA PALABRA

Hace años, vi una singular película titulada Los amantes del Pont Neuf. Contaba la historia de dos marginados, dos indigentes que vivían su amor en las calles de París: él era un vagabundo profesional, ella una pintora enferma de los ojos, probablemente de buena familia. La vi en su estreno a comienzos de los noventa y no la he revisado desde entonces. Aun así, hay una escena que recuerdo con singular viveza: la pintora, a la que interpreta Juliette Binoche, está perdiendo la vista y desea por encima de todas las cosas volver a ver su cuadro favorito. Un amigo, vigilante del Museo del Louvre, la cuela en las instalaciones después del cierre. Allí, subida a horcajadas sobre los hombros de su benefactor, a la luz de una vela, la muchacha casi ciega acerca sus ojos enfermos a escasos centímetros de la obra de arte que más ama, un autorretrato de Rembrandt, y consigue distinguirla por última vez.