lunes, 3 de enero de 2011

UNA BOTELLA LANZADA AL MAR

Mentiría si dijera que algún premio no resulta grato para el que lo gana, pero los hay que son especialmente bien recibidos. No se trata solo de una cuestión monetaria o de prestigio, sino también de oportunidad. Hay galardones que llegan, como ciertas personas, en el mejor momento posible, cuando más necesarios son. Es lo que me ha ocurrido recientemente con el Premio de Narrativa Provincia de Guadalajara, que llegó a mi vida el pasado mes de diciembre, tras una larga temporada de mucho trabajo y muy poquita recompensa.

Es un tópico hablar de la soledad del escritor. Un tópico un pelín petulante, también: son muchas las actividades que obligan a enfrentarse a solas con el material de trabajo sin que los que las realizan le den importancia alguna a esa circunstancia (¿alguien ha oído a un relojero, o a un zapatero remendón, quejarse de las horas pasadas en soledad frente al engranaje o la media suela que hay que reparar?). Lo curioso del oficio de escritor es, probablemente, el contraste entre esa actividad solitaria y el ansia desesperada de conectar con el resto del mundo que subyace al acto de escribir. Te tiras horas y horas frente al ordenador o tal vez bolígrafo en mano (¿quedará alguien que todavía lo haga así?), sin ver a nadie, posponiendo encuentros con amigos y diciendo que no a más de una reunión social, y resulta que en el fondo lo que estás haciendo es buscar ansiosamente un lazo, una conexión con un lector hipotético por el que esperas ser comprendido y valorado para sentirte, en definitiva, un poco menos solo. En su discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, Paul Auster dijo lo siguiente: “Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento”. Eso les ocurre, supongo, a los bienaventurados que ven sus libros reproducidos en tiradas de miles de ejemplares; los que nos limitamos a hacer nuestros pinitos somos como náufragos en una isla que tiramos al mar una y otra vez botellas con nuestros mensajes dentro. Y cuando tu teléfono suena y te comunican que has ganado un premio, comprendes que uno de esos mensajes ha llegado a puerto.

El pasado 10 de diciembre fui a recoger el Premio Provincia de Guadalajara de Narrativa. Y, entre otras cosas, tuve la suerte de conocer al comité de lectura del premio; es decir, esas personas animosas que afrontan la tarea de leer todos los trabajos recibidos y hacen una primera criba para pasar al jurado un número aceptable de obras. Ellas son tres mujeres, Paloma Rodríguez, Pili Zori y Rosa (espero que me perdone por no haber llegado a conocer su apellido), lectoras entusiastas y sutiles, capaces de sacar en una novela matices que su propio autor ignoraba. En definitiva, las lectoras con las que sueña cualquier escritor. Hablando con ellas de mis personajes, de la trama de mi novela, La voz de los extraños, no solo pasé un rato agradable, sino que tuve la certeza de que, definitivamente, esa botella arrojada al mar había llegado a su destino.

Imagen de los premiados en las distintas categorías.
Había poetas, fotógrafos, dibujantes, periodistas, investigadores…
en definitiva, muchas botellas lanzadas al mar.

4 comentarios:

  1. Hola Beatriz (nombre de mi primera hija). Agradecerte tu comentario en el blog, darte la enhorabuena por el premio, que como dices, a veces llega en el mejor momento y aleccionarte para que sigas dándole contenido a tu hermoso blog, del cual me apunto como seguidor (esto de los blog engancha y te abre una ventana enorme, a todas las miradas, a todos los paisajes.... )

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  2. Tienes razón, Manuel, con esto de que el blog engancha: se puede ir navegando por la red de blog en blog, abriendo una sucesión de ventanas y asomándose a los mundos que se esconden (o más bien se muestran) detrás de cada una de ellas. Gracias por querer asomarte a esta ventana mía. Bienvenido.

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  3. Enhorabuena Beatriz por este premio. Espero y deseo que vengan muchos más.

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  4. Gracias, Domingo, por tu felicitación, y también por seguir participando en el blog. Espero darte motivos para que continúes haciéndolo mucho tiempo.

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