martes, 18 de enero de 2011

ESA DELICIOSA ENCRUCIJADA

Me encuentro en una circunstancia feliz que se repite periódicamente en mi vida y que no me resisto a comentar aquí: estoy a punto de terminar el libro que me ha acompañado los últimos días y me dispongo a elegir cuál será el próximo. Así de sencillo, pero así de gozoso. Sin duda, los que aman la lectura me entenderán a la perfección.

Cuando el grosor de las hojas que quedan por leer va menguando en favor de las que ya se han leído, uno siempre empieza a darle vueltas al mismo asunto: ¿Qué voy a leer después? No es una elección sin importancia; se trata de escoger la voz que va a hacernos compañía durante una temporada, que nos va a enseñar, a sorprender o conmocionar incluso, a plantearnos retos de difícil solución o a tender un puente hacia nosotros como si el autor estuviera ahí mismo, hablándonos al oído. Es como encontrarse en una encrucijada dudando sobre el camino a tomar, y lo que es mejor –y eso, desde luego, no siempre sucede en la vida- es que todas las posibilidades son tentadoras. A la derecha, una aventura; a la izquierda, una investigación criminal; todo recto, un escritor al que hemos leído mil veces y que siempre nos aporta algo interesante o nos hace sentirnos comprendidos. ¿Alguien da más?

¿Cuáles son los caminos que componen mi encrucijada actual? Pues lo más hermoso es que se trata de una encrucijada construida entre personas distintas, que con sus sugerencias, préstamos y regalos han ido añadiendo ramificaciones y complicando –o enriqueciendo- esta decisión mía. De un lado tengo a la escritora norteamericana Joyce Carol Oates, eterna candidata al Premio Nobel, con La hija del sepulturero; de otro, a Irène Némirovsky, una de mis autoras favoritas, con su última y breve joya publicada en España, Nieve en otoño. Pero la competencia es fuerte: ahí está esperando el carismático Paul Auster con su última novela, que es un regalo, precisamente, de alguien que sigue con especial interés este blog. Luego están las sugerencias que me han llegado en los últimos días sobre autores de novela negra: P. D. James y Francisco García Pavón. Y, por supuesto, siempre cabe la posibilidad de que a última hora mis ojos vayan a posarse en una portada o un título en el que no había reparado y que me atraiga irremisiblemente (es un riesgo que corremos los que trabajamos en bibliotecas). Como veis, la cosa está reñida. Una desconocida prestigiosa, dos viejos conocidos, un inspector británico y un policía de Tomelloso. La solución, próximamente. Seréis los primeros en conocerla.

2 comentarios:

  1. Escoger un libro, que tema tan apasionante. Buscar en las librerías es uno de los pocos deportes que me puedo permitir. Me encanta brujulear por las grandes mesas en las que se exhiben, cogerlos y ver si alguno me provoca para que le compre. Tengo varios lugares "preferidos" para dejar que me "llamen". Pero después, en casa, surge el momento que tú describes. Me dejo llevar, generalmente, por razones que ni yo entiendo. Es un juego de seducción.
    Hay un aspecto que me sorprende con respecto a las diferentes lecturas. Por qué algo que para mi ha sido sublime para otro es un libro insignificante. Por qué mis TOTEMS no significan nada para otros. Porque lo vivo casi con dolor, como si aquello que significa tanto para mi desapareciese cuando sale de mis manos. Y yo no quiero que desaparezca. Así que, cuando encuentro alguien que valora las mismas lecturas que yo, tiene ya un lugar en mi corazoncito. Lola

    ResponderEliminar
  2. Dices tantas cosas en tu comentario, Lola, que no sé por dónde empezar. Simplemente hablaré de las estrategias que despliegan algunos libros para ser ellos los elegidos frente a los que los rodean en el expositor de la librería o en el estante de la biblioteca pública. Me acordaba hoy de cómo hace unos años me llamó, literalmente, desde la estantería en que estaba ubicado, el "Libro negro de los cuentos" de la escritora británica A. S. Byatt. Y me acordaba porque estoy preparando una nueva entrada para este blog en la que me refiero a él. Fue como si me atrajera un imán: primero el título impreso en el lomo, después la imagen de la portada. Yo no conocía a la autora y había ido a la biblioteca en busca de otro libro, pero nada de eso fue importante. Lo saqué en préstamo, y es de las lecturas más impactantes que he hecho jamás. Curiosamente, se lo regalé al poco tiempo a un amigo y nunca me ha comentado nada. Como tú misma afirmas, es extraño, y descorazonador, que lo que tanto significa para nosotros sea insignificante a ojos de otras personas.

    ResponderEliminar